El eslabón perdido en la educación

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La semana pasada tuve la oportunidad de asistir a la reunión mensual de la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa (Apede) y es cuchar una interesante presentación por parte de Julio Escobar, ex director de la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología (Senacyt), sobre la crítica situación que atraviesa la educación panameña y la necesidad urgente de mejorar su calidad si realmente queremos que nuestros ciudadanos y nuestra economía puedan ser productivos en los próximos años.

Durante su intervención Escobar puso en evidencia que la calidad de la educación que reciben los jóvenes de nuestro país depende grandemente del nivel socioeconómico  de sus familias y del lugar en que residen. Esto significa que los estudiantes que pueden asistir a escuelas privadas tienen una educación de mejor calidad que aquellos que asisten a los colegios públicos ubicados en las zonas urbanas y que aquellos, a su vez, reciben mejor formación académica que quienes  acuden a los colegios ubicados en las áreas rurales y las comarcas indígenas.

A primera vista parece que esta afirmación, que pone en evidencia la desigualdad social que impera en el país, debía traerle algún alivio a las personas que con esfuerzo y sacrificio hacen hasta lo imposible para enviar a sus hijos a colegios privados, sin embargo, otro elemento que el orador de fondo en el almuerzo mensual de Apede trajo a la mesa es que en las últimas pruebas internacionales para medir los conocimientos de los estudiantes en que participó Panamá quedó en evidencia que muy pocos colegios privados y ninguno público dota a sus alumnos de los conocimientos necesarios en matemáticas y español para ser productivo  en la economía del siglo XXI.

Por supuesto, esta situación es peor en los colegios públicos urbanos y aún más funesta en los colegios rurales, lo que sin duda alguna debe preocuparnos a todos los ciudadanos y especialmente al sector empresarial del país, porque significa que lo que les espera en el futuro es una mano de obra completamente carente de las habilidades necesarias para incorporarse con éxito al mercado laboral, obligando al Estado a mantener de forma permanente los programas de asistencia social o subsidios que tanto criticamos.

Sin embargo, Escobar advirtió que la solución a este problema está al alcance de nuestras manos, ya que si algo se ha comprobado es que buenos docentes dan como resultado estudiantes con los conocimientos y habilidades necesarias para incorporarse a la economía del siglo XXI, caracterizada por la innovación constante.

Para Escobar, el buen educador es el eslabón perdido que necesitamos encontrar para asegurar una verdadera mejora de la calidad de la educación. Admitió que esto implica la necesidad de mejorar los programas de formación de docentes de las universidades públicas y privadas que operan en el país, de mejorar los salarios e incentivos económicos de quienes opten por estudiar esta carrera y de mejorar la infraestructura escolar para que realmente puedan utilizar técnicas modernas en la formación de sus estudiantes.

Al escuchar esta intervención recordé que hace algunos meses, cuando Capital Financiero realizó un foro destinado precisamente a auscultar la situación de educación en Panamá, uno de los conferencistas internacionales destacó que otros países de la región, como Perú por ejemplo, está invirtiendo dinero para enviar a sus docentes a España y otros países desarrollado para aprender nuevas técnicas de enseñanza lo que está teniendo un mayor impacto en la calidad de la educación que aquellos programas en los que se otorga subsidio económico a los estudiantes. Entonces, el educador es la clave.

Hitler Cigarruista
hcigarruista@capital.com.pa
Capital Financiero

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