El peligro de los biocombustibles

 

Ricardo Gonzalez J.

Capital

 

 

En la producción de biocombustibles no todo es color de rosas. Estos carburantes han sido seriamente cuestionados y uno de sus más férreos detractores ha sido el ex presidente de Cuba, Fidel Castro, quien ha lanzado una voz de alarma sobre la producción industrial de etanol, basado en maíz, sorgo y otros cultivos que son la base de la alimentación humana, ya que a su juicio esto puede ser causa de grandes hambrunas en un futuro próximo.

Para los productores locales ni siquiera se debe pensar en sacrificar alimentos por combustible, porque simplemente el remedio sería peor que la enfermedad.

Valentín Domínguez, presidente de la Asociación de Productores de Maíz y Sorgo de Los Santos, sostuvo que a pesar de que muchos agricultores se podrían ver tentados a cambiar sus productos para sembrar caña o palma aceitera para producir biocombustibles, debido a que tendrían mejores ganancias, saben que esto sería un error, porque muchos panameños podrían pasar hambre.

Actualmente ya existe una baja producción de maíz y arroz sin que ningún productor se haya cambiado a sembrar caña o palma aceitera y solo hay que pensar lo que sucedería en el país si esto se diera, dijo Domínguez.

Destacó que en lugar de incentivar a los productores para que cambien sus productos alimenticios por otros para producir biocombustibles, se debe hacer lo necesario para reducirle el costo de los fertilizantes, semillas e insumos que son los que disparan los precios.

Para Domínguez, si se quiere sembrar caña para etanol se deben utilizar tierras que estén baldías o sin utilizar, especialmente en la provincia de Veraguas y Coclé, pero no dejar de sembrar alimentos para este propósito.

Según la Deutsche Welle, de los 12 millones de hectáreas cultivadas en Alemania, dos millones son ya usados para cultivos que pueden convertirse en biocombustibles. Esto ha hecho que la Federación de Cerveceros de ese país adviertan que este monopolio del uso de la tierra no solo afecta a la cerveza. Indican que el precio del pan se ha incrementado en 10% como resultado de la disminución de producción de granos.

François Houtart es ex catedrático de la Universidad Católica de Lovaina  y autor del libro El Escándalo de los Agrocombustibles para el Sur, sostiene en su texto que los agrocombustibles son producidos bajo la forma de monocultivos, que destruyen la biodiversidad y contaminan los suelos y el agua.

Asegura que personalmente, ha caminado kilómetros en las plantaciones del Chocó, en Colombia, y no ha visto ni una ave, ni una mariposa, ni un pez en los ríos, a causa del uso de grandes cantidades de productos químicos, como fertilizantes y plaguicidas.

Explica que frente a la crisis hídrica que afecta al planeta, la utilización del agua para producir etanol es irracional. Para obtener un litro de etanol, a partir del maíz, se utiliza entre 1.200 y 3.400 litros de agua y la caña de azúcar también necesita enormes cantidades de agua.

Para Houtart, la contaminación de los suelos y del agua llega a niveles hasta ahora nunca conocidos, creando el fenómeno de mar muerto en las desembocaduras de los ríos (20 kilómetros cuadrados en la desembocadura del Mississippi, en gran medida causado por la extensión del monocultivo de maíz destinado al etanol).

La extensión de estas culturas acarrea una destrucción directa o indirecta (por el desplazamiento de otras actividades agrícolas y ganaderas) de los bosques y selvas que son como pozos de carbono por su capacidad de absorción.

El impacto de los agrocombustibles sobre la crisis alimentaria ha sido comprobada. No solamente su producción entra en conflicto con la producción de alimentos, en un mundo donde, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, más de 1.000 millones de personas sufren de hambre, sino que también ha sido un elemento importante de la especulación sobre la producción alimentaria de los años 2007 y 2008, asegura Houtart.

Un informe del Banco Mundial afirma que en dos años, el 85% del incremento de los precios de los alimentos que precipitó a más de 100 millones de personas por debajo de la línea de pobreza (lo que significa hambre), fue influenciado por el desarrollo de la agro energía.

Jean Ziegler, durante su mandato de Relator Especial de las Naciones Unidas por el Derecho a la Alimentación, calificó los agrocombustibles como un crimen contra la humanidad, y su sucesor, el belga Olivier De Schutter, ha pedido una moratoria de cinco años para su producción.

Para colmo, dijo Houtart, la extensión del monocultivo significa también la expulsión de muchos campesinos de sus tierras. En la mayoría de los casos, aquello se realiza por la estafa o la violencia. En países como Colombia e Indonesia, se recurre a las Fuerzas Armadas y a los paramilitares, quienes no dudan en masacrar a los defensores de sus tierras. Miles de comunidades autóctonas, en América Latina, en África y en Asia, son desposeídas de su territorio ancestral.

Decenas de millones de campesinos ya han sido desplazados, sobre todo en  Sur América, en función del desarrollo de un modo consumista de la producción agrícola y de la concentración de la propiedad de la tierra. El resultado de todo esto es una urbanización salvaje y una presión migratoria tanto interna como internacional, recalcó el ex catedrático.

 

Más informaciones

Comente la noticia