El caso contra Luxemburgo y el comunicado de la Ocde

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El caso contra Luxemburgo es el título de un artículo publicado, el día 21 de octubre de este año, en el blog del diario inglés Financial Times (FT Alphaville) bajo la autoría de Matthew Klein. En dicho artículo, el autor denuncia que el Ducado de Luxemburgo como hemos escrito en innumerables ocasiones- es un paraíso fiscal, aun siendo miembro de la Unión Europea (UE) y de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde).

Recordemos que su Primer Ministro, Jean Claude Junker, firmó una serie de acuerdos fiscales con centenares de multinacionales para que establecieran sedes ni siquiera operativas- en su país a cambio de facilitar leyes y estructuras que le permitieran pagar impuestos muy bajos o nulos en sus países de origen. Actualmente, Junker es presidente de la UE y nadie, ni los cobardes burócratas de la Ocde ni sus países miembros, han pedido su renuncia.

Klein cita a Gabriel Zucman autor del libro The Hidden Wealth of Nations: Si Luxemburgo ha sido exitosa en convertirse en un centro financiero global, lo ha hecho comercializando su soberanía. Desde 1970, el Gobierno empezó a venderse a multinacionales para que decidieran sus propios impuestos, regulaciones y obligaciones. Zonas libres de arte, leyes de propiedad intelectual, leyes para regalías, leyes para fondos mutuos, en fin, un arsenal de estrategias fiscales para atraer empresas e inversiones a este pequeño país.  Por lo antes descrito, se pueden dar cuenta que la Ocde aplica un doble estándar con sus miembros pues Luxemburgo sigue haciendo, según las reglas de dicha organización, el papel de paraíso fiscal en el medio del continente europeo. ¿Y la Ocde los amenaza o insulta como su ejecutivo Pascal Saint-Amans a Panamá?

A la Ocde le hace falta moral y legitimidad para llevar la batuta de esta discusión que hay que tener  en el foro adecuado. La competencia fiscal es sana y es una herramienta válida para que los países atraigan inversiones. Que los países de la UE y de la Ocde no puedan pagar sus glorificados estados de bienestar social, sus jornadas laborales de seis horas y meses enteros cerrados por vacaciones es su problema, no es el nuestro.

Panamá no va a claudicar ante la presión de la Ocde, que ha demostrado ser tan arrogante y malévola, que emitió un comunicado para el resto del mundo -a finales de octubre de este año por motivos de una reunión en Barbados- en el que desestimó las palabras del Presidente Varela en la Organización de Naciones Unidas (ONU) y se inventó (créanme, para hacernos daño y doblegarnos) que Panamá se acogía al intercambio automático de información fiscal, bajo el estándar de la Ocde, en el año 2018. Nada más lejos de la verdad. Eso no fue lo que dijo nuestro presidente y no es la estrategia de nuestro país.

Pero el daño ya está hecho: Innumerables llamadas de banqueros, de abogados y de economistas del extranjero preguntando si eso era cierto y que si Panamá había cambiado de posición. Nuestra Cancillería tuvo que salir a desmentir la noticia con un comunicado. 

Estamos ante un rival, la Ocde, empeñado en acabar con Panamá como legítima plataforma de servicios internacionales  financieros y legales, y en que no podamos competir por atraer inversión extranjera, tal como lo hacen ellos. No podemos aceptar que los países desarrollados nos tengan, a las naciones  menos desarrolladas, como monos con acordeón tocando música a cambio de unas monedas.

Finalmente,  los panameños no podemos dejar que la Ocde fulmine nuestra economía de servicios internacionales. Cada día se suman e involucran  más profesionales y economistas nacionales e internacionales en este tema que, además de afectar a varias industrias que generan miles de empleos en Panamá, atenta contra nuestra Constitución y contra el derecho a determinar nuestro rumbo como nación soberana.  

Álvaro Tomas
Abogado

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