El peligroso camino hacia la verdad

El peligroso camino hacia la verdad

Fighters of  al-Qaeda linked Islamic State of Iraq and the Levant parade at Syrian town of Tel Abyad

Las noticias cambian de formatos y las plataformas de difusión se diversifican. La inmediatez le da un sentido presente e inequívoco a los sucesos, atentando a veces contra la reflexión y el análisis. La preferencia de las audiencias y los modelos económicos de la industria de la comunicación se transforman sin un rumbo claro. Pero los avatares de esta era de saturación informativa regida por la indomeñable red no restan la trascendencia del periodismo en su esencia más pura.

Más que nadie, los periodistas dejan plasmada la crónica de la historia y, en ese afán, iluminan los oscuros rincones del planeta azul, labor indispensable para el bien colectivo de la raza humana. Con la mirada puesta en esa meta, se adentran en las más volátiles zonas de combate en un mundo fragmentado donde se ha erosionado la línea divisoria entre las facciones que entre sí luchan. Sumándose a los peligros inherentes de la guerra, se acentúa la presencia de gobiernos o grupos integristas autoritarios que perciben a la prensa como enemiga por ser celosa custodia de la verdad.

Estos riesgos han dejado un preocupante saldo de valerosos periodistas caídos en el ejercicio de la profesión, secuestrados, apresados y ejecutados frente a los ojos del mundo.

El Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) registró al menos 60 decesos de profesionales de la información en su informe de 2014, mientras que Reporteros Sin Fronteras (RSF) documentó en su Balance Anual el asesinato de 66 periodistas, el secuestro de 119, la encarcelación de 178 y la detención de 853 34 de estos en Venezuela, el quinto país con mayor cifra de arrestos. Según el recuento de RSF, en la última década, 720 periodistas han sido asesinados por razones vinculadas a su trabajo.

Meses atrás, en Miami experimentamos el dolor que brota de las entrañas, punzante, demoledor, al ver a uno de nuestros vecinos brutalmente decapitado por los radicales del autollamado Estado Islámico. Steven Sotloff había viajado a Siria, el país más peligroso para los corresponsales hoy día, para con su pluma dejar fe de la masacre de los débiles en Oriente Próximo. Incluso en el tiempo que residió dentro de las fauces de las fuerzas islamistas, se aferró a la mano de la esperanza. Sepan que estoy bien expresó a su familia a través de otro rehén que escapó. Vivan sus vidas al máximo y luchen para ser felices.

Desde las trincheras, son numerosos los profesionales reporteros, fotógrafos, camarógrafos, intérpretes y otros trabajadores de medios quienes, como Sotloff, se juegan la vida, fraguan una campal batalla contra la censura de regímenes dictatoriales y no se dejan doblegar por hostiles intimidaciones en aras de que el lector-espectador pueda comprender el mundo circundante y millones de víctimas tengan una reveladora voz.

Como se evidenció el año pasado, la libertad de prensa a menudo tiene un costo amargo que pagan quienes la enarbolan con lápiz, cámara, sudor y lágrimas. No obstante, a la larga, nada ni nadie podrá silenciarla. 

Editorial del diario El Nuevo Heraldo de Miami, Estados Unidos, del viernes 2 de enero de 2015.

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