¿El 1989 del mundo árabe?

¿El 1989 del mundo árabe?

José María Aznar

Expresidente de España

En las crisis, lo viejo está muriendo y lo nuevo todavía no ha nacido. Por lo tanto, las revueltas que estamos presenciando en Egipto y Túnez, y que podrían extenderse a otros países en la región, están llenas de incertidumbre. Pero nosotros en Occidente debemos mantenernos con nuestros principios fundamentales. Como la canciller alemana Angela Merkel dijo recientemente en Munich, cuando se trata de la dignidad humana, no podemos hacer compromisos.

Las revueltas en el mundo árabe pueden llevar a cambios históricos. La gente está cansada de las autocracias corruptas, que nunca le ofrecieron una vida decente o esperanza de un futuro mejor. La mayoría silenciosa que el resto del mundo creía ignorante y resignada a su suerte le ha dicho al mundo alto y claro que quiere librarse de los viejos autócratas. El poder que las nuevas tecnologías dan a la voz de la gente es más fuerte que los caprichos de los poderosos.

¿Qué podemos hacer nosotros para que el año 2011 sea la versión árabe de 1989, que trajo libertad a los ex países comunistas de Europa Central y Oriental? ¿Y qué podemos hacer para evitar que 2011 se transforme en otro 1979 cuando en Irán una autocracia fue sustituida por una teocracia? ¿Qué rol deben jugar las sociedades libres en este momento crucial del mundo?.

El deber de los demócratas debe ser el hacer todo lo que sea necesario para que triunfe la libertad. Debemos por lo tanto apoyar a quienes buscan establecer la democracia y la libertad en sus países, donde hombres y mujeres tengan los mismos derechos y dignidad, lo que llevará a la prosperidad y la estabilidad. Y debemos ser igualmente claros en rechazar la posibilidad de ver a esas autocracias sustituidas por regímenes teocráticos que serán hostiles, peligrosos e incluso más opresivos.

Por demasiado tiempo, la región ha estado atrapada en un círculo vicioso en el cual la autocracia genera corrupción, la corrupción produce pobreza, la pobreza agrava la brecha social y la brecha social destruye las oportunidades de la gente, ayudando a las autocracias a permanecer en el poder. Este círculo vicioso también ha plantado las semillas de la infiltración del islamismo radical como una falsa solución a los problemas de la sociedad.

Si deseamos seguridad, nuestra tarea debe ser apoyar la libertad. Los regímenes autocráticos son siempre agresivos, hacia adentro o hacia fuera. Como la ex secretaria de Estado de Estados Unidos, Condoleezza Rice, dijo en El Cairo en junio de 2005, durante 60 años, Estados Unidos buscó la estabilidad a expensas de la democracia en el Medio Oriente, y no obtuvimos ninguna de las dos, ahora estamos tomando un camino distinto y estamos apoyando las aspiraciones democráticas de todo el pueblo.

La mejor manera de terminar con la amenaza de las autocracias es ayudar a la gente oprimida a que su anhelo de libertad triunfe. El conflicto del que fuimos testigos estos días en Egipto y otros países no es entre civilizaciones ni entre sociedades. Es un conflicto que ha tenido lugar en todas las sociedades que han buscado sacudirse la autocracia para vivir en libertad. Es el mismo conflicto que tuvo lugar en Europa, Asia o, más recientemente, América Latina. No hay excepciones culturales o religiosas al deseo humano de vivir en libertad. Nadie está condenado a ser una excepción estancada en un mundo que prospera.

Debemos erradicar el prejuicio de que el Islam es supuestamente incompatible con la democracia. Este prejuicio llevó en el pasado no solamente a un apoyo débil de Occidente a los demócratas musulmanes, obstaculizando sus intentos por ser tan fuertes y tan organizados como sería deseable. Sin embargo, no podemos ignorar el hecho de que los poderes que hoy parecen estar mejor organizados en la región son aquellos del islamismo radical, que intentará aprovecharse de la situación para avanzar su propia agenda. Organizarse para la libertad siempre es más difícil que organizarse contra la opresión.

Hoy, aquellos que creemos en sociedades abiertas, en la democracia y en la libertad, tenemos la obligación de ayudar para que los cambios que se están desarrollando en la región vayan en la dirección correcta: en la dirección que lleva al rechazo de la jihad como un instrumento político. En la dirección que lleva a la libertad religiosa, a la democracia pluralista, a la aceptación de la ley internacional, a la apertura del mundo y al respeto de los derechos humanos universales.

Hoy la región está viendo la ventana de la libertad que se abre un poco. Debemos hacer todo lo posible para que se abra totalmente. Aquellos que hoy están luchando por la libertad en esos países deben saber que tienen nuestro apoyo.

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