Hacia el mercado único digital

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Desde sus orígenes en la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, la historia de la Unión Europea (UE) es la de la construcción paulatina de un mercado único en el que personas, bienes, servicios y capitales puedan circular libremente. El mercado común ya fue el principal objetivo del Tratado de Roma (1957) y se materializó inicialmente en la unión aduanera de 1968, que eliminó las cuotas y los aranceles dentro de la entonces Comunidad Económica Europea. No obstante, toda una serie de barreras no arancelarias desde requisitos de seguridad hasta dificultosos procedimientos administrativos siguieron restringiendo durante años el comercio entre los estados miembros. Por eso, crear un verdadero mercado único que traspase las fronteras de países soberanos no sólo requiere eliminar las prohibiciones o restricciones expresas a la libre circulación de personas, bienes, servicios y capitales, sino también armonizar la maraña normativa y administrativa que restringe en la práctica aquello que en teoría está permitido. A esa labor de eliminación de barreras, dificultosa pero de gran repercusión económica por las ganancias de eficiencia que conlleva, se han dedicado las instituciones europeas durante las últimas décadas, con algunos periodos más fructíferos y otros de relativa parálisis.

Lejos de ser un estado que se alcance de forma perpetua, el mercado único requiere una construcción permanente, porque las barreras que lo fragmentan cambian o surgen conforme la economía se transforma. Y en los últimos años, las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) están transformando vertiginosamente todos los sectores económicos y dando lugar a nuevos modelos de negocio, en los que el mercado interior también se ve fragmentado por barreras. Ya sea en el comercio electrónico, en los nuevos modelos de distribución de contenidos, en las plataformas de la llamada economía colaborativa o en los servicios de cloud computing y big data, existen obstáculos regulatorios, técnicos o administrativos que imposibilitan o dificultan el desarrollo transfronterizo de estas actividades dentro de la UE. Esta fragmentación del mercado limita el potencial de la economía digital en Europa y supone una desventaja, en comparación con Estados Unidos (EE.UU.), para el desarrollo de nuevos negocios digitales.

Consciente de esta situación, la Comisión Europea (CE) presentó el pasado mes de mayo la Estrategia para el Mercado nico Digital, que incluye un total de 16 iniciativas que se materializarán en propuestas legislativas concretas de aquí a 2016. El comercio electrónico es uno de los sectores en los que la Comisión propone eliminar más barreras, a través de iniciativas para armonizar los contratos y la protección al consumidor, hacer más eficiente y asequible el envío transfronterizo de paquetes y reducir la carga administrativa relacionada con el Impuesto al Valor Agregado (IVA). El resto de iniciativas armonizadoras abarcan los derechos de autor, la política del espectro radioeléctrico, el almacenamiento y procesamiento de datos o la administración electrónica (con un plan para conectar los distintos registros mercantiles).

La Estrategia también incluye iniciativas para garantizar la competencia en los mercados digitales y asegurar un entorno de confianza para los agentes implicados. En este sentido, la CE quiere revisar el alcance de distintas normativas comunitarias, sobre telecomunicaciones, medios audiovisuales y radiodifusión por satélite y cable, para que los proveedores tradicionales y los nuevos compitan en igualdad de condiciones. Además, dado el creciente poder de mercado de algunas plataformas de Internet (como buscadores, redes sociales o sitios de comercio electrónico), se evaluará el papel que desempeñan y se abordarán cuestiones relacionadas con la transparencia, el uso de la información que recopilan y las relaciones entre plataformas y proveedores.

La CE estima que derribar las barreras al mercado único digital podría aumentar en 415.000 millones de euros el Producto Interno Bruto (PIB) europeo. No obstante, habrá que esperar a que la batería de iniciativas se materialice en acciones, planes y propuestas legislativas concretas a lo largo de 2015 y 2016. De la oportunidad de esas medidas, y de la coherencia y las sinérgicas con el próximo libro verde sobre integración de la banca minorista, dependerá que la UE sea capaz de aprovechar el enorme potencial de un mercado de más de 500 millones de personas. En la economía digital, que hace prácticamente irrelevantes las distancias físicas, las fronteras administrativas no deberían ser obstáculos a la innovación y el desarrollo económico.    

Pablo Urbiola
Economista
BBVA Research

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