En San Bernardo las momias son motivo de orgullo

Los ejemplares son comparados con las momias antiguas de Egipto

MOMIA

Como coordinador de Cultura y Turismo de la población de San Bernardo  de 3.200 habitantes ubicada en un valle verde,  Fernando Barbosa ha tenido que persuadir a los turistas con la promoción de una atracción poco usual: Momias

San Bernardo y sus alrededores presumen de una iglesia imponente y rutas para caminatas con paisajes hermosos. Pero la característica que más se destaca es un misterio de décadas que enorgullece a sus habitantes. Casi la mitad quienes son sepultados en las bóvedas del cementerio local se convierten en momias después de cinco o seis años, dicen sacerdotes y trabajadores del lugar. Los cuerpos resultan con rasgos, cabello y ropa bien preservados.

Siempre ha sido un enigma completo, dijo Barbosa de 31 años. Le digo a la gente que están hablando con una momia viviente, porque hay posibilidades de que lo seré un día.

La prueba está en un pequeño mausoleo y museo en la parte posterior del cementerio. Contiene 11 momias dentro de urnas de vidrio de residentes locales nacidos aproximadamente en el último siglo. Los ejemplares son comparados con las momias antiguas de Egipto o incluso las de Guanajuato en México, que fueron enterradas luego de una epidemia de cólera en 1833.

En San Bernardo, la mayoría de las momias lucen la ropa y los zapatos con los que fueron enterrados. Sobre ellos cuelgan fotografías de cuando eran jóvenes. Unas placas ofrecen descripciones personales, como Margarita fue una ama de casa dedicada, siempre ofrecía arepas y café a todo el mundo.

El padre de Ever Pabón, quien murió hace varios años a los 72 años, es uno de los difuntos expuestos en el mausoleo. El cuerpo yace en un traje gris a cuadros.

La mayoría de la gente que pierde a sus padres los sepulta bajo tierra o los crema y no los pueden volver a ver nunca, dijo Pabón de 58 años, quien visita a su padre cada dos semanas y tiene una foto de su momia en la pantalla del celular. Pero si lo extraño, lo puedo ver en cualquier momento, y se ve igual a como se veía en vida.

Los residentes locales y expertos en momificación están de acuerdo con que San Bernardo es un lugar poco probable para lo que se conoce como momificación espontánea, un fenómeno que ocurre de forma natural, sin líquidos de embalsamamiento ni otras técnicas. El clima en el lugar no es excesivamente seco, como en el norte de África, tampoco llega a niveles de congelamiento como el entorno alpino que preservó a tzi, el cuerpo prehistórico descubierto en 1991.

La temperatura de San Bernardo ronda los 20 grados centígrados durante el día, con lluvias suficientes para los cultivos de maíz, cebolla y habichuelas de la región.

Los trabajadores del cementerio empezaron a notar el fenómeno de momificación a mediados de los años 60, luego de la apertura de un nuevo campo de sepultura. En Colombia, además de las tumbas bajo tierra, también existe la modalidad de bóvedas de cemento sobre tierra. Por regulación y espacio, los cuerpos tienen que ser exhumados a los cinco años.

Usualmente los cuerpos en estas bóvedas se deterioran después de uno o dos años, pero ese no ha sido el caso en San Bernardo, donde se cree que la mayoría de los que son puestos en bóvedas se momifican, al menos parcialmente.

Hmmm, dijo Ronn Wade, miembro del Congreso Mundial de Estudios sobre Momias, una organización internacional, cuando se le preguntó sobre el fenómeno en San Bernardo. Podría ser por la dieta, el ambiente o incluso las bóvedas de cemento donde son puestos.

Sería agradable tener una explicación, añadió Wade, quien dirige el Departamento de Servicios a Anatómicos de la Universidad de Maryland.

Quienes viven en San Bernardo tienen muchas. La más común es que los residentes comen mucha guatila, una especie de hortaliza que en otros lugares de América se conoce como chayote, chuchú o papa de pobre, entre otros nombres. Las personas de la región la hierven como una papa o la usan para postre. Dicen que este alimento mantiene saludable a las personas en vida y las preserva después de la muerte. También le dan crédito al balú, una leguminosa.

El primo de mi abuelo estaba parcialmente momificado cuando los sacaron de la bóveda hace algunos años, y eso nos emocionó, dijo  Alejandro Cano, un asesor agrícola del pueblo, quien dice que su familia es gran consumidora de guatila. Cuando sacan a alguien de la bóveda todos se preguntan, ¿estará o no estará?.

Otras teorías incluyen el ángulo de la luz solar en el cementerio, radiación en la tierra, una vida con poco estrés, o la piedad ejemplar de los residentes de San Bernardo.

Wade sospecha que puede ser algo en la mezcla del cemento en las bóvedas, lo que puede llevar a un entorno excesivamente seco adentro. Los investigadores colombianos dicen que dar con la causa es complicado por el hecho de que las familias no quieren que sus seres queridos sean perturbados para ser estudiados.

Cualquiera que sea la causa, es muy local, dijo  Gonzalo Correal, profesor de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y quien ha estudiado las momias de San Bernardo.

Barbosa está tratando de captar la atención para el museo, ubicado a unas tres horas en auto de la capital, Bogotá. Hasta ahora, el departamento de Cundinamarca ha añadido el mausoleo a su lista de atracciones que los visitantes no se deben perder. Los fines de semana y días feriados hasta unas 300 personas llegan a la población a ver las momias, dijo, pero el pueblo necesita más publicidad.

El funcionario mantiene conversaciones con una agencia de viajes en Bogotá para que incluya a San Bernardo como una parada en las excursiones por Colombia. También ha estado en contacto con una organización de museos nacionales para formar una alianza que dé acceso gratis al mausoleo de San Bernardo a los visitantes de los principales museos del país.

Pero hasta ahora, las iniciativas no han despegado. Barbosa dice que ha llegado a pensar que ver momias no es para todo el mundo. Para nosotros es normal, señaló, aunque supongo que algunas personas lo pueden ver como un irrespeto.

También hay residentes locales que no están muy ansiosos por que lleguen extraños a ver a sus familiares dentro de urnas de vidrio.

La gente solía entender que estas momias eran la herencia de nuestro pueblo, dijo  Dora Monroy, la gerente del mausoleo. Era un honor tener a alguien ahí. Ahora tienen miedo de que la gente vengan se tome una foto y se burle de ellos. 

Sara Schaefer Muñoz
Colombia
Dow Jones

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