Impacto de la Ley 254 en el rol del abogado

Impacto de la Ley 254 en el rol del abogado

Desde sus inicios, la actividad del abogado ha tenido ingredientes adicionales a simplemente brindar una asesoría legal o representar a sus clientes en procesos judiciales.

Nadie busca un abogado que no le inspire confianza y, en la mayoría de los casos, sienta que todo lo que ese abogado le recomienda, lo cree con los ojos cerrados.

Construir una relación de confianza abogado-cliente toma como mínimo 4 años, esto significa que el abogado, aparte de asesorar y producir documentos jurídicos para su cliente, debe entender su vida, su negocio, su familia y hasta conocer las enfermedades que padece su cliente y que, de alguna manera, impactan sus decisiones.

Con la entrada en vigencia de la Ley 254 que modificó diversas leyes en temas de monitoreo y prevención, incluyendo la Ley 52 de 2016 de registros contables, el rol del abogado tuvo que evolucionar en un corto periodo de tiempo.

Ahora, no solamente se trata de ser un asesor legal, un confidente y un recurso al cual acudir, sino que también tiene que indagar más a profundidad sobre las propiedades personales de su cliente bajo todas las estructuras jurídicas panameñas que mantenga y hasta hacer preguntas incómodas sobre cuánto ingreso le representa tener una cuenta de inversión en un banco extranjero o cuánto vale un apartamento en otro país que tiene bajo una sociedad panameña.

En el ejercicio diario de pedir la información contable (mal llamada registros contables) que ahora tiene el abogado, y que dicho sea de paso no sabe nada de contabilidad porque estudió leyes y no números, se dan distintos escenarios que se suman al día a día, que ya de por sí es estresante.  

Entre esos escenarios está el cliente que no entiende nada y que quiere reunirse con el abogado para que, paso a paso, le explique la información contable que debe enviar, por qué debe enviarla, expresar su sentimiento de inseguridad sobre el manejo de dicha información y que el abogado, que probablemente le brinda servicios por muchos años, va a tener que empezar a construir desde cero la confianza con ese cliente, hasta convencerlo que su información va a estar bien resguardada, lejos de hackeos cibernéticos o de robos físicos o pérdida de información. 

También está el cliente que manda un montón de información sin explicar nada, estos son los más difíciles, porque tienes que volver con preguntas incómodas que le caen mal al cliente y así empieza a deteriorarse la relación.

¿Qué bienes tiene debajo de la compañía? ¿Cuánto es el ingreso anual que le representa ese activo? ¿Cuál es el nombre de la persona responsable de elaborar la contabilidad de su compañía? Todas estas preguntas molestan, sí, porque incluso si me las hacen a mí, no entendería la necesidad de entregar esas respuestas.

Como mencioné arriba, el abogado tiene que explicar qué información contable necesita recibir de su cliente.

¿Cómo un profesional idóneo en leyes empieza a brindar asesoría contable?, obviamente esto es imposible, es entonces cuando el abogado entiende que debe contratar un contador autorizado que lo lleve de la mano y le revise la información, le confirme si todo lo que se recibe es correcto y si cumple con lo establecido en la Ley 254.

El rol del abogado ha tenido que evolucionar, sobre todo cuando el abogado es experto en una materia jurídica alejada del mundo contable. Evoluciona, no solamente en sus conocimientos generales, si no también en la estructura de su negocio, la cantidad de personas que debe contratar, las innovaciones e inversiones en materia de seguridad informática y de organización de su oficina. 

La implementación de la Ley 254 en tiempo récord, que como todos sabemos es para cumplir con los estándares internacionales de transparencia y la presión que recibe nuestro país por organismos internacionales, ha puesto el negocio de los abogados a moverse rápidamente hacia una realidad que impactará, con el tiempo, todas las demás jurisdicciones consideradas por tener un régimen fiscal preferente.

Esto último es una de las únicas justificaciones que surgen cuando el cliente pregunta ¿Y por qué tengo que darte esto?

Como es común en nuestra República, se promulgó la Ley, pero no tenemos, al día de hoy, un Decreto Reglamentario que detalle y abarque todos los posibles escenarios que nos enfrentamos día a día.

Muchos correos y comunicaciones con los clientes terminan con la frase “te mantendré al tanto una vez tengamos el reglamento de la Ley”, porque nos toca exigir el cumplimiento de los clientes sin tener una base jurídica sólida para evitar errores sobre la marcha.

 

Nicole Fernández W. 
Abogada Asociada de Icaza, González-Ruiz y Alemán.
Directora del Departamento de Registros Contables

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