Hay que poner la barda en remojo

Hay que poner la barda en remojo

La semana que acaba de terminar ha sido agitada, preocupante y decisiva para la economía mundial. Los mercados de capitales internacionales (bolsas) terminan a la baja y los inversionistas muy preocupados por la crisis financiera, tratan de protegerse frente a la incertidumbre global.

Lo que comenzó en Estados Unidos (EE.UU.) en el 2008 con una terminología poco usual, como subprime, activos tóxicos y ninjas desencadenó la mayor crisis financiera desde 1929, cuyas consecuencias las vive diariamente el pueblo estadounidense, carente de empleo e ingresos, endeudados, con un pérdida de sus viviendas, incertidumbre en su sistema de seguridad social y deterioro de la calidad de vida.

Frente a esta situación el escenario se agravó con la posibilidad de un default, que obligó al gobierno y políticos (republicanos y demócratas) a ponerse de acuerdo sobre el límite de endeudamiento del gobierno de EE.UU. y el control del gasto público. Adicionalmente, al debilitamiento constante del dólar estadounidense.

La nota crucial la puso al final de la semana Standard&Poors al rebajarle a AA+ la calificación de riesgo.

Se estima que los países acreedores de Estados Unidos, en su orden China, Japón, Gran Bretaña, y los países exportadores de petróleo y Brasil, serían los principales perdedores. Sin embargo, esto no es del todo cierto, porque los principales acreedores del gobierno de EE.UU. son los propios estadounidenses, sus instituciones financieras, estados, municipalidades y empresarios en general, que concentran la mayoría de los documentos de deuda de la principal economía mundial, hasta ahora.

Los países europeos en su propio calvario, Grecia, Irlanda, Portugal, España e Italia no encuentran la luz en el túnel de la crisis económica que viven. Su insolvencia, déficit fiscal y excesivo gasto público los ha llevado al borde de la bancarrota. La crisis europea ha puesto en evidencia la sobrevivencia del euro y el Banco Central Europeo trata de sostenerlo.

La Unión Europea, que es un proyecto nacido de la trágica experiencia de la segunda guerra mundial, acumuló grandes éxitos políticos al lograr la integración política, migratoria, aduanera y monetaria. Sin embargo, no estableció las reglas económicas y fiscales necesarias para sostener el sistema monetario, y dejó a los gobernantes y políticos a su libre albedrío, produciéndose la actual crisis.

Japón vive una recesión económica producto del terremoto y el tsunami, fenómenos naturales a los que se suma el actual escenario mundial, y se concentra en tratar de fortalecer su economía y recuperarse de esta tragedia. China cambió su estrategia económica aprovechando el nuevo plan de desarrollo quinquenal y se concentró en el fortalecimiento y el crecimiento de la demanda interna de su economía, que representa un mercado de 1.300 millones de personas.

La crisis europea y estadounidense independientemente de quienes fueron y son los responsables de esta situación, tiene un elemento común; es el pueblo quien la sufre y paga las consecuencias, empobreciéndose en su patrimonio, endeudándose su capacidad de pago, perdiendo su vivienda, sin posibilidad de empleo, aumentando la edad de jubilación y deteriorando su calidad de vida y con un futuro incierto.

Panamá debe aprender del actual escenario mundial, y debe evitar un recalentamiento de su economía, que produzca posteriormente una crisis financiera y fiscal. Es necesario recordar que nuestra economía es dolarizada, y que lo ocurrido en  EE.UU. también  nos afectará. Además, la economía panameña es de servicios y en ella se destaca el impacto del comercio internacional y del turismo. Si la crisis económica mundial afecta el comercio y al turismo, además del dólar, Panamá debe estar preparada. Como dice el viejo refrán: Cuando veas la barda de tu vecino arder, pon la tuya en remojo.

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