Grecia y la crisis de la deuda de los 80

Grecia y la crisis de la deuda de los 80

En estos días hemos visto llamados a enfrentar los problemas del servicio de la deuda de Grecia, con una reestructuración similar a la aplicada en América Latina a fines de los 80. Si bien hay argumentos sólidos a favor de una reestructuración, con una rebaja pactada de la deuda, es importante tener en cuenta que la reestructuración por sí misma no es una panacea. Errores en su aplicación podrían profundizar la crisis en Grecia y al mismo tiempo agravar los problemas financieros en el resto de Europa. La experiencia de América Latina en los 80 entrega algunas lecciones interesantes para identificar condiciones que pueden facilitar una reestructuración exitosa.
En esa ocasión vimos un proceso muy similar al actual: En una primera etapa los gobiernos del   G-7 y las multilaterales se concentraron en proveer liquidez, bajo el supuesto que al retornar el crecimiento, los países podrían volver a servir su deuda. Nadie aceptaba considerar reducciones de deuda debido a que la deuda de Latinoamerica con los grandes bancos norteamericanos era superior al capital de estos últimos.
Al cabo de un par de años quedó en evidencia que eso no era suficiente. Los bancos privados no estaban prestando, los países no crecían y la liquidez apenas alcanzaba para cubrir los vencimientos con la banca. Las multilaterales estaban salvando los bancos mientras pasaba el tiempo sin una solución clara. Es así como se lanzó el llamado Plan Baker, con características muy parecidas a los paquetes de rescate europeos aplicados en Grecia, Irlanda y Portugal: Se extendieron plazos y rebajaron intereses, con apoyo financiero de las multilaterales y gobiernos de países desarrollados para que los gobiernos deudores aplicaran reformas estructurales para relanzar el crecimiento.
Mientras tanto los bancos privados bajaron su exposición en Latinoameirca junto con recapitalizarse y aumentar sus provisiones. Sin embargo, hacia 1988 había una evidente fatiga de deudores, con varios países viviendo crisis inflacionarias, y por otra parte crecía la oposición en Estados Unidos a rescatar a los bancos privados con dinero de los contribuyentes.  En 1989 se lanza el Plan Brady que ofrecía a los bancos acreedores dos opciones: un canje de la deuda vigente por bonos garantizados por multilaterales (y algo de efectivo aportado por los gobiernos de G7) a un descuento ligeramente inferior al de mercado, o aportar financiamiento fresco en proporción a su exposición a la deuda del respectivo país.
Un par de años después, dos tercios de los países de la región habían entrado en este tipo de arreglos, su deuda fue rebajada en promedio un 30%, habían regresado a los mercados de capitales y estaban creciendo. Los bancos ganaron al recuperar una elevada proporción de sus acreencias y las multilaterales volvieron a sus roles habituales.
Esto fue posible gracias a que entre 1982 y 1989 sucedieron varias cosas que pavimentaron el camino para esta salida:
1.    Los bancos acreedores se capitalizaron, constituyeron provisiones o se deshicieron de la deuda
2.    Los gobiernos deudores hicieron profundas reformas estructurales, especialmente en el campo de las finanzas públicas, apertura al exterior, privatizaciones y liberalización de los mercados
3.    Los bancos nacionales que fueron intervenidos durante la crisis fueron saneados y privatizados, lo que en varios casos significó cuantiosos compromisos financieros (contingentes) para los gobiernos o bancos centrales.
Si bien casi todos los países devaluaron, sólo algunos consiguieron beneficiarse de ello, mientras que otros como Argentina, Brasil y Uruguay entraron en agudas espirales inflacionarias.
No cabe duda que una variante del Plan Brady podría ayudar a Grecia a superar sus problemas, especialmente si la alternativa es un default confrontacional, con una casi segura salida del euro. Sin embargo, para que ello ocurra hay que asegurarse que efectivamente se cumplan las condiciones para que la operación tenga éxito. Más tiempo puede ayudar, siempre y cuando los bancos y Grecia lo aprovechen para avanzar en las tres condiciones identificadas más arriba.

Joaquín Vial
Economista jefe América del Sur, BBVA Research

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