¿Es tan difícil de comprender?

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En las últimas semanas he visto con preocupación, y mucha extrañeza, la forma violenta como los indígenas que se oponen al proyecto Barro Blanco han tratado de imponerle sus criterios al resto de los ciudadanos mediante cierres de calles y manifestaciones que pretenden lograr que el Ejecutivo ordene la destrucción de esa hidroeléctrica, cuya construcción ha sido desarrollada por una empresa privada y que registra un avance de más de 90%.

Como si esto fuese poco, un grupo de moradores del distrito de Bugaba, en el Oriente de la provincia de Chiriquí, también salió a las calles para exigir que se suspenda la construcción de varias mini hidroeléctricas en esa zona, argumentando que las mismas restringen el paso del agua, limitando las posibilidades de utilizarla tanto para el consumo humano como para la producción agropecuaria, mientras que en La Chorrera, otros ciudadanos exigen el cierre de la planta de generación termoeléctrica ubicada en una zona rural, en las afueras de esa ciudad de Panamá Oeste.

Y me disculpan que vuelva una y otra vez a machacar este mismo tema, pero me pregunto si todos estos señores comprenden realmente lo que están solicitando y su impacto en la economía del país y la vida de sus ciudadanos. Lo digo porque si no queremos termoeléctricas y tampoco hidroeléctricas la pregunta lógica es: ¿De qué forma obtendremos la energía que el país requiere para mantener en marcha su economía, generar empleos y mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos?

Lo ideal sería contar con muchas plantas a base de luz solar y viento, pero es sabido que la generación de energía mediante estas fuentes alternas no solo son más costosas, sino también que tienen una disponibilidad limitada, lo que significa que no siempre se puede contar con su aporte, algo grave para un sistema con altos niveles en consumo de energía. 

Lo menciono porque no hay que olvidar que tan solo el pasado 13 de mayo de 2015 el país registró un nuevo record histórico con 1.607 megavatios (MW, por sus siglas en inglés), mientras que el pasado 18 de julio el consumo se ubicó en  1.566 MW, algo preocupante si se toma en cuenta que la potencia firme que pueden ofertar las plantas generadoras que conforman el sistema energético nacional se ubica en 1.814,26 MW, lo que indica que la diferencia entre potencia firme y demanda se ubica tan solo en 248,26 MW.

Además, si tomamos en cuenta que la demanda de energía, de acuerdo con la Secretaría Nacional de Energía, se incrementa en un 5%, eso significa que el próximo año, para esta misma fecha la demanda máxima podría rondar fácilmente los 1.644,3 MW, superando el máximo histórico de mayo de este año.

Es decir que si el país no incorpora a su sistema la planta de Barro Blanco, las mini hidroeléctricas que se desarrollan en Bugaba y la planta térmica de La Chorrera, que acaba de ser reparada debido a los daños provocados por un desafortunado incendio,  la distancia entre la demanda y la potencia firme podría reducirse a tan solo 169,96 MW.

A mí me parece que las cifras son contundentes y que aunque sea difícil de aceptar, el país requiere de toda la energía que  se pueda generar mediante el uso de fuentes hídricas y de combustibles fósiles, porque aunque existe la opción de importar parte de la demanda y utilizar otras fuentes para la generación, su papel en sistema, por el momento es bastante marginal.

Por supuesto, todo esto que hoy discutimos será más fácil de entender si al final el Ejecutivo sede a las presiones de estos grupos organizados y se paralizan los proyectos de generación de energía, pues con una electricidad más cara y apagones constantes seguramente quienes hoy protestan contra el progreso, saldrán a las calles a protestar por mejores precios y un servicios eficiente.

Hitler Cigarruista
hcigarruista@capital.com.pa
Capital Financiero

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