El futuro no se puede detener

Uber Headquarters

Si algo genera temor en los seres humanos es el cambio. Es algo inherente a nuestra naturaleza aferrarnos a lo que conocemos bien, a la forma como nos acostumbramos a vivir nuestra vida y cualquier cosa que rompa nuestra rutina o implique un modo diferente de hacer las cosas nos genera un temor irracional que se traduce en rechazo. Es algo instintivo que tratamos de justificar con explicaciones para tranquilidad de nosotros mismos, pese a que en el fondo no nos podemos explicar qué es lo que nos genera temor en aquello que nos trae el futuro a nuestra puerta.

El problema es que nadie puede vivir eternamente en el pasado, porque si hay algo constante en el universo es el cambio. Así también son los negocios y la tecnología.

Cambian todos los días y lo prudente es adaptarse al cambio e incorporar las novedades a nuestras realidades cotidianas para elevar nuestra calidad de vida, porque aferrarse al pasado es, además de poco inteligente, inútil y al final nos terminará costando más.

Para facilitar el desarrollo de nuevas tecnología, sistemas de producción y productos algunos países han desarrollado normas que potencian la innovación, evitando que las empresas ya establecidas bloqueen o traten de impedir con subterfugios legales o prácticas comerciales desleales el ingreso al mercado de aquellos productos o servicios que representen una mejora significativa para los consumidores en términos de calidad y precio.   

Esto garantiza que las empresas establecidas traten de mantenerse a la vanguardia, ofreciendo a los consumidores productos competitivos a precios razonables, siempre en el entendido que si llega a aparecer un competidor que desarrolla un nuevo producto o servicio que supere al que él ofrece su única opción es tratar de superarlo nuevamente para poder así mantenerse en el mercado.

Lamentablemente en América Latina y Panamá todavía no hemos aprendido esa lección y cada vez que aparece un producto o servicio que intenta utilizar los avances tecnológicos para que los consumidores puedan contar con un mejor servicio o producto a un precio razonable nuestra tendencia es aferrarnos al pasado, convirtiendo en ilegal la innovación, porque simplemente no se adapta a las normas legales vigentes.

Un ejemplo de esta situación es la forma como los conductores del transporte selectivo han asumido el reto que para ellos representa la llegada a Panamá de la empresa Uber. Y es que en lugar de tratar de comprender las razones que llevan a cierto segmento de los usuarios, los de mayor poder adquisitivo por cierto, a optar por Uber en lugar del servicio de transporte selectivo comúnmente conocido como Taxi, ha entrado en pánico y en una actitud totalmente irracional, que se expresa en su solicitud para que la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre (Attt) prohíba la operación de Uber en Panamá.

Uber representa lo nuevo, el futuro hecho presente, una empresa que responde a las necesidades del cliente que está dispuesto a pagar más para transportarse de forma cómoda y segura.

A través de la aplicación el cliente puede saber en detalle quién es la persona que lo transporta, qué marca y modelo de auto tiene y en qué condiciones mecánicas se encuentra, cuánto tiempo tardará en recogerlo y cuánto le costará el servicio, además de poder valorar, ya sea positiva o negativamente el servicio recibido, un elemento que puede determinar la permanencia de esa persona en la empresa.

El sistema de transporte colectivo representa el pasado. Un servicio diseñado para el mundo análogo donde el máximo posible es llamar vía telefónica a una central para que nos despache un auto que no tenemos la garantía que nos va a recoger y transportar de forma segura a donde queremos ni de cuánto nos va a costar, porque cada transportista parece tener su propia tarifa. Peor aún, el servicio que se ha deteriorado al punto que ha dejado de ser selectivo, pues a medio camino el transportista puede ofertar sus servicios a otros pasajeros y si al cliente no le agrada lo único que puede hacer es bajar del auto e intentar tomar otro Taxi, con la seguridad de que la mayoría de ellos se negarán a llevarlo con la frase no voy.

Ciertamente los operarios de Uber pueden ser considerados como una competencia desleal para los transportistas selectivos, ya que no pagan las mismas tasas para poder brindar el servicios, pero antes de que la Attt les declare ilegal hay que evaluar cuál es el papel que debe jugar el Estado ante la innovación empresarial, si la respuesta es fomentarla, la Attt deberá encontrar un mecanismo para que los operarios de Uber cumplan con los mismos requisitos esenciales que los transportistas selectivos, para que puedan brindar el servicio a quienes lo demanden, pero si su papel es proteger quienes ya están ofertando un producto o servicio en el mercado ante competidores innovadores entonces estamos condenados a vivir en el pasado y ver como otras naciones nos superan. 

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