FinCEN Files: ¿Quis custodiet ipsos custodes?

FinCEN Files: ¿Quis custodiet ipsos custodes?

¿Quién vigilará a los vigilantes? Este problema lo plantea Platón en su obra República y a lo largo de la historia ha servido, en el ámbito político, para sustentar la separación de poderes en tres órganos del estado: Ejecutivo, Legislativo y el Judicial.

Es decir, que el poder decisivo no debe residir en un solo grupo. Lo que ha demostrado la fuga de documentos, denominada FinCEN Files, es que esta situación se sigue dando en el siglo 21 puesto que los países menos desarrollados hemos cedido el derecho de vigilancia sobre el sistema bancario mundial a unos cuantos.

Hemos permitido que un grupo de burócratas europeos en el Grupo de Acción Financiera (Gafi), que no es más que un satélite de la Unión Europea (UE) que, a su vez, es un grupo de chupamedias de Alemania y Francia, sean los que impongan a su antojo quién y cómo debe ser sancionado un país “infractor”.

No hay que ser especialista, pero sí ser capaz de entender que -como toda emboscada- los ataques han sido premeditados para hacer el mayor daño posible y que mientras los países desarrollados acusan a los sistemas bancarios de los países de tercer mundo de fomentar, permitir y ocultar el blanqueo de capitales, sus bancos nunca han dejado de lavar dinero copiosamente. Nunca.

Ningún sistema bancario se escapa del blanqueo de capitales y ningún país condena prisión a cualquier persona natural involucrada en el manejo de los fondos si es un ejecutivo de un banco de prestigio mundial.

La inmunidad de los delincuentes de cuello blanco, descrita por Edwin Sutherland en 1939, sigue vigente.

Pero no me crean, pues tengo la gran debilidad de probar con hechos y cifras lo que sostengo y no ando acomplejado auto flagelándome en todas las esquinas como si Panamá fuera México, Venezuela o Zimbabue.

Un artículo publicado en Icij.org por Fergus Shiel, de 22 de octubre de 2020, establece que “Basado en miles de documentos secretos obtenidos por BuzzFeed News, los FinCEN Files revelan como gigantes de la banca occidental se enriquecieron mientras facilitaban el movimiento de dinero para oligarcas, terroristas, narcotraficantes y estafadores. Los documentos, secretamente enviados a una unidad del departamento del tesoro norteamericano denominado Financial Crimes Enforcement Network (FinCEN), detallan movimientos sospechosos de dinero por más de $2,000 billones de dólares ($2,000,000,000,000.00) entre 1999 y 2017.”

Usar al banco inglés HSBC como dechado es como pegarle a un borracho, pero es uno de los mejores ejemplos de que Panamá no tiene nada de que sentirse culpable, que en países europeos y del primer mundo se lava dinero por pura avaricia sin importar los muertos que ponemos en América Latina o los adictos que se multiplican en sus países. El libro Big Dirty Money de la abogada graduada de Yale y Harvard, Jennifer Traub (Viking, pág.  xxvi y xxviii, 2020), establece: “Por años, el gigante basado en Londres, HSBC blanqueó dinero para los carteles de drogas de México y Colombia. En el año 2010, el gobierno estadounidense castigó a la subsidiaria de dicha institución en Estados Unidos (EE.UU.) con un acuerdo procesal que equivalía a darle libertad condicional. Pero ningún ejecutivo fue imputado y menos encarcelado. Para un banco que se ganaría $22.6 mil millones al año siguiente, la multa de $2,000 millones para resolver las demandas civiles y penales resultó la ganancia de un mes”. Continúa Traub: “¿Nos debe sorprender que departamentos de HSBC fueron reincidentes y evitaron causas criminales, nuevamente, gracias a dos acuerdos procesales en 2018 y 2019?”.

Ante las pruebas fehacientes de que los países desarrollados discriminan en contra de los países con sistemas financieros que buscan competir con ellos y que estos no hacen nada para impedir, al menos hasta este año 2020, el lavado de dinero en sus bancos, ¿Cuál fue la respuesta de nuestro gobierno nacional? Retrasar nuestro informe en la plenaria de Gafi de este año, algo que países como Albania, Botsuana, Camboya, Ghana, Mauricio, Pakistán y Zimbabue lograron hacer sin esconderse en la excusa de la pandemia que nos azota a todos los países por igual. Triste.

Debe quedarle claro al lector que mientras los países europeos atacan a nuestro país, sin misericordia, sabiendo que somos acomplejados y temerosos, ellos no han hecho absolutamente nada para evitar y castigar el lavado de dinero en sus regiones. Nada.

Panamá debe pedir, junto a otros países, la creación de un ente que vigile a los vigilantes -a nivel de la Organización de las Naciones Unidas- evitando de esta forma los abusos que se están dando y los constantes ataques a la imagen y dignidad de nuestro país.

Misonius Rufus
Abogado y analista internacional

 

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