Icrict pide al G-20 elevar el impuesto global a las multinacionales a 21%

Icrict pide al G-20 elevar el impuesto global a las multinacionales a 21%

La Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Corporativa Internacional (Icrict, por sus siglas en inglés) conformada por economistas e intelectuales reconocidos internacionalmente -entre ellos Joseph E. Stiglitz, Thomas Piketty, Gabriel Zucman, Eva Joly, José Antonio Ocampo y Jayati Ghosh– consideran que el acuerdo alcanzado por el Grupo de los 20 (G-20) para establecer un impuesto global debe ser considerado como una solución provisional y pidió elevarlo de 15% a 25%.

Según el Icrict el acuerdo por fin se reconoce el principio de que las multinacionales son empresas unitarias que operan en múltiples jurisdicciones, en lugar de una miríada de filiales que manipulan las transacciones entre ellas para pagar la menor cantidad de impuestos posible, pero al optar por un impuesto mínimo global del 15%, en lugar del 21% (o mejor aún del 25%, como ha venido defendiendo el Icrict), el acuerdo juega a favor de Irlanda, una derrota para el resto del mundo.

Mientras que esta reforma podría haber generado más de $200,000 millones de aumento de los ingresos fiscales en todo el mundo con un tipo impositivo del 21%, un tipo del 15% sólo recaudará $100,000 millones.

Y la mayor parte va a parar a los países ricos.

Con un 15%, se corre el riesgo de que este tipo mínimo global se convierta en la norma mundial, escenario en el que los grandes perdedores serán los países en desarrollo, así como las pequeñas y medianas empresas de los países desarrollados, que seguirán pagando el tipo local completo.

Además, el acuerdo sólo se aplicará a las 100 multinacionales más grandes y rentables, afectando sólo a una fracción de sus beneficios, y sus firmantes se comprometen a abstenerse de introducir impuestos a las multinacionales digitales, o a retirarlos si ya están en vigor. Esto no es justo, dicen los miembros del Icrict.

Señalan que las negociaciones han ignorado las propuestas concretas de los países emergentes para garantizar que todas las empresas paguen impuestos en los países en los que hacen negocios, así como su preocupación por que los mecanismos de arbitraje en caso de litigio vayan en detrimento de los intereses de los países en desarrollo.

Las negociaciones se ha llevando a cabo tras la pandemia de coronavirus (COVID 19), en un momento en el que los países desarrollados se están recuperando más rápidamente que los países en desarrollo, que carecen de un espacio fiscal adecuado. Agravar esta divergencia no proporcionando suficientes ingresos para sostener el crecimiento económico en los países en desarrollo es económicamente insensato” agregó.

Los miembros de la Icrict piden al G-20 que considere este acuerdo sólo como una solución provisional que los países en desarrollo se han visto obligados a aceptar. Los países en desarrollo deben conservar la opción de utilizar medidas alternativas, como los impuestos sobre los servicios digitales, que ya generan ingresos en la actualidad.

El Icrict señaló que las negociaciones, que deben continuar bajo la presidencia de Indonesia en 2022 y de India en 2023, deben abrir una nueva ronda de conversaciones que dé voz real a los países en desarrollo.

Los firmantes de la carta abierta concluyen que el G-20 tiene una oportunidad única para abordar la crisis climática existencial y la urgente necesidad de prestar servicios públicos de calidad en todo el mundo y la historia les juzgará severamente si no la aprovechan.

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