El asedio contra Washington de Trump

El asedio contra Washington de Trump

Si algo no puede perdurar para siempre, dejará de existir. La pregunta es cuánto tiempo pasará antes de que eso suceda en el caso de Donald Trump. No vale la pena especular sobre los siguientes cuatro años. Sólo hay que multiplicar las primeras cuatro semanas y preguntar cuánto tiempo podrá sobrevivir Estados Unidos (EE.UU.) bajo este tipo de tensión.

En el primer mes de su cargo, el señor Trump ha declarado la guerra en contra de las agencias de inteligencia y los medios. Parece que su siguiente blanco es el sistema judicial. No existe un término medio en la Casa Blanca del señor Trump. Hay dos opciones: Las fuerzas en contra del presidente acabarán con él o él destruirá el sistema. Yo apuesto por la primera opción; pero no estoy totalmente seguro de ello.

Kellyanne Conway y Sean Spicer —los polémicos consejero y secretario de prensa del señor Trump— probablemente serían considerados normales si trabajaran bajo un presidente diferente. El señor Trump podría llenar a su administración con los funcionarios más diligentes de EE.UU. y aún no cambiaría el aspecto más importante de su gobierno. Ellos aún tendrían que ejecutar las órdenes de un hombre que divide al mundo en amigos y enemigos, sin ningún término medio.

Robert Harward, el ex SEAL de la Marina quien rechazó la oferta de servir como consejero de seguridad nacional del señor Trump, es un presagio del futuro. En cualquier otra circunstancia, alguien con los antecedentes del señor Harward se hubiera sentido honrado de aceptar una posición tan importante. Pero el señor Harward no pudo siquiera soportar la idea.

Aceptar la posición hubiera involucrado servir a un presidente que piensa que sabe más sobre la guerra que sus generales, más sobre la inteligencia que sus espías y más sobre el mundo que sus diplomáticos. Las únicas personas con la cuales concuerda el señor Trump son las personas que concuerdan con él. Sólo es cuestión de tiempo antes que los demás designados del señor Trump lleguen a la misma conclusión. Existe un fino balance entre servir a tu país y ser humillado.

Parece que las agencias de inteligencia estadounidenses ya han alterado dicho balance. Al menos nueve fuentes del sector de inteligencia filtraron los detalles de la llamada telefónica de Michael Flynn con el embajador ruso al Washington Post. Esto se debió en parte a un intento por vengarse del desprecio que mostró el señor Flynn hacia los agentes de inteligencia. Pero en gran parte fue motivado por una profunda preocupación sobre un presidente que toma tan a la ligera la seguridad nacional de EE.UU.

El señor Trump ha comparado a la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) con la Alemania nazi, acusándola de trabajar para Hillary Clinton. Por lo contrario, ha elogiado a James Comey, director del Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés), cuya intervención favoreció al señor Trump en la elección.

El mensaje del señor Trump es claro: Debes ser como el señor Comey o serás tratado como un enemigo. Es difícil imaginar que hay muchos funcionarios públicos que consideren al señor Comey como un modelo a seguir. Muchos de ellos arriesgan sus vidas por relativamente poca remuneración para servir a su país. El señor Trump no es su país.

Entonces hay que considerar a los mentirosos medios. El señor Trump asedió a los medios con una diatriba de 80 minutos disfrazada de una conferencia de prensa en la que acusó a los medios de ser deshonestos, de vender “noticias falsas” y de conspirar para socavar a su presidencia.

El siguiente paso lógico es acusar a los medios de traición. En un tuit que más tarde borró, el señor Trump acusó a los medios de ser “enemigos del pueblo estadounidense”. Este cuento no va a tener un final feliz. Recibir amenazas de muerte se ha vuelto totalmente normal para los periodistas en Washington. Temo que sólo será cuestión de tiempo antes de que esta situación se vuelva violenta. Lo mismo se aplica a los representantes del sistema judicial. Los jueces que no permitieron el “veto musulmán” este mes también han recibido amenazas de muerte.

¿Cómo va a acabar esta historia? Los optimistas creen que el señor Trump corregirá su curso. En esta feliz realidad, él eliminaría a todos los agitadores de la Casa Blanca, como sus asesores más cercanos, Stephen Bannon y Stephen Miller, y los reemplazaría con personas con mayor experiencia.

Es probable que en algún momento se realice una depuración de este tipo. Pocos consejeros pueden sobrevivir la proximidad al fuego de un demagogo. La situación no cambiará —el asedio continuará— a menos que el señor Trump se reemplace a sí mismo.

Tampoco podemos contar con un trasplante de personalidad. El señor Trump podría pasar 95% de su tiempo siguiendo los consejos de los expertos y 5% rechazándolos. Ese 5% sería lo que impulsaría la agenda. Pero el señor Trump no tiene un carácter que se puede reformar. Entre más asediado se siente, más ataca a sus supuestos enemigos. Ahora está prometiendo lanzar una investigación sobre filtraciones y una posible purga subsecuente de oficiales desleales.

Es imposible predecir cuánto tiempo tomará para resolver la batalla entre el señor Trump y el denominado “Estado profundo”. Tampoco se sabe cuánto tiempo podrá resistir el Congreso republicano bajo esta presión. Como dije anteriormente, sólo tenemos que multiplicar las últimas cuatro semanas por tres, seis o nueve. El terreno neutral se desaparecerá. En algún momento esta situación se convertirá en una elección entre el señor Trump y la constitución de EE.UU.

Edward Luce
Financial Times

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