Democratizar no es privatizar

Democratizar no es privatizar

Juan Manuel Martans S.

Comisionado

CNV

Es cierto que muchas de las privatizaciones de empresas públicas rentables en Latinoamérica en las décadas de los ochenta y noventa, y Panamá no ha sido la excepción, no fueron los mejores ejemplos de desnacionalizaciones que beneficiaran al consumidor puesto que se limitaron a trasladar una actividad económica bajo monopolio estatal a un monopolio privado que puede llegar a ser muy peligroso. Sin embargo, recordemos que las privatizaciones fueron una tendencia mundial basada en los argumentos de los Monetaristas, quienes influyeron notablemente desde los años setenta en las políticas de los poderosos Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional, que señalaban que uno de los ingredientes para llegar a la prosperidad y desarrollo económico de las naciones era que los agentes privados al ser más productivos y eficientes que los públicos debían explotar todas las actividades económicas y que el Estado para ser más eficiente debía permitir que el sector privado generara toda la riqueza. Esta es la base de la privatización. 

Es incuestionable que en los países en donde se hicieron bien las cosas las privatizaciones tuvieron éxito al permitir la entrada de varios participantes privados, no uno ni dos, a explotar actividades económicas tradicionalmente en cabeza del Estado, lo que generó que el Estado fuera más eficiente, que se generara una sana competencia, con reglas claras y transparentes para todos y donde el Estado seguía velando por evitar prácticas abusivas en contra de los ciudadanos, usuarios, clientes e inversionistas.

No es el objetivo de este artículo hablar sobre las virtudes ni defectos de las privatizaciones, más bien lo que quisiera es llamar la atención sobre la confusión generalizada existente entre los conceptos privatizar y democratizar. Observo con preocupación que el común de las personas piensa que democratizar la propiedad de una entidad pública es privatizarla y nada más alejado de la realidad. Por un lado, privatizar conlleva ceder el control total o mayoritario de una empresa pública a un ente privado o puede implicar también la liquidación de la empresa pública para trasladar la actividad económica a uno o varios entes privados, en tanto que democratizar es permitir el acceso del público general a la propiedad de una empresa estatal sin que implique perder el control de ella por parte del Estado.

En los casos en que se ha llevado esta figura a la práctica en países de la región se ha demostrado su efectividad en incorporar muchos nuevos accionistas bajo la premisa de la oportunidad que se le da al público de acceder a la propiedad de una empresa estatal de manera palpable y no metafórica, lo que imprime a éste un sentido real de nacionalidad y pertenencia. El caso del proceso de democratización de Ecopetrol en Colombia (Empresa Petrolera de Economía Mixta cuya característica es mantener simultáneamente capitales público y privado con control por parte del Estado), permitió que esta compañía ofertara en el mercado primario el 10,1% de sus acciones de capital equivalente a $2,4 billones, dando como resultado una sobredemanda del precio por el 25% e incorporando cerca de medio millón de nuevos accionistas en el proceso de colocación primaria, lo que superó con creces las expectativas de la compañía. Eso sí, la norma que legalizó la transición de Ecopetrol como empresa pública a una sociedad por acciones de Economía Mixta y que ofertara parte de su capital accionario al mercado abierto dejó en claro que el Estado Colombiano siempre debía mantener no menos del 80% de la propiedad con lo cual se garantiza que el control de esta importante empresa siguiera bajo tutela Estatal y no en los particulares.

Hoy día Ecopetrol, resultado de este proceso de democratización, mantiene más de medio millón de accionistas, ha generado la entrada de capital de trabajo fresco para expandir y desarrollar nuevos proyectos de exploración y perforación de reservas de hidrocarburos aumentando su producción, la compañía ha logrado posicionarse entre las 20 empresas petroleras más grandes del mundo, además de que este proceso en definitiva contribuyó al desarrollo del mercado de capitales al ser la acción más cotizada y transada de la Bolsa de Valores de Colombia, sus volúmenes de negociación diaria en número de acciones y montos son altísimos. Un punto fundamental para el éxito que tuvo este proceso fue el agresivo programa de divulgación de las virtudes del proceso de democratización de Ecopetrol por parte del Gobierno y del sector financiero, lo que implicó muy poca resistencia de las organizaciones sindicales o gremiales, el valor de la inversión mínima era muy bajo algo así como $500 lo que permitía su masificación, el hecho de que había que ser necesariamente ciudadano colombiano o persona jurídica colombiana para aplicar a la oferta primaría dando ese sentido de pertenencia y nacionalidad, así como el despliegue de las entidades financieras de todo tipo en conectar todas sus redes y plataformas tecnológicas para que toda la población pudiera acceder a esta oferta pública, incluso se montaron mostradores en supermercados en donde las intermediarios de valores recibían las ofertas de compra por parte del público para el día de la colocación primara.

Tomando esta experiencia, en mi opinión sería muy interesante empezar a evaluar y discutir la viabilidad o no de la aplicación de un modelo de democratización similar en empresas públicas panameñas modelos como es la Autoridad del Canal de Panamá, pero adaptado a nuestra realidad, en el que se coloque un porcentaje minoritario de acciones dirigida exclusivamente a ciudadanos panameños y en donde quede establecido por norma que el Estado siempre será el controlante. Somos conscientes que habrían que hacerse muchos cambios, culturales empezando, a nivel Constitucional y legal para materializar por ejemplo la transformación de la ACP en un ente por acciones con control Estatal, temas que sabemos son sensitivos, pero que con la debida divulgación y educación se le explique al ciudadano común, sindicatos, gremios, organizaciones populares, que no es una privatización del Canal, no se está dejando en manos de particulares y jamás en manos extranjeras, todo lo contrario, el Canal siempre estará bajo control Estatal y sería más bien una democratización de su propiedad entre la población panameña a fin de que todos tengamos la oportunidad de poseer un pedacito de propiedad real y no etérea sobre el Canal, redundando en beneficio además para todos: la población, la ACP, el mercado de capitales, el sistema financiero, en los beneficios económicos (porque las acciones pagan dividendos) y políticos (porque todo accionista puede votar en las asambleas de accionistas) que estoy seguro se concretarán y a los que hemos hecho alusión en países donde se ha tenido ya esta experiencia.

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