EE.UU., América Latina y Panamá

EE.UU., América Latina y Panamá

Esesta semana el presidente de los Estados Unidos visitó América Latina. Seleccionó tres países por su importancia geopolítica y económica. Ellos fueron Brasil, Chile y El Salvador.

La política exterior norteamericana, como en casi todos los países del mundo, está basada en los intereses estratégicos de carácter político, militar y económico en sus relaciones con los países o grupos de países. Hoy día, se agregan a esta lista los desafíos de la guerra contra el terrorismo internacional, el narcotráfico, lavado de activos, la lucha contra el crimen organizado y las amenazas digitales y nucleares. Los temas del sistema democrático y los derechos humanos siguen presente en la política exterior norteamericana, pero a otro nivel.

La visita del presidente Obama a tres países latinoamericanos estratégicamente seleccionados, se consideró una visita formal y de amistad sin una agenda de temas estratégicos de relieve latinoamericano. Era lógico que Brasil, por su liderazgo geopolítico en la región y por formar parte de los BRIC (con Rusia, India y China) y ser una de las economías de mayor importancia a nivel global y aliado de Estados Unidos fuera seleccionada.

Chile es el país de mayor solidez en el sistema democrático y realiza todos los esfuerzos necesarios para convertirse en el primer país de América Latina en ser catalogado como de primer mundo y además es socio comercial importante para los Estados Unidos. El Salvador se debate entre el centro y la izquierda, en un área cuya definición política y desarrollo económico varían, con excepción de Costa Rica. Colombia y México no figuraban en la lista porque sus presidentes tienen relaciones estrechas y directas con el presidente Obama. México por sus problemas de vecindad, guerra contra el narcotráfico, migración y infraestructuras económicas. Colombia por la ayuda que recibe de los Estados Unidos en su batalla por derrotar la narcoguerrilla.

Simultáneamente, con la visita del presidente Obama se difundió el barómetro latinoamericano, que demuestra la buena percepción que Estados Unidos tiene en la opinión pública latinoamericana, especialmente en Panamá. Los panameños en un 65% de los encuestados respondieron que Estados Unidos ejerce una influencia positiva o algo positiva en Panamá. Y en 2006, un 62% de los panameños consideraban a Estados Unidos como el mejor amigo de su país. Es lógico que los panameños miren a los Estados Unidos con una percepción diferente a los años pre y pos invasión. Con la entrega del Canal de Panamá el 31 de diciembre de 1999 se terminó con la presencia colonial de los Estados Unidos en Panamá y desde ese momento se ha establecido una relación entre ambos países de respeto mutuo y no de subordinación.

La economía panameña cada día depende menos de la norteamericana, al insertarse a una economía global. La relación de Panamá con los Estados Unidos es de asociación económica y cultural, por ser ellos nuestro primer socio económico. Panamá no tiene un problema migratorio con los Estados Unidos, y el país firmó un Tratado de Información Financiera, cuenta con un tratado de protección a las inversiones de ambos países y tiene pendiente una ratificación del Tratado de Pomoción Comercial (TPC), que es básicamente un tema económico y comercial. Su aprobación en los Estados Unidos depende del rejuego político entre el partido republicano y el partido demócrata. Es poco lo que el gobierno panameño pueda influir directamente.

Desde 1903 hasta 1999 las relaciones de Panamá con Estados Unidos eran tensas a nivel formal, pero a nivel informal e individual tanto americanos como panameños aprendieron a vivir juntos en armonía. Panamá como país cosmopolita siempre ha sido atractivo para la migración extranjera y una de la más importantes en presencia y relación es la estadounidense. Aunque la relación entre ambos gobiernos parece tensa, es verdad que en Panamá los gringos se sienten cómodos y los panameños también. Eso lo deben ver quienes nos gobiernan.

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