Europa reprobará el examen de valores sobre los refugiados

La crisis está obligando a las personas a estar a la altura de sus convicciones de maneras costosas e inconvenientes.

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Ángela Merkel, la Canciller alemana, tiene razón en cuanto a que la actual crisis de refugiados está obligando a Europa a considerar si puede estar a la altura de sus propios valores autoproclamados. Desafortunadamente, la respuesta probablemente sea «no».

Durante casi 500 años, las naciones europeas dominaron, colonizaron y poblaron el resto del mundo. Después de 1945, los países de Europa Occidental se suscribieron a un nuevo conjunto de valores post-imperialistas y post-fascistas, basados en los derechos humanos universales y consagrados en documentos como la Convención de la Organización de Naciones Unidas (ONU) de 1951 para los refugiados.

Pero a los desesperados y desposeídos del mundo se les mantuvo alejados, mientras los europeos continuaban disfrutando de algunos de los mayores estándares de vida del mundo. Al observar las angustiantes imágenes de las hambrunas o las guerras en el «tercer mundo», los europeos limpiaban sus consciencias mediante donaciones a la caridad o asistiendo a un concierto benéfico.

Ahora la crisis de refugiados está obligando a los europeos a estar a la altura de sus valores de maneras que probablemente sean costosas, inconvenientes y que acelerarán cambios sociales de gran repercusión. Sería reconfortante creer que las multitudes que se presentaron a recibir a los refugiados sirios que llegaron a la estación de Múnich demuestran que Europa respetará sus compromisos en su totalidad. También sería peligrosamente cándido.

Ya hay señales de que incluso el gobierno alemán está cambiando de parecer acerca de las cifras involucradas. Los alemanes podrían avergonzar e intimidar a sus socios europeos para compartir la carga de refugiados, a través de un sistema de cuotas. Pero literalmente los números no tienen sentido.

La Comisión Europea ha propuesto que la Unión Europea (UE) acepte 160.000 refugiados. Esto representa un aumento considerable en comparación con los 40.000 que la comisión propuso en julio pasado. Pero ya existen 4 millones de refugiados sirios viviendo fuera de su país. Solamente Alemania espera 800.000 solicitudes de asilo, de Siria y otros países, este año.

La idea de que Alemania ha decidido ahora aceptar a todos los sirios al parecer inducirá a más refugiados de los millones de ellos atrapados en campamentos en Turquía o el Medio Oriente a intentar el peligroso viaje hacia Europa. Los sirios no son el único grupo de deses-perados. También hay, colectivamente, cientos de miles de eritreos, afganos e iraquíes en marcha.

En algún momento, la desesperación y las esperanzas de los refugiados probablemente choquen con los miedos y resentimientos de los votantes europeos. Los miembros orientales de la UE han dejado bien claro su descontento con las cuotas de refugiados. Recientes encuestas de opinión también muestran que la mayoría de los franceses se oponen al relajamiento de las regulaciones de asilo, y la mayoría de los británicos apoyan la decisión del gobierno de Cameron de no aceptar las cuotas exigidas por la UE.

Estas reacciones no deben sorprender a nadie. El miedo que Europa les tiene a los inmigrantes ilegales y a aquellos que buscan asilo también se reproduce en Australia y Estados Unidos (EE.UU.) países ricos con mayoría de raza blanca que alguna vez fueron apéndices de la civilización europea. En Australia, el gobierno de Tony Abbott llegó al poder después de prometer «detener los botes» de potenciales refugiados que se dirigían a las costas australianas.

En EE.UU., el notable surgimiento de Donald Trump como un candidato serio a la candidatura presidencial por el Partido Republicano está impulsado, en gran medida, por su habilidad para utilizar el temor a la inmigración ilegal. Los expertos descartan el plan del señor Trump de deportar 11 millones de inmigrantes ilegales y construir un muro gigante a lo largo de la frontera con México como algo impráctico e inmoral. Pero el repunte del señor Trump ha obligado a otros republicanos a adoptar posiciones similares.

Thomas Edsall, un astuto analista de la raza y la política en EE.UU., plantea que en su uso de la inmigración «Donald Trump es parte de un movimiento que está ganando ímpetu entre personas de la raza blanca en el hemisferio Norte», incluyendo a Europa. Como señala el señor Edsall, buena parte de esto tiene que ver con la raza. Alrededor de 50,5 millones de estadounidenses ahora son hispanos y muchos estadounidenses blancos se sienten amenazados por ese hecho. Los temores de los blancos adquieren otra arista en Europa, donde la inmigración musulmana aviva las preocupaciones por el terrorismo y la cohesión social.

La ley internacional sugiere que Europa debe ofrecerle asilo a todo refugiado verdadero que llegue a la UE. La realidad política sugiere que los números involucrados serán demasiado grandes como para mantener el apoyo doméstico para semejante política. En ese momento, los políticos europeos intentarán escapar de sus compromisos probablemente tratando de evitar que los refugiados lleguen a la UE en primer lugar.

Si los políticos europeos van por ese camino, serán acusados con razón de no estar a la altura de los «valores europeos». Pero, en realidad, enfrentan un conflicto de valores. La señora Merkel ha dicho que Europa tiene la obligación moral y legal de aceptar refugiados verdaderos. Pero los políticos que operan en una democracia también tienen la obligación moral y legal de respetar los deseos de sus electores.

Gideon Rachman
Financial Times

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