Fatalidad arnulfista y crisis de la alianza

Fatalidad arnulfista y crisis de la alianza

Jaime Porcell
Investigador
de Mercado

 

Un solo partido vivencia con mayor intensidad el drama del tremor al pie del precipicio, la incertidumbre; en fin, el caldo del heroísmo. No es el enorme PRD. Tampoco la esperanza blanca de un Cambio Democrático que navega con viento de cola. El embrujo esotérico, la inexplicable  magia  se pierde en la historia.
Año 1951 saco blanco ensangrentado en la siniestra. Colgada a su diestra, Ana Matilde Linares. Detrás, cual testigo mudo, las  escalinatas de la presidencia. Un enjambre de rifles militares apunta. Este ser ascético los mira como merecen, para luego tronar una advertencia premonitoria que cala los huesos del golpismo traidor: Volveremos.
La biografía de Arnulfo  -¡increíble! todavía espera autor- habla de un asceta signado por fuerzas astrales. Su destino, lo supo siempre,  significó alternar entre poder, cárcel y destierro.
Me consta, la predestinación late aferrada al inconsciente del colectivo panameñista. Agazapado en el insondable irracional pervive el mandato astral: la presidencia como destino fatal inevitable.  Mireya  admite, sintió su llamado.
Cambio Democrático 2014, sin candidato propio, terminaría devaluado. El presidente acepta equivocación al prometer encabezar a Varela. Luce inclinado a la interpartidaria, y advierte a nadie se regala una cabeza de nómina, debe ganarla, etc..
El líder panameñista resiste. Inscribe 50.000 nuevos adherentes. Lástima, pelea de burro amarrado contra tigre suelto, CD inscribiría el doble en una sola jornada. Varela permanece atado a la estrella Martinelli. Levanta y baja en encuestas al ritmo del Presidente. La dependencia también  plantea otro riesgo, dormir con el enemigo.
El ansiado dedazo no sólo corre  contra la participación democrática. Además, coarta posibilidades. Desde las primarias PRDs de 1998  sembramos un el ungido Martincito. Derivamos a  Mireya es el cambio.  En mayo 99, termina arrollado. En el  2004, como investigador advertí: José Miguel Alemán debe tomar distancia de la presidenta Moscoso. Quien pagó con la distancia semejante osadía fue este encuestador. Candidato y partido escoraron terceros.
La historia, decía Arnulfo, repite en espiral. Hace medio siglo y más, el precandidato de la poderosa Coalición Patriótica Nacional, el intelectual  y empresario Ernesto De La Guardia  escurrió un depón, yo te apoyo en la próxima.  En la campaña 1960, un embaucado Ricardo Dicky Arias reclamaría incumplimiento del apoyo oficial. En pasaje histórico, inaudito entonces, Ernestito inviste como presidente al liberal opositor Roberto F. Chiari.
Columna tras columna, advertí  de las verdades incontrovertibles del personaje más creíble del momento: el presidente Ricardo Martinelli. Fue por gusto. Derrapé al apelar a un racionalismo, odioso por opuesto al concepto tranquilizador, hermoso, de la predestinación. Cómo sacudirlo del inconsciente cuando aquel  retumbante y  digno volveremos ha guiado en las tormentas el camino cósmico de la estrella arnulfista.
Un Varela, ciego de fatalidad, entendió su deber escopetear a cuanto soldado aliado dudara. Así, monteó diputados CDs, a los reeleccionistas Gálvez y Pineda, como al mismo Hernán Delgado impulsor de la segunda vuelta. Intenté,  ahorrara pólvora en rasos. Resultaba evidente de dónde provenía la instrucción.
Sólo la detonación de una crisis convenció, no existe unción posible. No queda otra, emprender cuesta arriba la captura de las grandes oportunidades  que abren interpartidarias o segunda vuelta.  Mas, cómo capturarlas, si la sabrosura erótica del gobernar mantiene ausentes a sus dirigentes principales.
En esta crisis, el panameñismo lució huérfano de heroicidad  – soy yo el advenedizo quien lo reclama- por el olvido en que languidece Arnulfo. Mi sinrazón entiende la disculpa Varela colgada en Twitter,  como penitencia por incumplir con la urgencia de dignidad exigida por el destino fatal. ¿Será Juan Carlos capaz de afrontar este julio el sacrificio máximo de abandonar las mieles del poder para fidelizar la renovada base de adherentes? Sólo la heroicidad vence el tremor al pie del precipicio.
La historia, también advierte Marx, repite, primero en drama, luego en clave comedia. El columnista-investigador hoy ya no será odioso, si no, necio hazmerreír. Cuán lejos queda también a mi aquel ascetismo ejemplar.

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