Gobierno neutral desde Ernestito hasta Ricardito

Gobierno neutral desde Ernestito hasta Ricardito

Jaime Porcel

Investigador de mercado

Elecciones 1960. Abajo la Coalición, ¡viva Chiari con la oposición!, pregonaba el pegajoso y premonitorio calipso.

Hasta entonces, la ciudadanía observaba callada como caudillos, léase Porras, Chiari, Arias, y un largo etcétera, eternizaban su dominio sobre la sucesión presidencial con el fraude, la coacción moral al funcionario público y el uso de recursos del estado en campañas. La carencia de neutralidad oficial negaba alternabilidad y equidad a candidatos opositores.

El empresario y periodista, primer presidente con alias en diminutivo, Ernestito de la Guardia III, empecinado en mantener la neutralidad del gobierno, rompe la viciosa práctica de volcar, al candidato oficial, los recursos del estado. Por primera vez en casi seis décadas, realiza elecciones prístinas. Acometería otra rareza, entregar la presidencia al ganador y liberal opositor Rodolfo Chiari, en un ambiente de escaso reclamo moral casi monopolizado por la izquierda.

Medio siglo transcurre. Apenas avanza el primer semestre del mandato. Ricardo Ricardito Martinelli, refresca la promesa electoral girada un año antes. En Soná, declara al panameñista Varela próximo presidente. Nunca entendí qué o quién apresuró semejante urgencia de retomar prácticas de unción, más afín a tiempos que creímos idos. Menos cuando, a ocho meses transcurridos, el presidente camina en contravía del pacto al declarar hay que ver qué sucede de aquí al 2014. Para profundizar la suspicacia de la trama, aparecería el diputado Cheyo Gálvez y su reelección inmediata.

Si la historia repite, primero como en drama, luego en clave comedia, ¿estaremos presenciando el primer acto de un reprise comediado del desmadre ´68?

Primer acto: 1964. El aspirante liberal Marcos Robles suma como vicepresidente al Republicano Max Delvalle, previa promesa de apoyar su candidatura. Bastaron tres años de mandato para recular y ungir al liberal David Samudio.

Segundo acto: Una Asamblea -apenas ayer leal al ejecutivo, y ahora reacomodada como opositora enjuicia a Robles. Aun con pruebas insuficientes, en enero ´68 lo destituye por utilizar recursos del estado en campaña y coacción moral al empleado público. En abril, la Corte Suprema, bajo égida del ejecutivo, lo restituiría.

La Guardia Nacional, elevada a fiel de la balanza del drama, sostiene a Marcos Rifle. El 12 de mayo, Robles celebra unas elecciones donde priman descarnados, el insulto, el robo de urnas y destrucción de recintos electorales, coacción moral, aunados al terror de los pie de guerra oficialistas.

Acto final: En octubre 1968, los militares golpistas reclamaron la crisis moral. Antes de bajar el telón a la democracia e instaurar 21 años de dictadura, declaran ilegales por una década a los partidos.

Regresamos a enero 2011. El panameñismo quien calificaba, y segunda vez consecutiva, como tercero en votación, clama por revitalización. Pero, la dirigencia permanece más preocupada por que el vicepresidente, ministro y pre candidato Varela, marca debajo del CD Guillermo Ferrufino. La facción contraria airea suspicacias con que Martinelli lo mantenga en el círculo íntimo. Demasiada cercanía hace al presidente panameñista iniciar peregrinaje en el laberinto con marcada dependencia de la figura presidencial.

Admiré, por estratégica para su candidatura, la forma vertical en que Varela exorcizó la amenaza Cheyo lo que granjeó respeto ciudadano. Además, poseo evidencias, lo hizo imbatible en el partido, por ahora.

Para Varela, resulta un lío definir distancia-cercanía con un mandatario cuya imagen enorme pesa dentro como fuera, sin olvidar el instinto empresarial de jugar para uno mismo. Aquél exorcismo devino en inesperado pre test que permitió sopesar las consecuencias de comunicar alguna independencia.

Otra sonda imprevista: La carta pública 2011 del presidente a su gabinete. Según entendidos, el destinatario tras bambalinas era Juan Carlos. En aquella distancia-cercanía, sin querer o adrede, la misiva embonó exacta.

Unos meses antes, y desde las sombras, el poderoso sector represor evitó que medios enfocaran a Juan Carlos como el pacificador de Changuinola. La carrera 2014 ya inició.

Ciegos de ambiciones, ningún político entendió que la actitud moralizante de Don Ernesto anunciaba futuro. Las prácticas oligárquicas vergonzantes abrieron la puerta a dos décadas de dictadura. A cincuenta años, inquieta demasiado el dejavú de un país y Asamblea divididos como consecuencia de la reelección inmediata.

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