El enigma chino

El enigma chino

China se ha convertido en el segundo socio comercial de Venezuela y en su principal acreedor. Esto significa un viraje importante en las relaciones económicas internacionales del país, que pudiera tener repercusiones positivas o negativas. Esta presencia comercial también se ha extendido en otros países de América Latina.

En Venezuela no es poca cosa que, tal como alardeaba la semana pasada el presidente Chávez, se haya obtenido en una visita de pocas horas un préstamo de $4.000 millones. El problema es que no se sabe para qué ni cómo se van a utilizar esos recursos que aumentan el endeudamiento de la república (aunque por alguna oculta razón el ministro Giordani no quiera contabilizarlos como deuda).

Los fondos chinos anunciados, que suman más de $30 millardos, constituyen un misterio aun para los expertos más avezados. Esta falta de transparencia se encuentra también en las relaciones comerciales. Nadie sabe a ciencia cierta cuántos barriles diarios le exportamos a China ni a qué precio, y en las declaraciones oficiales las cifras varían.

Lo que sí sabemos es que no les exportamos nada más. Y que importamos las cosas más diversas, incluyendo armamentos. Lo mismo sucede con los proyectos financiados con los préstamos chinos.

Se anuncian un día para la industria; otro para el transporte o para la energía; y ahora para la agricultura y la vivienda, de acuerdo con la crisis que haya estallado en ese momento. Pero los proyectos se inician, se paralizan y nunca se inauguran. A veces, si viene una delegación, se vuelven a empezar. Y nadie se detiene a explicar si son útiles para el desarrollo nacional.

El enigma que envuelve las relaciones con China es tal que parece haber sido creado deliberadamente por el Gobierno quién sabe con qué objeto, pero que genera todo tipo de sospechas.

El silencio de los asiáticos no ayuda a aclarar el problema. En una sociedad democrática deben conocerse y discutirse los asuntos y decisiones que comprometen su futuro. Ya se nos ha impuesto la falta de transparencia en los asuntos nacionales. Denuncias recientes registran que se carece de información y control sobre las cooperativas y consejos comunales.

Los periodistas experimentan cada día el cierre de las fuentes oficiales. Extender esta opacidad a las relaciones internacionales puede ser aún más peligroso. Ya han sonado voces de alarma en el extranjero sobre el secreto en las cuantiosas compras militares.

Pero parece exagerado que en las relaciones comerciales y financieras, en las cuales la contabilidad es una operación elemental, se mantenga ese mismo misterio, particularmente si se proclama que tales relaciones se establecen con el objeto de promover el desarrollo nacional.

El sólo hecho de que se nos mantenga en la ignorancia sobre los tratos con nuestro segundo socio comercial crea un mar de incertidumbre sobre el futuro del país. Una tortura china.

 

Editorial del diario

El Nacional de Venezuela,

viernes 25 de marzo de 2011.

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