El estado inestable de petróleo mundial

El estado inestable de petróleo mundial

Liam Denning

Dow Jones

La paradoja de las grandes petroleras privadas es que sus reservas son bastante pequeñas. En 1970, las mayores petroleras privadas de Occidente tenían acceso completo a 85% de las reservas de crudo del mundo, según la consultora PFC Energy. En 2010, esta cifra fue de apenas 7%.

No obstante, sería un error concluir simplemente que empresas como Exxon Mobil quedarán excluidas gradualmente ante monolíticas petroleras nacionales. Los eventos de las últimas semanas muestran por qué.

Venezuela posee 14% de las reservas comprobadas de crudo del mundo. Sin embargo, la perspectiva de bonos de la estatal Petróleos de Venezuela, o PDVSA, no muestra un panorama de fortaleza. PDVSA exportó crudo en el primer semestre de 2011 a un precio que fue 35% mayor que un año antes. No obstante, el flujo de caja operativo se desplomó de $4.800 millones a un flujo neto negativo.

¿El principal sospechoso? Las contribuciones de PDVSA a los crecientes programas sociales del presidente Hugo Chávez. Las cuentas de PDVSA saltaron a $18.200 millones en el primer semestre, casi el triple del monto de todo 2010 y más que el gasto de capital anual de PDVSA. Eso no ayudará a resolver la disminución de 24% en la producción petrolera de Venezuela en la última década.

Estos factores podrían explicar por qué Chávez sonó más conciliador sobre un arreglo extrajudicial con Exxon por activos que nacionalizó hace cuatro años. El nerviosismo sobre la sostenibilidad del actual gobierno y la posibilidad de más expropiaciones ralentizan el ritmo de inversión de las petroleras extranjeras en Venezuela, pese a sus recursos, dice Tony Reinsch, director en PFC.

Petróleos Mexicanos, o Pemex, también lucha para frenar la caída de la producción. Similar a lo que le sucede a PDVSA, un gran factor es la dependencia del gobierno mexicano en Pemex para su financiación: su tasa impositiva efectiva en los últimos tres años ha sido de 115%. Esto limita la inversión de la propia Pemex, y una prohibición constitucional de la propiedad extranjera de las reservas de petróleo restringe los fondos provenientes del exterior.

Aun así, el nacionalismo mexicano en materia de recursos naturales puede estar agrietándose. El candidato presidencial del opositor Partido Revolucionario Institucional propone reformar la constitución para permitir las inversiones privadas en Pemex, una medida tan radical que la ha comparado con la visita del presidente estadounidense Richard Nixon a China.

Entretanto, en Irak, un funcionario petrolero había amenazado con cancelar el contrato de desarrollo de Exxon en el sur del país después de firmar un acuerdo de exploración con autoridades kurdas en octubre, en contra de los deseos de Bagdad. Sin embargo, el primer ministro de Irak dijo que el contrato de Exxon estaba seguro y que el gobierno trataría de encontrar una manera de que funcionara el acuerdo kurdo. Después de todo, su país necesita con desesperación la ayuda externa para extraer el petróleo necesario para refinanciar la reconstrucción.

Al igual que las grandes petroleras privadas, las estatales no son homogéneas. Petróleo Brasileiro, o Petrobras, cotiza parcialmente en bolsa y está en auge. Aproximadamente un tercio del crudo global descubierto en los últimos cinco años yace frente a las costas de Brasil, según Standard & Poors. Las grandes petroleras privadas occidentales quieren participar, con frecuencia aceptando términos fiscales revisados que favorecen al gobierno. Este factor de presión, junto con recuerdos del desastroso derrame de British Petroleum en el Golfo de México, puede explicar la reacción vigorosa de Brasil a un reciente derrame mucho menor de Chevron.

Las grandes reservas, junto con los altos precios del petróleo, atizan el nacionalismo de recursos naturales. Pero los recursos naturales necesitan desarrollo para tener valor. La dependencia de varios gobiernos de sus grandes compañías estandarte como alcancías los hacen vulnerables a oscilaciones de precios. Y al reducir los presupuestos de inversión petrolera, los políticos siembran las semillas de una producción e ingresos menguantes. Esta dinámica mantiene la relevancia de las grandes petroleras privadas a futuro, aun cuando su mundo se ha contraído.

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