Ganadería y cambio climático

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El clima y el nivel de emisiones de los países en los próximos años será el agente importantísimo en la transformación de las reglas de desarrollo de la vida y economía global. Desde 1958 hasta 2010 la tendencia de la producción de gases de efecto invernadero (GEI) es creciente, a pesar de los protocolos vigentes de control de emisiones.

Panamá está experimentando cambios en su cobertura vegetal y en especies cultivadas por efecto del cambio climático. Se estiman pérdidas del 15% de los bosques y una expansión agropecuaria de casi 72% del territorio.

Las predicciones al año 2010 para Panamá no son alentadoras, indican un incremento de la agricultura en 50% y en la misma medida los bosques habrán disminuido y los paisajes más importantes, como: Manglares, pantanos y humedales habrán desaparecido.

Actividad ganadera en Panamá

Según el Censo Agropecuario 2011, el 37% de la superficie del territorio se encuentra bajo uso agropecuario, este uso supera en 12% la capacidad potencial señalada para esta actividad. Hay tierras que no son para agricultura que están siendo utilizadas para eso con las consecuencias de agotamiento e infertilidad del suelo.

El Programa de Acción Nacional (PAN) ha identificado que en Panamá existe un total de 2.078.757 hectáreas (Has) de suelos afectados por procesos de sequía y degradación, aproximadamente el 77% del total de área dedicada a actividades agropecuarias.

La superficie dedicada a la producción de pastos en Panamá es de aproximadamente 1.764.095 Has con una población bovina de 1.633.800 animales para una densidad aproximada de 0,93 animal por Ha. Estos sistemas productivos tienen una alta dependencia de la estacionalidad climática.

La producción de GEI por la ganadería 

La actividad ganadera se vincula directamente con el incremento de tres tipos de gases de efecto invernadero: Dióxido de carbono (CO2), óxido nitroso (N2O) y metano (CH4) cuyas proporciones son de 37%, 9% y 65%, respectivamente. Cada gas procede de diferentes fases del sistema: El CO2 cuyo origen principal es la deforestación por el cambio de uso de suelo y quema de combustible fósil para procesos de producción. El N2O y el CH4 son por utilización de fertilizantes y los procesos animales como: Digestivos del bovino y manejo del estiércol.

En 2011 se realizó en la provincia de Los Santos un estudio de comparación de emisiones de GEI. Entre fincas con manejo tradicional (F1) que se caracterizan por: Pastoreo extensivo el cual es la base de la alimentación, sin estrategia de suplementación y con baja o nula utilización de insumos externos. La mayor proporción en área de forrajes está compuesta de pasturas naturales o naturalizadas y en menor proporción con pastos mejorados. Y fincas con manejo mejorado (F2) donde: Predominan las pasturas mejoradas, el manejo rotacional en cuadras que es en la época lluviosa, ya que la disponibilidad del forraje es buena (finales de mayo a noviembre) y en la época seca (diciembre a inicio de mayo) el productor maneja estrategias de suplementación en los potreros con forraje de corte, heno o silos.

Esta comparación concluye lo siguiente: Las fincas F1 tienen un balance negativo de emisiones, es decir, emiten más gases de los que remueven de la atmosfera. Las fincas F2 tienen un balance positivo, es decir remueven más gases de los que emiten. Las fincas F1 emiten en promedio de CO2 al año. Las F2, 2.300 kilogramos de CO2 anual.

La manipulación de la dieta es el factor principal para mantener los niveles productivos y evitar el incremento de las emisiones de GEI por lo que es necesario utilizar estrategias de suplementación para la época seca.

En los usos de suelo donde hay más presencia de árboles: Cercas vivas y corredor ribereño hay mayor    contenido de carbono   en el suelo y de carbono en el estrato arbóreo.

Es importante plantear a nivel nacional una política de incentivos por servicios ambientales, ya que los sistemas productivos ganaderos tienen un alto impacto ambiental que se debe y se puede mejorar.

Qué podemos hacer

Adaptación: Este término se refiere a los cambios en procesos, prácticas o estructuras para moderar o contrarrestar los daños potenciales o tomar ventaja de las oportunidades asociadas con los cambios en el clima.

Los sistemas silvo pastoriles (SSP) son una opción de producción pecuaria que involucra la presencia de leñosas perennes, interactuando con forrajeras herbáceas y animales bajo un sistema de manejo integral tendiente a incrementar la productividad y el beneficio neto del sistema en el largo plazo. La combinación de plantas incrementa la capacidad y producción de biomasa, además la recuperación del carbono orgánico fijado en el suelo. Las investigaciones han evidenciado que la conversión de sistemas de monocultivos a agroforestales podría triplicar las existencias de carbono, de 23 toneladas a 70 toneladas por hectárea en un período de 25 años.

Se requiere entonces que los productores cambien sus sistemas productivos en las fincas; de manera que incluyan SSP, por ejemplo: Cambiar a cercas vivas con forrajeras arbustivas; bancos forrajeros, incluir más árboles dispersos en los potreros, que pueden ser maderables, y eventualmente producirán ganancias adicionales. Las inversiones para estos cambios varían entre $400,00 y $800,00 por Ha. Vale destacar que las bondades de estos sistemas es que aumentarán la resistencia de la finca ganadera ante la variabilidad climática que no parece disminuir en el corto ni mediano plazo.

Para que esto sea viable, se requieren políticas consistentes de apoyo crediticio a productores para este tipo de inversiones con plazos de amortizaciones más extendidos de diez a quince años mínimo, porque en temas agropecuarios no se puede apresurar a la naturaleza.

Virginia Vergara Castañeda. MSc
anabelvergarac@yahoo.com
Miembro del Colegio Nacional de Economistas de Panamá

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