El 70 aniversario de la ONU

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El mundo celebra en estas fechas el aniversario 70 de la fundación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y tiene razón en celebrar, pues la organización ha jugado un papel de primer orden en la tarea de evitar que, con todo el poder letal y destructivo que acumulan las grandes potencias, hagamos del planeta Tierra una inmensa hoguera nuclear.

La ONU nació bajo el compromiso solemne con la población del mundo de poner fin a los atropellos a la dignidad humana y abrir el camino a un futuro de convivencia pacífica entre los pueblos y gobiernos del planeta, poniendo el trabajo productivo, la cooperación internacional y el respeto a la libre autodeterminación de los pueblos como bandera y credo de la nueva era que se inició, con el final de la Segunda Guerra Mundial, tras la derrota de Alemania y de su aventura de asalto a la razón: Acompañada por Italia y Japón.   

Es evidente que dichos objetivos no han sido cumplidos. La lucha por el dominio económico y geopolítico del planeta, por parte de las grandes potencias no ha cesado. En algunos momentos bajo la forma de guerra fría y en otros lugares con las guerras calientes contra naciones pequeñas por parte de las grandes potencias mundiales para promover sus intereses geopolíticos y de dominio de mercados y recursos, generalmente en manos de pueblos y estados débiles.

La visión plasmada en la Carta de las Naciones Unidas sigue siendo la bandera de los pueblos y gobiernos que hacen la mayoría planetaria y cada año se abre camino con más fuerza en la mente y los corazones de los hombres y mujeres honrados, con reales responsabilidades y compromisos con la supervivencia de la especie humana.

No todo ha sido derrotas y los logros alcanzados están a la vista: Los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU han inspirado la campaña contra la pobreza de mayor éxito en la historia. Los tratados de ese organismo internacional sobre la desigualdad, la tortura y el racismo han protegido a las personas, mientras que otros acuerdos han puesto de pie la conciencia universal para que podamos defender y salvaguardar el medio ambiente.

La labor de la ONU se hace muy necesaria en esta época de múltiples crisis. La pobreza, la enfermedad, el terrorismo, la discriminación y el cambio climático están cobrando un elevado precio en vidas y recursos. Millones de personas siguen padeciendo situaciones de explotación deplorables debido al trabajo servil, la trata de seres humanos, la esclavitud sexual o las condiciones peligrosas en las fábricas, los campos y las minas. La economía mundial sigue siendo un terreno en el que predomina la inequidad y la Ley del más fuerte o del mejor armado.

Ciertamente, el mundo sigue a merced de una gran cantidad de conflictos armados regionales, muchos de ellos son promovidos por las grandes potencias geopolíticas que buscan imponer su visión del mundo por medio de la violencia, lo que termina generando más violencia y posiciones cada vez más extremistas.

La conformación de una agenda de equidad denominada Objetivos del Milenio ha ayudado a millones de personas a salir de la pobreza y la pobreza extrema en todo el mundo es una ventana de oportunidades y una lámpara que ilumina el camino hacia un mañana mejor para los pueblos del mundo.

Por otro lado, aunque son tareas pendientes, el cumplimiento de las declaraciones de la Asamblea General que favorecen la conformación del Estado Palestino o la que condena el Bloqueo Económico de Estados Unidos contra Cuba son expresiones luminosas de una nueva conciencia universal que apunta hacia un mañana de esperanza y paz.

Por lo tanto, es altamente estimulante y esperanzador el mensaje del Papa Francisco, en su comparecencia en la Asamblea de la ONU: Hay que evitar todo tipo de abuso con los países en vías de desarrollo. Los organismos no deben tener una misión asfixiante hacia ellos. Lejos de promover el progreso someten a las naciones a un sistema de mayor pobreza y dependencia.

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