Indecisión: Talón de Aquiles de Obama ante el terrorismo

Indecisión: Talón de Aquiles de Obama ante el terrorismo

Las medidas que ha tomado hasta el momento para combatir al EI han sido reactivas.

President Barack Obama gestures speaks during an Armed Forces Farewell Ceremony to honor outgoing Defense Secretary Leon Panetta, Friday, Feb. 8, 2013, at Joint Base Myer-Henderson Hall in Arlington, Va. (AP Photo/Pablo Martinez Monsivais)

Aparentemente, la masacre de San Bernardino se encuentra el otro extremo de la escala en relación a los ataques del 11 de septiembre: 14 muertos contra casi 3.000, una pareja autoradicalizada a favor del Estado Islámico (EI) contra 20 terroristas entrenados de Al Qaeda, y un ataque realizado a pie en un suburbio contra uno realizado por aviones chocando con las Torres Gemelas de Nueva York.

Sin embargo, ha provocado tal conmoción que pudiera alterar las elecciones presidenciales del año entrante. El público estadounidense siente una nueva vulnerabilidad con respecto al enemigo interno. Es difícil sobreestimar el impacto de San Bernardino en el estado de ánimo de los estadounidenses.

Aún antes de la atrocidaddenominado como un acto de terrorismo por el Buró Federal de Investigaciones (FBI) el temor al terrorismo había sobrepasado a la economía en la lista de preocupaciones del público en Estados Unidos (EE.UU.) según las encuestas. Gran parte de esta reacción fue en respuesta a las masacres en París que cobraron 130 vidas.

Pero el índice del temor ha ido en aumento desde que aparecieron en las pantallas de televisión los videos de las decapitaciones de estadounidenses y otros hace más de un año. Es fácil minimizar las preocupaciones del público sobre eventos improbables; es mucho más probable que te puedas morir en un accidente automovilístico o ahogarte con un pedazo de pan que ser víctima de un acto de terrorismo en EE.UU. Pero el temor no es un cálculo estadístico. Eso es el punto del terror.

¿Qué significa eso para las elecciones de 2016? Entre más ansiedad sienten los estadounidenses sobre la amenaza del terrorismo doméstico, menos confianza tienen en su gobierno. El presidente Barack Obama fue un modelo de calma al encarar la especulación sobre los ataques de San Bernardino. Le pidió al público que esperara hasta que se supieran cuáles habían sido los hechos, pero apuntó que las masacres fortalecían el caso para establecer leyes más estrictas para el control de armas. Mostró una calma similar a la que seguida tras los ataques de París, describiendo el incidente como un revés en la guerra contra EI, la cual, sin embargo, seguía progresando.

Es difícil criticar el contenido de la respuesta del señor Obama. Un líder debe evitar provocar el pánico y considerar la evidencia antes de actuar. Sin embargo su aparente desapego ha alimentado la percepción de que él es indeciso; o peor aún, que las medidas que ha tomado hasta el momento para combatir al EI han sido reactivas. Ya que inicialmente ignoró al grupo militante islámico como una amenaza menor hace 18 meses, el señor Obama se ha visto presionado a tomar una serie de pasos incrementales. Comenzó con ataques aéreos y el incremento gradual de despliegues militares en Irak.

En octubre, él dijo que enviaría a 50 tropas de operaciones especiales a Siria. Aún no han llegado. Esta semana, se anunciaron que irían 100 más a Irak. Esto da la impresión de que el señor Obama está tomando parte en una expansión de la misión con la cual no está de acuerdo.

La brecha entre el señor Obama y sus críticos, particularmente los candidatos presidenciales republicanos, cada vez es más ancha. Sus oponentes ahora pueden criticar al presidente con respecto a asuntos domésticos. Según el FBI, la pareja de San Bernardino Syed Rizwan Farook y Tashfeen Malik había amasado armamentos en su hogar, incluyendo bombas caseras de tubo, armas semiautomáticas y más de 6.000 municiones. En parte porque estaban casados y no necesitaban comunicarse electrónicamente, podían evadir la vigilancia.

Ya sea que hayan sido inspirados por EI o dirigidos por el grupo militante, las implicaciones son devastadoras. El señor Farook nació en EE.UU. y tenía un empleo en el que ganaba $70.000 al año. La pareja acababa de tener su primer hijo en mayo.

Su normalidad misma es preocupante. Los críticos cuestionan por qué el FBI no se enteró de que estaban amasando tantas armas. ¿Pero qué deberían haber hecho la policía y el FBI? Las compras de armas de la pareja eran legales y ambos dejaron muy poca evidencia en línea y fuera de línea de sus tendencias extremistas.

La amenaza de tales atrocidades es real y está creciendo. También es real la amenaza de una reacción contraproducente. Tanto los líderes de Al Qaeda como los del EI han pedido que sus seguidores en Occidente realicen ataques en sus comunidades locales. Este mes, Donald Trump, el principal aspirante republicano a la presidencia, instó a los estadounidenses a mantenerse en alerta con respecto a sus vecinos musulmanes. Si tienen sospechas, llamen a la policía, dijo el señor Trump. Seguramente estarán equivocados, pero no importa. Tienen que hacerlo.

Ya que EE.UU. está en medio de sus elecciones presidenciales, el escenario está listo para una mayor polarización política que puede llegar a beneficiar al EI. Treinta y uno de los gobernadores republicanos han aseverado que les negarían santuario a inmigrantes sirios. Los demócratas, por otro lado, están pidiendo mayor control de la venta de armas. Los dos partidos están viendo realidades diferentes.

El mejor ejemplo es el resultado de una modesta propuesta para prohibir a las 47.000 personas que se encuentran en la lista no-fly (de exclusión aérea) de comprar armas. Esta propuesta no ha progresado, y no se espera que progrese en el futuro. Las autoridades estadounidenses pueden prohibirles a ciertas personas que vuelen en avión. Tal vez tengan fuertes razones para temer a esas personas. Pero no hay manera de que les prohíban tener armas.

Edward Luce
Financial Times

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