Inmet tras tercer socio para mina en Panamá

Inmet tras tercer socio para mina en Panamá

Marianela Palacios Ramsbott

mpalacios@capital.com.pa

Capital

Cerca de 30.000 personas de 120 países se dieron cita en el Centro de Convenciones de Toronto la semana pasada para participar en la Convención de la Asociacion de Exploradores y Desarrolladores de Canadá (PDAC, por siglas en inglés), uno de los eventos anuales más importantes del mundo de la industria minera.

Y el nombre de Panamá se hizo presente en varias sesiones del programa, especialmente aquellas en las que funcionarios del gobierno canadiense destacaron la cada vez mayor importancia que tiene América Latina en el negocio minero de esa nación norteamericana.

Es que un 48% de los $129.000 millones de activos mineros que Canadá tiene fuera de su territorio están actualmente en la región latinoaméricana.

De hecho, si se suman los activos que tienen en Suramérica, Centroamérica y México la cifra resultante es $62.000 millones, mayor incluso al valor de los activos mineros canadienses localizados en el propio territorio de Canadá, que de acuerdo con las cifras que maneja la Dirección de Comercio Internacional de Canadá es $58.000 millones.

Pero el caso panameno también tuvo un papel protagónico en los pabellones de Petaquilla Minerals, el principal exportador de bienes de Panamá hoy en día, gracias a la explotación de su mina de oro; y de Inmet Mining Corporation, que es el principal accionista de Minera Panamá, la empresa que desarrolla el proyecto de cobre en Donoso, Colón, junto con Korea Panama Mining (KPM). Y las novedades no se hicieron esperar.

Craig Ford, vicepresidente de Responsabilidad Corporativa de Inmet, informó a Capital que actualmente están buscando un tercer socio para la ejecución de ese proyecto minero, para que asuma una quinta parte de la inversión, la misma proporción accionaria que tiene en estos momentos la empresa surcoreana.

«Estamos buscando a un tercer socio en el proyecto. Ahora tenemos 20% con KPM y nos gustaría tener otro socio en el proyecto para reducir nuestro riesgo de inversión. No hemos identificado aún quién será, pero buscamos una compañía del sector privado y hemos conversado ya con algunas empresas, pero no podemos hablar de eso por los acuerdos de confidencialidad firmados », aclaró Ford.

Inmet espera escoger al nuevo socio este mismo año y, por el momento, está ejecutando las obras de ingeniería básica con recursos propios. Esa fase terminará en los próximos meses y después actualizarán los modelos económicos y financieros del proyecto.

La mina de cobre de Donoso es un megaproyecto de minería a cielo abierto que implica una inversión de $6.000 millones a lo largo de 30 años. Hasta la fecha, se han invertido $750 millones, aproximadamente. La mina extraería unas 250.000 toneladas de cobre anuales, además de molibdeno, oro y plata, y facturaría cerca de $2.000 millones al año, al entrar en operación en el 2016.

En diciembre de 2011, la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM) dio luz verde a esta obra con la aprobación del Estudio de Impacto Ambiental. Grupos ambientalistas como el Centro de Incidencia Ambiental (CIAM)  han objetado el proyecto porque esta mina afectará 5.900 hectáreas de bosque y consideran que tendrá un impacto negativo sobre la biodiversidad del país.

Ford asegura que la mina de Donoso se está ejecutando con la aplicación de los más altos estándares de protección ambiental, que esas hectáreas perdidas serán compensadas con la reforestación de 10.000 hectáreas en diversas regiones con especies nativas y un plan de conservación de la biodiversidad de Donoso, en un área de 150.000 hectáreas, bajo un esquema de Pago por Servicios Ambientales (PSA).

También garantizó que se están respetando los derechos de las comunidades afectadas, entre ellas las indígenas, y que a pesar de lo ocurrido con Cerro Colorado recientemente, no temen que su proyecto resulte afectado o suspendido en el futuro por conflictos de esta naturaleza.

Entre un 20% y 30% de los empleados de la mina son miembros de esas comunidades, los procesos de consulta, integración y participación directa de los indigenas en el proyecto están en marcha desde 2006 y se está trabajando en conjunto con el Gobierno para la construcción de infraestructura básica que facilite la lucha contra la pobreza en esa región.

«Nosotros no somos el gobierno, el rol de construir infraestructura básica para el desarrollo de esas comunidades (acueductos, escuelas, hospitales, carreteras, etc.) no nos corresponde y no lo queremos. Pero si queremos ser un socio del gobierno en estas cosas y podemos avanzar en ese sentido », agregó el ejecutivo.

Minera Panamá ha firmado seis acuerdos hasta el momento con las comunidades que tendrán que ser desplazadas para la construcción de la mina y con algunos grupos se están explorando oportunidades para contratarlos para servicios de diversa índole, desde provisión de alimentos para los trabajadores de la mina hasta trabajos de reforestación y servicios mineros.

Glenn Nolan, el presidente entrante de la PDAC, es un aborigen canadiense que tiene en su hoja de vida importantes en procesos de negociación de acuerdos entre las comunidades índigenas y compañías mineras en su país de origen.

«La comunicacion es el principal desafío de una relación, bien sea una sociedad entre una esposo y una esposa o una sociedad entre una industria y una comunidad. Necesitamos escuchar efectivamente para poder entender respetuosamente las diferencias culturales entre ambas partes. No se puede tener éxito en un proyecto de esta naturaleza de espaldas a esas comunidades o sin garantizar también para ellos un beneficio », comentó.

En Canadá son cada vez más comunes los casos de comunidades aborígenes que han podido mejorar su calidad de vida, usando las regalías recibidas por los proyectos mineros para desarrollar actividades económicas propias y sostenibles en el tiempo.

«Nuestra comunidad está participando directamente en el negocio minero. Cuando nos dimos cuenta de que esos megaproyectos venían, decidimos que teníamos que entrar en ellos para garantizar el mínimo impacto ambiental. Y logramos acuerdos con las compañías que no solo nos permitieron participar en la ejecución de las obras, sino incluso en su planificación », destacó Anita McPhee, presidenta del consejo Tahltan en British Columbia.

A juicio de McPhee, hay cuatro elementos claves para construir relaciones sanas y sostenibles entre la industria y los grupos indígenas: Llegar a acuerdos mucho antes de empezar labores de exploración; entender y respetar las características, tradiciones y culturas de cada grupo; discutir abierta y suficientemente todos los riesgos del proyecto con los líderes de la comunidad («la gente debe recibir toda la información, no solo la que la mina desea»), compartir los beneficios del negocio con la comunidad y garantizar que esto permita mejorar la calidad de vida de sus miembros en forma permanente.

En Toronto, algunos de líderes aborígenes presentaron casos de éxito de la más diversa índole. Muchos de ellos hoy no son solo trabajadores de las grandes companias mineras, sino que son dueños de sus propias empresas, entre las cuales destacan compañías de servicios de ingeniería, geología y arquitectura, casinos, aerolíneas, firmas de consultoría, centros educativos y un largo etcétera. De ellos podrá conocer más en la próxima edición de Capital.

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