Delincuentes fueron bien atendidos por bancos nórdicos

Delincuentes fueron bien atendidos por bancos nórdicos
El escándalo de la ‘lavandería rusa’ que ha envuelto a los bancos nórdicos, y que está atrayendo a otros en Austria y en diferentes países, provocó enormes señales de alarma| Archivo

Cuando un banco en una pequeña sucursal lejos de la oficina central está ganando mucho dinero y, al parecer, se está arriesgando poco, existen dos posibilidades. La primera es que ha inventado un servicio legítimo que los competidores pronto comenzarán a copiar. La segunda es que está a punto de meterse en terribles problemas.

La segunda es la que se aplica al Danske Bank y al Swedbank en Estonia; la fórmula mágica resultó ser un supuesto lavado de dinero para criminales y oligarcas rusos, los cuales utilizaban los bancos para trasladar efectivo sospechoso al exterior. Swedbank despidió a su directora ejecutiva, Birgitte Bonnesen, siguiendo la destitución de Thomas Borgen, el director ejecutivo de Danske, en septiembre.

El escándalo de la ‘lavandería rusa’ que ha envuelto a los bancos nórdicos, y que está atrayendo a otros en Austria y en diferentes países, provocó enormes señales de alarma. Al igual que en los casos de operaciones ilegales —como en Barings, en Singapur, durante la década de 1990— y que en los de “innovaciones” misteriosamente rentables —como la de la unidad de derivados de crédito de AIG en Londres antes de la crisis de 2008— formidables ganancias estaban surgiendo de un pequeño negocio.

Gran parte de la banca es altamente competitiva y nadie está incentivado a cuestionar una fuente de ganancias inesperada; la señora Bonnesen y el señor Borgen previamente habían dirigido las operaciones del Báltico de sus bancos. Pero cuando una unidad obtiene un rendimiento de capital del 400% (como sucedió con la operación estonia para no residentes de Danske en 2013) en una industria que lucha por alcanzar cifras de dos dígitos, se requiere precaución.

Debe haber una razón por la cual un pequeño grupo de clientes está dispuesto a pagarle tanto a cualquier banco. Unos 15,000 clientes de Danske, en su mayoría no residentes de Rusia y de los anteriores estados soviéticos, pasaron 200,000 millones de euros a través de su banco estonio, contribuyendo el 99% de las ganancias de la sucursal en 2013 antes de las deudas incobrables. Obtener acceso al sistema bancario de la Unión Europa (UE) a través de Estonia era invaluable.

Como es habitual en tales desastres, Danske creía que no sólo estaba obteniendo ganancias lucrativas, sino que estaba corriendo un mínimo riesgo. “La sucursal no asumió riesgos crediticios de importancia”, registra el informe interno de Danske sobre su fracaso realizado por una firma de abogados danesa. Esto hizo que su rendimiento de capital fuera enorme en comparación con la banca tradicional, que les otorgan préstamos a prestatarios quienes tal vez no puedan pagar sus deudas.

La historia de la banca durante tres décadas, la cual se remonta a la crisis bancaria escandinava de principios de la década de 1990, ha representado una búsqueda de fuentes alternativas de ingresos al crédito. El problema con los préstamos es que parecen rentables durante largo tiempo, pero el rendimiento real se ve reducido por las crisis periódicas y las condonaciones de deuda, a menudo relacionadas con los préstamos inmobiliarios.

Eso llevó a numerosos bancos hacia la banca de inversión y hacia el comercio durante la década de 2000, cuando un sinnúmero de derivados de crédito resultaron ser un medio de ‘empaquetar’ el riesgo de los préstamos en lugar de abolirlo. También llevó hacia la banca privada —la cual es un negocio de lujo si los clientes no son evasores de impuestos o delincuentes— y hacia la actividad mundana, pero confiable, de las transacciones bancarias y de financiamiento comercial.

Las sucursales estonias de Danske y de Swedbank estaban involucradas con esta última, la cual se consideraba un área ‘cómoda’. El efectivo entraba y salía, a menudo vinculado a transacciones comerciales y de cambio de divisas, y las sucursales se quedaban con una pequeña participación en el camino. Un informe de Boston Consulting Group se ha referido a “la naturaleza de bajo riesgo del financiamiento comercial” en relación con el crédito, y así les parecía a las oficinas centrales de los bancos.

En la práctica, una porción significativa de este “financiamiento comercial” era ilusoria. El dinero supuestamente pasaba de Rusia a las compañías ficticias “offshore”, con transacciones comerciales ficticias que se inventaban como ‘pretexto’. Danske organizó hasta 8.500 millones de euros en “operaciones espejo” para clientes rusos durante un año, permitiéndoles intercambiar divisas mediante la compra de bonos en rublos y rápidamente vender valores idénticos en divisas extranjeras.

Los bancos deberían haberlo sabido. Danske tontamente confió en sus controles contra el lavado de dinero, aunque tenía poca idea de lo que estaba ocurriendo a nivel local; la sucursal de Estonia utilizaba un sistema de computadoras diferente y la mayoría de los documentos estaban en ruso o en estonio. La culpabilidad de Swedbank es menos clara, aunque manejó 135,000 millones de euros en flujos de no residentes de alto riesgo en Estonia.

Era obvio que se estaban beneficiando de los problemas. Durante esta época, se produjo una rápida fuga de capitales de Rusia, y se estima que $800,000 millones de la riqueza rusa se mantiene en el extranjero. Gran parte de ella es legítima, pero ha habido enormes flujos de dinero criminal, a menudo canalizado a través de anteriores estados soviéticos como Moldavia, utilizando sofisticados fraudes corporativos.

El financiamiento comercial en los países bálticos se suma a la lista de brillantes ideas que prometen a los bancos altas ganancias y poco peligro, pero que son trampas. “El riesgo es más que reputacianal; las multas van a empequeñecer cualquier beneficio financiero”, ha comentado Bill Browder, un financiero que ha hecho campaña contra la corrupción rusa desde la muerte, en 2009, del contador Sergei Magnitsky en una cárcel de Moscú.

El riesgo financiero se manifiesta de muchas formas, no sólo en la del crédito, y mientras que los bancos solían ser capaces de absorber multas por sus laxos controles como un costo de hacer negocios, actualmente el costo es demasiado alto. Al igual que con los préstamos, parecía que estas transacciones eran altamente rentables. Pero una vez ajustadas por el riesgo, eran terribles. Esos delincuentes rusos estaban obteniendo un trato extremadamente bueno en su negocio falso.

John Gapper
Financial Times

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