El fin de la meritocracia en EE.UU.

El fin de la meritocracia en EE.UU.

Ignorados igualmente por los Demócratas y los Republicanos, los trabajadores blancos de cuello azul han caído en la depresión

Manager shouting to employees at group meeting

¿Cuánta importancia tiene una sola palabra? Cuando está asociada con tanto fervor moral como meritocracia, la respuesta es mucha importancia. Un meritocrático debe su éxito al esfuerzo y al talento. La suerte tiene poco que ver, o al menos eso es lo que se dice a sí mismo. El meritocrático comparte su punto de vista con todos los demás, incluyendo aquellos que son demasiado lentos o indolentes para seguir su ejemplo. Las cosas sólo van mal cuando otros no están de acuerdo.

Ahora magnifica esto a una nación de 320 millones de personas, una nación que se enorgullece de ser una meritocracia. Imagina que cerca de la mitad o dos terceras partes de sus ciudadanos, dependiendo de cómo se formula la pregunta, ya no lo creen. Ahora creen que las divisiones del sistema se perpetúan.

Imagina, también, que los meritocráticos están demasiado enamorados de sus recompensas para verlo. El hecho de que están divididos -un grupo llamado Demócrata y el otro Republicano- sólo es un detalle. Son dos lados de la misma moneda degradada. Tarde o temprano algo tenía que suceder.

¿Es una exageración? Los lectores del Financial Times tal vez lo crean. El hecho de que Donald Trump haya completado una compra hostil de uno de estos grupos los Republicanos es una sorpresa para todos, incluyendo, creo yo, para el mismo multimillonario. El resto no debería ser una sorpresa.

Desde finales de 1960, ambos partidos, de diferentes maneras, han ignorado los intereses económicos de la clase media. En 1972, la Comisión McGovern-Fraser cambió las reglas del Partido Demócrata para la selección de su candidato después de la convención desastrosa en 1968 en Chicago. Esa reforma cambió el rumbo del partido. Incluyó representación obligatoria para mujeres, minorías étnicas y jóvenes, pero dejó fuera a la clase media por completo. Los Demócratas cimentaron el giro de un partido basado en las clases a una coalición étnica al auspiciar acción afirmativa para no blancos. Entrar a la universidad el vehículo meritocrático por excelencia estaría basado en el color de la piel más que en la situación económica.

Como era de esperar, grandes sectores de la clase media se volvieron Republicanos. Cuarenta años más tarde, muchos Demócratas, como los seguidores de Bernie Sanders, se han arrepentido. Antes de ser presidente, Barak Obama argumentó que sería más justo basar la acción afirmativa en ingresos y no en el color de la piel. Mis hijas probablemente deberían ser consideradas como bastante aventajadas por un director de admisiones, él dijo.

La semana pasada se anunció que Malia Obama había sido aceptada en Harvard, el alma mater de su papá. Cerca de una tercera parte de los solicitantes de legado aquellos cuyos padres asistieron a Harvardson aceptados en Harvard. Nadie sugiere que ella no se lo merece. Sin embargo, hay muchos jóvenes blancos y negros de bajos recursos que no tienen las ventajas que Malia Obama o Chelsea Clinton (Stanford y Oxford) han disfrutado desde que nacieron.

El mercado laboral en Estados Unidos (EE.UU.) sigue siendo una impresionante meritocracia. Pero lo que le sucede a un empleado durante los 25 años antes de entrar no se parece en nada a una meritocracia. De ahí nace el término meritocracia hereditaria.

Juzgados por sus habilidades, cerca de la mitad del 40% de aquellos con los ingresos más altos en EE.UU. están ahí debido a sus relaciones familiares. Sólo piensa en el valor de todas esas prácticas no remuneradas. Un gran porcentaje de aquellos que se encuentran en la quinta parte inferior de ingresos estarían en el nivel más alto si hubieran tenido las mismas oportunidades.

Los blancos de clase media no obtuvieron un mayor beneficio por votar por los Republicanos. Durante años, los estrategas como Karl Rove se aprovecharon de temores culturales a menudo fomentando resentimiento racial para galvanizar a los votantes.

Una vez que tomaron el poder, los Republicanos se dedicaron a obtener recortes de impuestos para los ricos. Ignorados por ambos partidos y afectados desproporcionalmente por las desventajas de la globalización, la esperanza de vida de los blancos estadounidenses está cayendo.

Para empeorar las cosas, los blancos pobres son el blanco de burlas. Son excluidos de las reglas de corrección política. ste es el sector demográfico cuyos integrantes se vuelven obesos mientras ven malos programas de telerrealidad como The Apprentice, el cual introdujo al señor Trump a sus vidas. Aquí había un hombre que hablaba francamente y despedía a la gente. Tal vez haya sido un idiota pero al menos era franco. Amo a los que tienen poca educación, él dijo después de una de sus victorias en las elecciones primarias. El señor Trump conoce a su mercado.

Michael Young el sociólogo británico, quien acuñó la palabra meritocracia en 1958 en su libro, The Rise of Meritocracy debería sentirse vindicado. Aunque el término perdió su ironía, el señor Young lo creó como una sátira de las clases en el poder del futuro. Las élites meritocráticas pueden ser insufribles y presuntuosas él dijo en 2001 en una crítica del Primer Ministro Tony Blair quien mal usó la palabra. El resto, mientras tanto, se desmoralizarán fácilmente por ser desdeñados por los que han tenido éxito en sus vidas.

El señor Young pronosticó que su meritocracia se vendría abajo en 2033. Es probable que sobrevivirá el año 2016. Parece ser que Hillary Clinton, la abanderada de la meritocracia de este año, ganará este noviembre. Pero las encuestas indican que el señor Trump ganará una clara mayoría del voto blanco. Pensemos acerca de esto. El señor Trump es el presidente que quieren los blancos en EE.UU. Es difícil creer que sería por su mérito.

Edward Luce
Financial Times

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