HP es Harry Potter

HP es Harry Potter

Jaime Porcell

Investigador

de Mercado

 

El tweett presidencial #Respeta HP, trascendió más allá de poner a toda una oposición a salir detrás, los medios, a modificar titulares, y yo mismo, a cambiar artículo. Con apenas 10 caracteres,  habló alto y claro, llegó el futuro.

El desquite presidencial a la cornada de un  toro cibernauta provocó un sonoro ¡ole! en las gradas. El muletazo, aquel HP antológico, queda compilado en el Diccionario Político Sonaeño que el presidente dicta en cada esquina. Su rebote mediático supera con creces a leve queme  o a no sirven  ni pa´ sacar un chivo a mear.  

Como investigador y estudioso de la comunicación, llama la atención lo ramplón y enredado que el HP, Honorable Presidente, se expresa. Lo interesante es lo genuino  que se oye y la enorme credibilidad que despliega.

En plena campaña 2004, tropecé con aquel impulso de reafirmación que lo obliga a transgredir lo tradicional. De mi libro 2008 extraigo  Martinelli desconoció 100 años de hacer política. Hizo todo al revés y rescribió el manual. Hoy añado, sigue sorprendiendo.

La televisión, internet, twitter y facebook, obligan al emisor  a constreñir su declaración a los soundbites, algo así como bocados de sonido. Ya en las grandes comedias del cine norteamericano aparecen ingeniosas refutaciones de 10 segundos que invitan a pensar, mientras  ridiculizan a quien  vacila o irrespeta.

En los últimos años, y bajo las narices de políticos y gobiernos, Internet crea un nuevo vehículo elector- poder. Las recientes caídas de dictaduras bien asentadas en Túnez y Egipto advierten de un ciberespacio capaz de movilizar ciudadanos.

Desde candidato, Martinelli muestra talento especial para incorporar el humor. Diciembre 2008, viste de Santa Claus, el Día de la Madre, aparece en una cuña -Sí mamá, me portaré bien-, retrotrae algo que habíamos olvidado por dedicarnos a amoblar la realidad con los cartones de ideas del siglo pasado, la frescura del chiste.

El político teme la imagen débil ante un electorado que exige firmeza, pero, también realismo y ecuanimidad. Aquéllos parecen más ocupados en acomodar a conveniencia encuestas que en cambiar con los tiempos.  Una contagiosa esquizofrenia del péndulo impulsa la alucinación de, por designio divino,  cada quinquenio la oposición vence.

A pesar que especialistas en salud mental invitan a reírse más, políticos también nosotros, columnistas-  dan una imagen demasiado rígida. Suponen que los electores los toman igual de serios que ellos. Resisten entender que caricaturas,  programas humorísticos de televisión, historietas (Quino, Mafalda, Rius), canciones, todos de la más alta lecturabilidad, viven de sonarles el ridículo.

Estos ensayan una parodia cualquiera que califica como humor para cortos. Y más que hacer reír, ofende la inteligencia. No muchos entienden que aquél es el género más exigente, que entre tirársela de gracioso y caer en gracia existe una borrosa línea.

Cierto que Ubaldo Davis en La Cáscara, Andrés Poveda, Pedrito Altamiranda, Parecen Noticias, Vic, Delmiro, Casimiro Alvarado, las glosas, etc., al tratarla en clave humor la acercan al ciudadano. Mas, en su simplificación del complicado fenómeno, junto a un mandatario en extremo campechano, erosionan la majestad presidencial. No faltará el Torquemada quien los acuse de provocadores de exabruptos tipo autócrata estrangulador de m.

Las presidenciales de 2008 en Estados Unidos representaron el primer gran ejemplo de la eficacia de Internet. La sagaz inclusión de novedades tecnológicas resultó factor decisivo en la victoria Obama. Si bien supuso una transformación perdurable en el modo de hacer política, su calco tampoco opera en Latinoamérica.

Un entrevistado hilvana una declaración ante la cámara por, digamos  razonables dos minutos. ¿Cuánto y qué aparecerá en pantalla? No más que una edición sensata de 10 segundos.

Aunado a los apenas 50 caracteres de twitter, el discurso frondoso terminó podado por obsoleto. Políticos, empresarios, clérigos: que no sea la tijera de un editor quien elija qué tanta racionalidad pone en tu boca. Demasiada cordura hace lucir como un HP sabiondo.

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