El país del libre mercado está maniatado por la burocracia

Aún queda mucho por hacer

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Cada nación necesita una idea unificadora. A los estadounidenses les encanta verse a sí mismos como defensores de los mercados libres y del afán empresarial y han sido durante mucho tiempo más receptivos a los empresarios que la mayoría del mundo occidental.

Pero la crisis financiera de 2008 empañó la autoimagen de Estados Unidos (EE.UU.) (con, por ejemplo, la fealdad del apoyo estatal para las hipotecas). El halo empresarial también está empezando a desaparecer, debido a que las crecientes cantidades de trámites burocráticos están ocasionando problemas para las compañías startup, en relación tanto con el pasado como con el resto del mundo.

Consideremos un impactante informe emitido por la Casa Blanca esta semana sobre la concesión de licencias ocupacionales las normas que obligan a los trabajadores a obtener certificaciones para realizar determinados trabajos. Hace cinco décadas, se requerían licencias ocupacionales sólo en campos especializados como la enfermería. Pero, en los últimos años, han proliferado de manera tan dramática, que una cuarta parte de todos los trabajadores estadounidenses deben obtener una licencia de los estados donde trabajan. A veces esto se justifica: Los pilotos de líneas aéreas necesitan licencias. Pero a menudo como en el caso de los tres años de formación que se requieren para convertirse en un guardia de seguridad en Michigan o las miles de horas requeridas en el caso de los peluqueros en Utah la razón es menos clara.

El proceso de obtención de estas licencias es a menudo tan costoso y complicado que un estudio reciente estimó los costos para los consumidores en $200.000 millones al año. Más importante aún, las licencias disuaden a muchos trabajadores y empresarios potenciales.

Otro informe, éste del Banco Mundial, es aún más preocupante. El año pasado, el estudio clasificó a los países según sus niveles de apoyo al mundo corporativo. Esto colocó a EE.UU. en el séptimo lugar en términos de facilidad de conducir negocios. Pero EE.UU. clasificó en el 46to lugar sí, 46to en términos de cuán fácil es lanzar una empresa. Esta posición es peor que las de Estonia, Malasia, Georgia e incluso Francia.

Una razón importante para esta deplorable posición es que en EE.UU. los empresarios necesitan pasar, en promedio, por seis obstáculos legales y regulatorios diferentes para lanzar una empresa. En Nueva Zelanda y Canadá, que encabezan la lista, sólo existe un procedimiento. La complejidad que enfrentan los estadounidenses significa que les toma en promedio unos seis días para crear una compañía startup; en muchos otros países, el proceso es mucho más rápido y más económico.

Por supuesto, esta lista del Banco Mundial no cuenta toda la historia. El promedio nacional estadounidense oculta variaciones geográficas significativas ya que las municipalidades son las que establecen muchas de las reglas empresariales. Por lo tanto, la investigación llevada a cabo por Thumbtack, un sitio Web de la Costa Oeste  que conecta a los consumidores con las empresas locales, y por la Kauffman Foundation, una fundación proempresarial, muestra que es mucho más fácil crear una empresa en Texas que, por ejemplo, en California. Por otra parte, la burocracia es sólo un factor que determina la actividad relacionada con el lanzamiento de una startup; lo que también importa es si existe acceso a capital y una cultura de respeto a los empresarios.

Sin embargo, los datos representan un reto a las políticas por partida doble, ya que los datos de la Kauffman Foundation también muestran que el índice de creación de nuevas empresas actual está muy por debajo de las tendencias históricas, a pesar de que aumentó este año (después de varios años de descenso).

La Casa Blanca ha intentado proporcionar soluciones al problema: Esta semana el presidente Barack Obama instó a los estados a reducir el número de licencias ocupacionales. El mes pasado, lanzó una iniciativa de «Start Up In a Day» (Comenzar un negocio en un día) para reducir la cantidad de tiempo que se necesita para crear un negocio; está ofreciendo un premio de $1,5 millones a cualquier persona que utilice la tecnología para agilizar el proceso.

Sin embargo, es obvio que queda mucho por hacer. Una idea que los políticos debieran discutir es si ha llegado el momento de introducir una cláusula de extinción para las regulaciones de negocios una suposición de que las regulaciones deben expirar automáticamente después de un período determinado a no ser que se renueven específicamente.

Este concepto va en contra de las prácticas actuales, las cuales tienden a dejar las reglas en los libros a menos que sean derogadas deliberadamente. Y las cláusulas de extinción conllevan ciertos inconvenientes: la renegociación de reglamentos puede introducir incertidumbre empresarial e interminables peleas de cabildeo.

Sin embargo, algunos legisladores están considerando seriamente la idea. De hecho un congresista, Chris Collins, presentó un proyecto de ley esta semana que incluye una cláusula de extinción de siete años. El concepto debe ser discutido, aunque sea simplemente por el hecho de que pudiera iniciar una conversación adecuada sobre cuáles reglas y licencias ocupacionales para el lanzamiento de una empresa vale la pena conservar y cuáles no, y sobre cómo detener la expansión de la burocracia.

¿Quién sabe? En un país que venera el ideal de la intrépida compañía «startup», una campaña para reducir la burocracia pudiera ser una de las pocas cosas con las cuales todos los candidatos presidenciales pudieran, de hecho, estar de acuerdo. Incluso (o especialmente) el archiempresario Donald Trump.   

Gillian Tett
Financial Times

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