El clima y los conflictos amenazan la seguridad alimentaria

El clima y los conflictos amenazan la seguridad alimentaria

Sembrar y atender los cultivos es un trabajo arduo  y un desafío, pero es infinitamente más difícil en zonas de conflicto

Cambodian farmers planting rice. 2004. Photo: Brad Collis

Una semilla tarda meses en desarrollarse y crecer antes de que ofrecer su recompensa, pero los conflictos o desastres naturales pueden acabar con la cosecha de toda una temporada. Y las crisis de evolución lenta como las relacionadas con el cambio climático, menoscaban los campos y el ganado, con gran perjuicio para la sanidad vegetal y animal y culminando poco a poco en las malas cosechas.

Cada año, millones de personas que dependen de la producción, la comercialización y el consumo de cultivos, ganado, peces, productos forestales y otros recursos naturales, se enfrentan a una gran variedad de desastres y crisis que amenazan su seguridad alimentaria o sus medios de vida, o a ambas cosas a la vez. Las repercusiones pueden sentirse a nivel local, nacional y, a veces, regional y mundial.

Cuando sucede lo peor y la gente se ve incapacitada para alimentarse o encontrar refugio, las respuestas humanitarias que aportan alimentos, agua, sanidad y alojamiento suponen intervenciones de enorme importancia y que pueden salvar vidas.

Sin embargo, la labor a largo plazo destinada a ayudar a las comunidades a desarrollar su resiliencia ante este tipo de eventos, a hacerles frente mientras transcurren y recuperarse una vez que amainan, presenta una serie extraordinaria de desafíos.

Estos son los retos a los que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y sus asociados se enfrentan cada día en Afganistán, el Corredor seco de América Central, Papúa Nueva Guinea, Sudán del Sur, Siria o Yemen.

En 2016, el 75% de las personas más pobres y vulnerables del planeta dependen aún de la agricultura como su principal fuente de alimentos e ingresos.

Pero la agricultura y la ganadería son actividades que requieren una inversión de tiempo considerable. Son muy vulnerables a los avatares de la meteorología, y rinden más en tiempos de paz. Sembrar y atender los cultivos es un trabajo duro y de por sí un desafío, pero es infinitamente más difícil en zonas de conflicto, o cuando sequías pertinaces hacen que las lluvias de las que dependen los cultivos y los animales, simplemente nunca lleguen.

Labor humanitaria 

La FAO desempeña un papel singular en la respuesta a las crisis que afectan a la producción de alimentos y las comunidades rurales. Desde el primer día, trabajamos para proteger y restablecer los medios de vida de los agricultores, pescadores, ganaderos y silvicultores afectados. De este modo, nuestros esfuerzos para crear resiliencia no sólo protegen los medios de subsistencia, sino que también ayudan a las comunidades a sentar las bases para la recuperación a largo plazo.

Mucho tiempo después del paso de los equipos de televisión y de los titulares en la prensa, la FAO sigue involucrada sobre el terreno, trabajando con los agricultores y las comunidades rurales para construir medios de vida rurales sólidos, productivos y resilientes.

Esto incluye diversas iniciativas como, por ejemplo: El seguimiento de la evolución de la seguridad alimentaria para permitir una acción temprana; el apoyo a la producción de alimentos -incluso con conflictos en curso-, la asistencia a los países y comunidades para reanudar la producción de alimentos; y la prevención de conflictos de tipo pastoralista o facilitar la resolución de disputas sobre las tierras.

Papel de la agricultura

Actualmente y como resultado de los conflictos y desastres, más de 130 millones de personas en todo el mundo necesitan ayuda humanitaria para sobrevivir. En conjunto, esta población supondría el décimo país más poblado de la Tierra.

Mientras tanto, un reciente análisis de la FAO y el Programa Mundial de Alimentos denunció que los conflictos prolongados que afectan a 17 países han llevado a más de 56 millones de personas a una situación de inseguridad alimentaria en niveles de crisis o emergencia.

Otro estudio de la FAO ha demostrado que las sequías, inundaciones, tormentas y otros desastres provocados por el cambio climático están teniendo un impacto importante y creciente en la agricultura de los países en desarrollo.

No hay que olvidar que detrás de estas preocupantes estadísticas existen vidas reales y gente real, explica Daniele Donati, director adjunto de la División de Emergencias y Rehabilitación de la FAO.

La agricultura puede y debe ser una parte integral de las respuestas humanitarias destinadas a prevenir que empeoren situaciones graves y complejas de inseguridad alimentaria en el mundo; no puede ser una ocurrencia de último momento, según Donati. Aún más, la agricultura sostenible puede ser algo más que un parche: Podría ser la piedra angular de la paz y la resiliencia.

FAO

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