El hombre que marcó el sendero TransPanama

El hombre que marcó el sendero TransPanama

Leoncio Vidal Berrío M.

lberrio@capital.com.pa

Capital

Tal vez para muchos el nombre de Richard Rick Morales no diga nada y  la palabra TransPanama les suene sólo a una marca comercial, pero la fusión de estos dos nombres, más el apoyo de mucha gente, hizo posible la culminación de un sueño y la puesta en práctica de una curiosa misión: Crear una ruta o sendero, que atraviese el Istmo de frontera a frontera, para mojar los pies en ambas costas y dejar huellas en los lugares de montaña más bonitos de Panamá.

Luego de más de cuatro años de planificación, correcciones de ruta, interrogantes y curiosidad, llegó la hora de realizar algo que, hasta el momento, nadie había hecho en tiempos modernos o al menos de lo cual no existía registro. Y esto era casualmente realizar una caminata continua desde la frontera de Panamá con Colombia, hasta el hito fronterizo entre Panamá y Costa Rica, pero por montaña, caminando por senderos, trochas o montaña virgen, cruzando ríos y quebradas y llegando vivo para contarlo.

Hay pocos panameños que tendrían la experiencia, la disciplina y el tiempo para realizar esto, pero para Rick Morales el reto y la responsabilidad que esto implicaba se convirtió en un motivo poderoso para actuar, por lo que con mapa en mano y un equipo de apoyo se enfiló el 26 de junio de 2011 hacia la frontera con Colombia.

Al llegar a ese punto, el cual se definió gracias a la ayuda de un GPS (Sistema de posicionamiento global), marcaron el inicio de la ruta, poniendo las banderas de ambos países.

Esta aventura culminó el 23 de septiembre, cuando llegó a las montañas chiricanas, para poner las banderas panameña y costarricense en Jurutungo, el punto donde se unen las provincias de Chiriquí y Bocas del Toro con Costa Rica.

Definitivamente que para Rick fue una experiencia vivificadora, ya que como lo describe llegó a conocer el Panamá profundo, el Panamá más allá de donde llega el asfalto, sitios donde solo se puede llegar a pie o a caballo.

Me parece que allí es donde está verdaderamente el espíritu y el alma de nuestra patria. Fueron contradictorias para mí las sensaciones porque yo vivo en la capital y estuve alejado de la ciudad por casi tres meses; sin embargo, estaba recorriendo mi casa porque este es mi país y lo llegué a conocer de una manera que no lo conocía antes, aseguró Morales.

El senderista agregó que lo que lo motivó a realizar este recorrido es que él es un excursionista desde que era un niño de 12 años, ya que a esa edad estaba recorriendo las montañas de las tierras altas chiricanas, y también quería darle impulso a la Fundación TransPanama, que estaba tratando de mapear este sendero.

Habíamos conseguido mucho de eso ya, pero había que concluirlo, no habíamos tocado las fronteras. Lo que me impulsó fueron dos cosas: Por un lado, un deseo muy personal de hacer el recorrido y conocer Panamá de esta manera; y por el otro, terminar de marcar la ruta del sendero para la organización, puntualizó.

Durante el recorrido, el patrón lo dictaban el terreno y los obstáculos que se encontraba, hubo días que solamente avanzó 7 kilómetros y otros días avanzó 36 kilómetros, que fue su máximo, teniendo como promedio la caminata un avance de 22 kilómetros diarios.

En unos sitios tuve que caminar a través de bosques con machete en mano y por supuesto eso limitaba el progreso de la caminata. En otros sitios, encontraba caminos y carreteras de penetración que eran mucho más fácil de atravesar, dijo.

En la aventura por recorrer el istmo de frontera a frontera, Rick tuvo compañeros en diferentes tramos, como su colega Segundo Sugasti, de Darién, quien es una de las personas más vanguardista de esta provincia.

Sugasti lo acompañó desde la frontera con Colombia hasta el límite de la provincia de Darién con Panamá, en un lugar llamado Tortí, exactamente en el Cerro Chucantí.

Luego tuvo otros compañeros en el área canalera y en Chiriquí lo volvió a acompañar Sugasti, porque esa es su tierra y lo invitó para que fuera acompañado por otra gente.

Rick calcula que el 70% del recorrido lo hizo solo.

En cuanto a la parte logística, el suministro de alimento se lo daba una voluntaria que cada cierto tiempo se encontraba con él en algún pueblo.

Ella llegaba y me suministraba los alimentos, algunas medicinas que necesitaba y algunos cambios en el equipo, como ropa, aclaró.

El lugar más difícil con el que se topó en su travesía fueron dos y por razones diferentes. Uno de ellos lo vivió al tocar la frontera colombiana, porque fue a campo traviesa en un sitio donde ningún otro ser humano había pisado antes.

Estábamos navegando con un mapa de una escala bastante pequeña, por eso fue muy difícil llegar allá y salir de ese sitio, aseguró.

Por otro lado, estando en la costa de la provincia de Colón y Veraguas, el excursionista se enfermó y se encontraba solo e incomunicado porque el pueblito que tenía el teléfono más cercano estaba a 7 kilómetros. Se le había mojado el teléfono satelital que tenía, así que desde el punto de vista emocional y sicológico, esa tal vez fue la etapa más difícil.

Tal vez el describir las experiencias vividas por Rick sea complicado, pero de solo imaginar el caminar por tierras en donde ningún ser humano había puesto sus pies antes, es algo que incentiva a la imaginación para darle sentido a esta historia.

Ahora Rick, acompañado de voluntarios de la Fundación TransPanama, trabaja para tener listos los mapas y una futura guía para excursionistas, que faciliten el contacto de panameños y extranjeros con la naturaleza de Panamá.

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