Dos años de locuras

Hitler Cigarruista

Editor

 

Creo que al cumplirse el segundo año de gestión del presiden Ricardo Martinalli, es de vital importancia hacer un balance sobre sus logros y falencias, pero especialmente quiero centrarme en el incumplimiento de algunas promesas de campaña destinadas a enfrentar algunas situaciones que golpean el bolsillo y la calidad de vida de la mayoría de los panameños.

La verdad es que durante estos dos años la mayoría de los logros de la administración Martinelli se han centrado en el terreno macroeconómico.

El país está creciendo, 9,7% durante el primer trimestre de este año, un ritmo sorprendente si tomamos en cuenta que gran parte del mundo apenas está saliendo de la crisis económica y financiera que se desató en Estados Unidos en 2008 y que ha golpeado duramente a países como España, Irlanda y Grecia.

Este crecimiento ha permitido reducir la relación deuda-Producto Interno Bruto (PIB), lo que aunado a los múltiples ajustes al sistema tributario ejecutados por el ministro de Economía y Finanzas, Alberto Vallarino, y al consiguiente fortalecimiento de las finanzas públicas, permitieron que el país haya alcanzado el Grado de Inversión.

La firma de acuerdos comerciales y la aprobación de la ley de sedes de empresas multinacionales han sido factores importantes para atraer a decenas de compañías internacionales interesadas en explotar la posición geográfica y la conectividad del país para potenciar su presencia en América Latina, han sido factores vitales para atraer, en el 2010, más de $2.000 millones en inversión extranjera y reducir el desempleo a una tasa de 6,5%.

Todo esto es positivo; sin embargo, creo que el presidente Martinelli todavía está en deuda con los panameños en algunas de sus principales promesas de campaña.

Lo digo porque en el país siguen muriendo una gran cantidad de ciudadanos producto de la violencia delictiva, el costo de la canasta básica de alimentos sigue siubiendo y ya supera los $290 mensuales, el servicio de la salud que ofrece la Caja de Seguro Social sigue siendo ineficiente y el sistema de educativo está empantanado en una reforma curricular que nadie conoce y que carece de consenso.

Al final, aún cuando las estadísticas indican que el país está a un paso de dar el salto a una economía desarrollada, la verdad es que el crecimiento económico no se ha traducido en un verdadero desarrollo social, por lo que no es sostenible a largo plazo.

El problema es que si seguimos por ese camino, lo único que se logrará es ampliar la brecha que separa a ricos y pobres, y entonces aquí arderá Troya.

 

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