Economía nicaragüense se hunde, conforme continúan las protestas contra Ortega

Economía nicaragüense se hunde, conforme continúan las protestas contra Ortega
El clima de temor debilita el sistema bancario y el colapso del turismo obstaculiza el crecimiento

Hace apenas tres meses, un empresario nicaragüense estaba en los últimos pasos para negociar un préstamo de $2 millones.

En ese momento, él esperaba pagar un interés del 7%; ahora los bancos locales quieren del 11.5% al 12%. Al mismo tiempo, su negocio está perdiendo dinero. En un área, la distribución de alimentos, las ventas disminuyeron en un 66% con respecto al año pasado, dijo.

Cien días después del inicio de un levantamiento contra el régimen del presidente Daniel Ortega, la economía nicaragüense de $13,000 millones se está hundiendo. La violencia y el caos han consumido las actividades empresariales y turísticas.

El sistema bancario está perdiendo un promedio de $7 millones por día. El turismo ha colapsado. La economía podría oscilar desde un crecimiento de casi el 5% en 2017 a una contracción de casi el 6% este año.

A pesar de la muerte de 448 personas desde que comenzaron las protestas el 18 de abril, el señor Ortega, un ex revolucionario marxista que ayudó a derrocar al dictador Anastasio Somoza en 1979, ha resistido la presión económica y diplomática para renunciar o llamar a elecciones anticipadas.

“No creo que haya una solución rápida”, dijo Mario Arana, ex presidente del Banco Central y ministro de Finanzas que ahora encabeza la Asociación de Productores y Exportadores de Nicaragua. “Apuesto a que Daniel resistirá y nos dirigiremos a una guerra civil, a una crisis financiera o a algún tipo de explosión social que requiera que el ejército forme parte de la solución”.

Una aparente normalidad ha regresado después de que las fuerzas de seguridad rompieron los bloqueos de carreteras que los manifestantes habían erigido en todo el país, y los funcionarios esperan que lo peor ya haya pasado. Pero una serie de raras entrevistas televisivas del “Comandante Daniel”, en las que culpó a los golpistas de la crisis y negó las atrocidades del Gobierno, pone de manifiesto cuán anormal sigue siendo la situación, dicen los lugareños.

El señor Ortega, quien dirigió Nicaragua desde 1979 hasta 1990, había disfrutado de una relación pragmática con el sector privado desde su regreso al poder en 2007. Pero esa relación, que le retribuyó con un auge económico, ya ha desaparecido.

En su lugar, persiste un clima de miedo. Paramilitares enmascarados han aplicado mano dura contra las protestas pacíficas. Muchos bares, restaurantes y tiendas sólo funcionan por el día. Por la noche, los aterrorizados lugareños mantienen un toque de queda informal por temor a ser víctimas de los despiadados pistoleros, como los que mataron a tiros a un estudiante de medicina brasileño o asediaron a varios estudiantes en una iglesia.

Las remesas, una importante fuente de dinero, aumentaron un 9% hasta los $725 millones en el primer semestre del año. Pero el miedo y la incertidumbre pesan sobre la inversión, y se espera que los ingresos fiscales se vean afectados.

“Los consumidores están concentrando el gasto en alimentos, medicinas, combustible y teléfonos celulares”, dijo Néstor Avendaño, un economista independiente quien, al igual que otros analistas, afirma que el Gobierno sólo está publicando algunos datos para ocultar el impacto total. “Es muy difícil para el Gobierno mantenerse a flote”.

El señor Ortega y su esposa y vicepresidenta Rosario Murillo, quien había sido considerada probable sucesora en las elecciones que se realizarán en 2021, han perdido un sustento de petróleo y ayuda, que ya había durado una década, del gobierno socialista aliado de Venezuela. Finalizó el año pasado conforme aumentaba la crisis en Caracas.

Eso los hace depender mucho de las entidades crediticias multilaterales y de los inversionistas extranjeros que, aparentemente, han frenado sus inversiones en el país. El senado estadounidense también está estudiando un proyecto de ley que podría bloquear los préstamos multilaterales a Nicaragua, conocido como la Ley Nica Act.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que tiene una cartera de préstamos de $624 millones en Nicaragua, dijo que “la situación en los últimos meses ha retrasado la ejecución y los desembolsos correspondientes de varios proyectos”.

Como Nicaragua reconoce a Taiwán, China no le ofrece ninguna posibilidad de ayuda. La deuda total de Nicaragua es baja, pues la mayor parte ha sido condonada mediante la iniciativa para países pobres muy endeudados del Banco Mundial. Sin embargo, el señor Arana estimó que el déficit presupuestario de este año podría ser más del doble del pronóstico inicial del 1.5%, o aproximadamente $1.300 millones.

Dijo que había escuchado hace casi un mes que el gobierno estaba sondeando las agencias de corretaje sobre la posibilidad de emitir $300 millones en deuda nacional e internacional.

Pero la creciente presión de la Organización de Estados Americanos (OEA) —Washington dijo que tres altos funcionarios nicaragüenses sancionados en virtud de la Ley Global Magnitsky “son un comienzo, no un final” de las posibles sanciones— podría reducir las posibilidades de esto.

Alternativamente, el gobierno nicaragüense podría tratar de aprovechar las reservas del Banco Central, que ahora son de $2,500 millones, o detener los pagos de los préstamos venezolanos, dijeron analistas.

Pero el señor Arana dijo que la verdadera preocupación era una retirada masiva de fondos del sistema financiero que pueda obligar al Gobierno a aplicar controles de capital o una devaluación “catastrófica” del córdoba, la moneda nicaragüense.

Se espera que la inversión extranjera directa, que fue de $897 millones el año pasado, se desplome. “Sin crédito, sin inversión, sin turismo, pérdidas de empleos y una drástica disminución de los ingresos”. Esto debería obligar al Gobierno a buscar un acuerdo político”, dijo José Adán Aguerri, dirigente del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep). “Sin un acuerdo político, no hay forma de que la economía pueda recuperarse”, agregó.

Los intentos de diálogo anteriores, promovidos por la iglesia, han fracasado. El acaparamiento de tierras patrocinado por el Gobierno se ha considerado un intento de presionar a los críticos. En una entrevista con CNN, el señor Ortega abrió la puerta a la participación de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en un diálogo; y también posiblemente a un referéndum sobre si debería permanecer en el poder.

Juan Sebastián Chamorro, director ejecutivo del grupo de expertos Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides), dijo: “Estamos en territorio desconocido”.

Jude Webber
Financial Times

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