Deserción escolar, competitividad y futuro

Deserción escolar, competitividad y futuro

Panamá está viviendo una época dorada. Con proyecciones de crecimiento arriba de un 7%, con una tasa de desempleo inferior al 6% y con un ambicioso plan de inversiones públicas y privadas, no hay temor para decir que el país marcha por buen camino.
A pesar de que la inflación se cierne como la principal amenaza, no hay dudas que hay más puntos positivos que negativos en el escenario actual, lo que impulsa el desarrollo económico y nos pone en la mira mundial para quienes desean invertir o hacer negocios en este pequeño país.
Tomando en cuenta estas condiciones tan favorables, surgen entonces los retos que debemos enfrentar para que este crecimiento sea constante en los próximos años.
Y es aquí en donde debemos tomar en cuenta un informe del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (Icefi), que si bien es cierto asegura que Panamá se consolidará este año como la economía más dinámica de la región, deja ver que sobre ella hay una seria amenaza: La falta de mano de obra calificada, capaz de aprovechar los beneficios de este auge.
Esto nos lleva a un punto de partida. Si queremos tener mejores panameños y con mayores capacidades profesionales, tenemos que mejorar la educación. Pero para ello realmente tenemos que atacar los puntos neurálgicos de este problema.
Uno de estos problemas es la deserción escolar y precisamente este estudio indica que un 25% de los jóvenes entre 15 y 19 años  han abandonado el sistema. Esto es revelador pero a la vez indicativo de por donde debemos comenzar. Hay además que destacar que muchos de ellos abandonan su educación porque necesitan llevar el sustento a sus hogares.
Es sobre los jóvenes de este rango de edad, en los que el Ministerio de Educación tiene que concentrarse, porque son los que están más cercanos a formar parte de la fuerza laboral y si no tienen las competencias requeridas no podrán aprovechar las oportunidades laborales que se avecinan a corto plazo y por el contrario se convertirán en presa fácil para la actividad delictiva.
Entonces si se pone énfasis en desarrollar estrategias para retener en las aulas a estos jóvenes, que en su mayoría están en los tres últimos años de la secundaria, y formarlos como corresponde, estaremos avanzando en la dirección correcta y después podemos comenzar a bajar el cambio en la educación hacia los grados inferiores.
Un elemento que puede ayudar, es evaluar con el sector privado la inclusión como becario o una pasantía de aprendizaje en los negocios para estos estudiantes. Esto, además de representarle un ingreso, significa la permanencia en un lugar, que mañana se puede convertir en su primer empleo, y además lo aleja de las calles y de probables vicios en los que puedan incurrir al no estar bajo la supervisión de sus padres después de salir de clases.
Para mantener nuestra competitividad y garantizar un mejor futuro para los panameños hay que tomar decisiones heroicas y el Ministerio de Educación debe moverse más rápido y debe adoptar una posición más activa con este problema. Hasta ahora vamos a paso de tortuga y repobrando.

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