El dilema del sector agrícola en Panamá

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Durante los últimos quinquenios el sector agrícola de Panamá ha sufrido considerable retrocesos como consecuencia de fenómenos climáticos, poco acceso a insumos y semillas de calidad, limitado uso de tecnología, inseguridad  en la tenencia de la tierra, así como prácticas no competitivas de agentes que logran el control sobre la producción.

De hecho, la participación del sector agropecuario en el Producto Interno Bruto (PIB) ha venido disminuyendo; por ejemplo en 1960 era del 25%, en 1970 15% y hoy por hoy apenas 3%.  El empleo en el sector también ha caído; en los años 80 representaba el 28% del total de la mano de obra, en tanto que en el 2010 era de 12,5%. 

Un hecho importante es que la estructura productiva del país es altamente segmentada. Según el censo del 2010, el 43% de las explotaciones agropecuarias eran menores a media hectárea, y el 82% menor a 10 hectáreas, lo que refleja un gran fraccionamiento en la extensión de las explotaciones. 

Característicamente, este tipo de explotaciones son de subsistencia y presentan baja productividad. Se ubican además en terrenos quebrados y no practican un manejo sostenible de los suelos.  En cuanto al problema de la tenencia de la tierra, se estima que el 26% de las explotaciones en Panamá no poseen títulos de propiedad y por supuesto que este porcentaje  tiende a ser mayor entre los productores de  menor escala. 

Otro segmento está conformado por productores que operan en extensiones más amplias, con acceso a carreteras, conectados a mercados importantes internos o externos; generalmente presenta suelos fértiles que son más apropiados  para aplicar tecnología, maquinarias y riego.

Tienen mayor acceso a semillas de mejor calidad y utilizan los agroquímicos de forma intensiva y, por ende, presentan una mayor competitividad o productividad.

El otro es el sector más avanzado de los agroexportadores, que sí cuentan con acceso al financiamiento. Sin embargo, estos han representado un porcentaje relativamente pequeño del sector y que en fecha reciente han venido sufriendo los embates de una caída de  los precios internacionales de los bienes primarios.

En resumen, prevalece una fuerte diferencia en materia de productividad  entre los diversos productores. Todo esto requiere obviamente enfocar los programas de acuerdo con el segmento en cuestión. Exige además mejorar la productividad y definir la tenencia de la tierra,  principalmente entre los pequeños productores, para acrecentar la posibilidad de financiar sus operaciones y mejorar su acceso a la tecnología.

Igualmente habría que desarrollar una política de promover la asociatividad entre los productores.  Se demanda además un plan agresivo de inversiones públicas, sobre todo en sistema de riego, así como una profunda reforma para facilitar una mayor competencia en materia de importación de insumos básicos, incluyendo agroquímicos y semillas, entre otros. Y por supuesto, también se requiere una mayor coordinación entre las entidades involucradas, debido a que ahora mismo operan de manera fraccionada. 

Sin embargo, quizás el mayor desafío del sector no sea ninguno de los anteriores aspectos, sino el de cambiar el viejo paradigma proteccionista. Este enfoque ha conducido a que la agricultura local se centre en la producción de bienes en los cuales el país carece de competitividad, los cuales están destinados a satisfacer la demanda interna, todo en aras de una concepción según la cual hay que promover a ultranza la seguridad alimentaria, no importa el costo.

Ello solo ha terminado inhibiendo al sector de enfocarse en rubros de exportación que tiene un mayor potencial de generar réditos y consiguientemente mejorar la calidad de vida de los agricultores, sobre todo de los de menores ingresos.

En resumen, se necesita fomentar tanto la agro exportación como la producción local en aquellos rubros en los que podemos ser competitivos como demuestra la experiencia. Además se requiere impulsar la productividad (rendimiento por hectárea) para ambos tipos de productos mediante tecnologías sencillas, fertilizantes, riego y buenas prácticas; aunado a programas de desarrollo social inclusivo para los pequeños agricultores de subsistencia.      

Ninotshka Tam
Analista del Centro Nacional de Competitividad

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