El fin de una historia

El fin de una historia

Uno de los problemas que confrontó la producción y comercialización del banano en el istmo, fue la aparición en 1903 de la enfermedad producida por un hongo conocida como El mal de Panamá.
Las plantas de guineo afectadas por esta enfermedad no producían un fruto para la exportación; con el tiempo estas plantas se marchitaban y morían. Esto fue el detonante para que en 1926, la United Fruit Company abandonara sus plantaciones en Bocas del Toro y las sustituyera por la producción de cacao y albaca.
La producción de  banano fue   trasladada a la provincia de Chiriquí, distrito de Puerto Armuelles, en 1927 y no fue sino hasta 1950 cuando la United Fruit Company vuelve a cultivar banano en Bocas del Toro, alcanzando mayores rendimientos que los producidos en la división del Pacífico.
Es necesario recalcar que en 1964, la United Brands cambia la variedad de banano cultivado del Gros Michel por el Cavendish, se deja de exportar por racimos  y se tecnifica para una mayor preservación de la fruta empacando la misma en cajas de 40 libras.
En 1976, el gobierno militar creó dos empresas que se dedicarían a la producción y exportación de esta fruta; éstas fueron: La Corporación Bananera del Pacífico (Barú) y la Corporación Bananera del Atlántico (Changuinola), localizadas en  antiguas tierras que eran de propiedad de la United Brand, antigua United Fruit Company. La primera jamás alcanzó los resultados esperados y las pérdidas económicas para el gobierno fueron cuantiosas. En esos momentos el gobierno, para no dejar a una cantidad de trabajadores cesantes, optó por asociar a los mismos en cooperativas para la producción de palma de aceite; hasta la fecha esta política fue la más acertada. Se ha demostrado que el agotamiento de esas tierras  hace no viable el cultivo de otros rubros comerciales, el más apto es la siembra de los derivados de la Elaeis guinnessis.
No nos explicamos cómo, en lo que respecta a las políticas bananeras, nuestro país, en menos de una década del presente siglo, haya cometido tantos errores sin poder enmendarlos.
Sin embargo, los gobiernos de Mireya Moscoso y de Martin Torrijos, se aventuraron en financiar a Coosemupar, cuando la lógica indicaba que la transnacional se retiraba de la región de Barú, más que nada, porque los rendimientos de producción eran bajos, tanto por hectáreas como por caja de frutas. La producción de Puerto Armuelles fácilmente podía sustituirse por la de Changuinola; es importante  recordar que las plantaciones de banano que están en manos de la United Brands con mayores rendimientos, se localizan en todo el litoral Atlántico de América Central.

En algún momento la producción de banano de Puerto Armuelles, se utilizó  con el objetivo de mantener la participación de mercado en la Costa Oeste de los Estados Unidos, ésta se sustituyó por el banano ecuatoriano, además, los márgenes de ganancias del banano producido en Barú, cuyo mercado final era el europeo, eran pocos y había que invertir mucho en insumos y, sobre todo, en el control de la Sigatoka Negra.
Como valor agregado a lo antes expuesto, la tendencia de las empresas transnacionales era reducir sus plantaciones por lo riesgoso que significaba la producción y mejor dedicarse a la comercialización de distribución de la fruta porque la misma le garantiza mayores márgenes de dividendos.
Con todas las ventajas competitivas y la reducción de costos que significaba para la empresa que la fruta se transportara en contenedores vía terrestre desde Barú hasta Almirante y de allí fuese embarcada hasta su Puerto de destino, ya sea a New York o Rotterdam, obviando el tiempo que  demora  el cruce por el canal de Panamá, no mejoró en nada su competitividad.
No olvidemos que en las últimas cuatro décadas, la oferta de producción mundial de esta apreciable fruta es superior a la demanda de consumo.
Además, como los trabajadores de la antigua Chiriquí Land Company (United Brands) se empecinaron en continuar con una actividad que lo único que les iba a generar eran pérdidas, jamás los sindicalistas analizaron el fenómeno, casi calcado a lo ocurrido con los vecinos de Costa Rica.Tampoco los tres últimos gobiernos se vieron en ese espejo para darle una solución definitiva al problema.
Creo que lo más viable y saludable para la economía del país, es que las autoridades del Ministerio de Desarrollo Agropecuario corrijan los errores cometidos por las dos últimas administraciones; asocien a estos humildes trabajadores en una cooperativa de productores de palma de aceite y asuman las deudas de Coosemupar; de $50 millones que hasta el momento nadie sabe qué criterio financiero  utilizó el Banco Nacional para otorgar dichos desembolsos.
Además por ningún motivo deben de venderse las 13 fincas. Si creen que al vender esas tierras a empresarios que se dediquen al cultivo del plátano para la exportación, éstas volverán a oxigenar la economía de ese deprimido distrito, están equivocados. El plátano es una variedad de la familia del banano y van a necesitar mucha fumigación aérea para así controlar a la Sigatoka Negra y los rendimientos de producción van a ser parecidos a los del guineo, bajos, y no se encontrará un punto de equilibrio ni en la producción ni en dinero. Con el cierre definitivo de Coosemupar, aumenta el desempleo, cuya única garantía es que quedan sin sustento diario más de 2.500 trabajadores, quienes diariamente verán en  sus hogares que la paila estará boca abajo. La solución debe ser efectiva.  El cultivo de palma aceitera mejorará enormemente nuestro Producto Interno Bruto (PIB), así como el incremento de divisas en nuestra deficitaria balanza de pagos. No pensemos más en los cantos de sirena y actuemos por el bien tanto de la economía del Barú, como la del país.

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