Desarrollo económico y corrupción

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Las investigaciones ejecutadas por el Ministerio Publico de nuestro país en torno a los casos de corrupción de diverso tipo, han sacado a la superficie una de las razones que se constituyen en obstáculo al desarrollo económico de cualquier país.

La economía del desarrollo se fue desarrollando en los medios académicos y centros de investigaciones sociales después de la Segunda Guerra Mundial y se elaboró como un insumo para que los países menos desarrollados, que durante las décadas entre 1950 y 1980 se fueron independizando de sus antiguas metrópolis tuvieran una guía para elaborar políticas económicas que pudieran sentar las bases para que los mismo alcanzaran altos niveles económicos de los países desarrollados.

Sin embargo, la realidad de los países capitalistas en donde la existencia de la propiedad privada de los medios de producción, se deriva en que una clase empresarial es la dueña de las actividades económicas y es la que de manera efectiva incide políticamente en la dirección de los asuntos públicos.

En los Estados Unidos y Europa Occidental las clases dirigentes consideraron que el estado era un mecanismo catalizador de las actividades económicas y en los mismo se alcanzaron elevados niveles de desarrollo como producto del esfuerzo de la empresa privada. Este era la realidad antes de la gran depresión de 1929.

En América Latina, la evolución de las actividades económicas tuvo otra evolución, pues estos países se desarrollaron inicialmente como economías mono productoras. Y estas actividades de mono producción eran impulsadas por los capitales extranjeros.

Como consecuencia de lo anterior, Chile se convirtió en un mono productor de cobre, Brasil de café, Venezuela de Petróleo, Ecuador de bananos, Argentina de carne y trigo, Panamá en un mono productor de servicios.

En este modelo económico los que controlaban el poder del estado eran lo tenían la capacidad de otorgar al capital extranjero la concesión de estas actividades económicas.  En nuestra opinión hasta cierta medida los flujos de capitales foráneos fue uno de los factores que ha contribuido a la institucionalización de la corrupción.

Para organismos de las Naciones Unidas, la corrupción es el mayor obstáculo al desarrollo económico y social en todo el mundo. Cada año se paga un billón de dólares en sobornos y se calcula que se roban $2.600 millones de millones anuales mediante la corrupción, suma que equivale a más del 5% del Producto Interior Bruto (PIB) mundial.

Por ejemplo la corrupción provoca la pérdida de enormes cantidades de los limitados recursos públicos que deben destinarse a la sanidad. Se ha calculado que en los países desarrollados el fraude y el abuso en la atención sanitaria cuestan a cada gobierno entre $12.000 millones y $23.000 millones cada año. El gasto anual en productos farmacéuticos es enorme (hasta $50.000 millones), y un mercado tan grande es extremadamente vulnerable a la corrupción. Según cálculos recientes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), hasta un 25% del gasto público en medicamentos puede perderse debido al fraude, el soborno y otras prácticas corruptas.

Los mismo pasa en las actividades de construcción de infraestructuras en donde se generan significativos sobrecostos. La corrupción en la educación pública es muy grave. El fraude académico, el despilfarro en la contratación, y otras prácticas corruptas degradan el sistema educativo.

La pregunta es la siguiente: ¿Para las clases dirigentes de este país que incluyen a las cúpulas del poder económico que es el estado? Es acaso un medio para facilitar la elevación del aparato productivo o una plataforma de negocios lícitos o ilícitos.

Ninguno de los gobiernos que se han instalado después de la invasión le ha presentado al país un plan nacional de desarrollo en donde se definan las metas a corto mediano y largo plazo en los sectores claves de la economía. Más bien todos los presidentes, dedican gran parte de su gestión en viajes al extranjero para atraer empresas multinacionales para invitarlas en que participen en el desarrollo de proyectos de infraestructuras.

Es obvio, en virtud de los recientes escándalos que se transmiten en los medios de comunicación, que en Panamá la corrupción está institucionalizada y que la democracia es un negocio.    

Miguel Ramos
Economista

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