En Loro Piana, el mejor cambio es seguir igual

En Loro Piana, el mejor cambio es seguir igual

La compañía se remonta a principios del siglo XIX

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Cuando era niño, una de las tradiciones de verano de Antoine Arnault era acompañar a su padre Bernard Arnault, presidente de la junta directiva del conglomerado de lujo  Lvmh,  a una soleada plaza italiana en Portofino para escoger camisas tipo polo y suéteres de la tienda de Loro Piana en esa localidad. Era una de las pocas marcas no pertenecientes al grupo que mi padre y yo usábamos, recuerda Antoine. El estilo es clásico, y eso es lo que nos gustaba. Arnault padre sentía tanta afinidad con Loro Piana que en 2013 Lvmh pagó $2.600 millones por el 80% de la empresa familiar de marcas ultralujosas de estilo de vida, ropa y textiles.

Fue la mayor adquisición del grupo desde que Lvmh pagó $5.200 millones por 50,4% de la casa de joyería italiana Bulgari en 2011, al comprar la participación de la familia Bulgari. La adquisición sorprendió a algunos observadores de la industria, en especial porque Loro Piana nunca había estado oficialmente en venta.

Era una empresa familiar y no estaba en el mercado, era intocable, dice Antoine Arnault, ahora presidente de la junta de Loro Piana y presidente ejecutivo de Berluti, la marca de moda masculina de Lvmh. En la tranquilidad de su oficina en la sede parisina de Berluti en rue du Faubourg Saint-Honoré, Antoine se distingue por su porte esbelto. Fue el difunto Sergio Loro Piana, el entonces copresidente ejecutivo, junto con su hermano Pier Luigi, quien sugirió la idea a Lvmh.

Nos dijo que habían decidido vender la empresa, y que si estábamos interesados, nos habían escogido como el comprador, dice Arnault. El acuerdo fue elaborado rápidamente y finalizado en cuestión de dos semanas.

No nos compraron porque éramos buena gente, sino porque nos necesitaban, dice el jovial y bigotudo Pier Luigi Loro Piana, de 64 años, quien hoy ocupa el cargo de vicepresidente de la junta directiva.

Lo que los Arnault y Lvmh adquirieron, más allá del acceso a codiciados productos de lujo como una chaqueta suéter de vicuña y cachemira ($14.395), un abrigo de cachemira forrado en visón ($26.695) o un suéter de cuello redondo de lana merino ultrafina ($3.125), es un negocio dinámico y verticalmente integrado. La empresa cuenta con uno de los mayores complejos de hilanderías y telares del mundo, que en 2012 produjo 4,5 millones de metros de fibras como lana, cachemira de crías jóvenes, algodón, vicuña y lino.

Esos materiales son un activo valioso para la estabilidad de la cartera de marcas de lujo de Lvmh, entre ellas Dior y Louis Vuitton. También están las crecientes colecciones prêt-à-porter de moda masculina y femenina Loro Piana, que se venden en 160 tiendas en todo el mundo, en lugares como Aspen, St. Tropez y Palm Beach. Y los mismos clientes que recurren a Loro Piana para su guardarropa también pueden tapizar sus aviones y yates privados con telas del creciente negocio de tejidos para interiores de la empresa.

La casa de moda posee siete fábricas en Italia, además de criaderos de vicuña en los Andes de Perú y Argentina. (Se necesita la lana de 35 vicuñas para un abrigo de Loro Piana, y cada vicuña sólo puede ser esquilada una vez cada dos años). La empresa tiene una fábrica en Mongolia que convierte la finísima lana de la cabra hircus en cachemira.

Había una sola salvedad en el acuerdo con Lvmh. Sergio me pidió que nunca trajera a un diseñador estrella a la empresa, dice Antoine Arnault.

Sergio había visto lo que sucedía con otras marcas donde los diseñadores se convertían en las marcas. Pero incluso aunque no lo hubiera pedido, yo no lo hubiera hecho. Habría sido una herejía y lo contrario de lo que quiere el cliente.

Más allá de lo intrincado que supone para un conglomerado hacerse cargo de una empresa familiar con complejas cadenas de suministro y más de 2.500 empleados, la mayor tarea hasta la fecha para Arnault y el nuevo presidente ejecutivo, Matthieu Brisset, ha sido mantener los controles de calidad y la actitud general de serenidad sartorial de la marca. Recibimos muchas cartas en el momento de la adquisición, dice Arnault. Nuestro objetivo es no cambiar mucho.

La compañía se remonta a principios del siglo XIX, cuando los Loro Piana se convirtieron en exitosos comerciantes de tejidos de lana. Hacia comienzos del siglo XX, la familia poseía dos fábricas propias de lana. En 1924, el emprendedor Pietro Loro Piana, el tío abuelo de Pier Luigi y Sergio, estableció el nombre de la empresa, que gozó de un auge en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial a medida que crecía la predilección por las telas de lujo, tanto en Europa como en Estados Unidos (EE.UU.). Décadas más tarde, en los años 70, Sergio y Pier Luigi se hicieron cargo del negocio como copresidentes ejecutivos. Los hermanos invirtieron en maquinaria de producción, lo que ayudó a proteger a la compañía cuando la industria textil europea perdió terreno frente a Asia en la década de los 80. Como resultado, Loro Piana logró mantenerse en pie, contando con una red de fábricas en la región Toscana donde tiñen, hilan, tejen y terminan prendas las 24 horas del día, los siete días de la semana.

Harriet Quick
Dow Jones

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