Instituto Nacional, política y realidad social

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Ya en alguna ocasión expliqué mi posición sobre la crisis de valores que se vive en mi Alma Mater, el Instituto Nacional de Panamá desde hace ya varios años. Sin embargo, a raíz de los actos violentos que se registraron hace algunas semanas, que dieron como resultado un profesor y dos estudiantes con lesiones por quemadura, creo que vale la pena retomar el tema.

Lo primero que hay que decir es que el Instituto Nacional ha sido sometido por años a una política de Estado orientada a acabar con el movimiento estudiantil organizado. Digo que se trata de una política de Estado porque fue ejecutada por gobiernos de todos los pelajes, los cuales persiguieron y expulsaron a los dirigentes estudiantiles del Nido de Águilas sin importar a qué organización pertenecieran, llevando a muchas de las estructuras que participaban en la vida política estudiantil institutora a su desaparición total.

Hoy organizaciones como el Movimiento Estudiantil Revolucionario 6 de Abril (MER-6), Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y Pensamiento y Acción Transformadora (PAT) son cosa del pasado, mientras el Frente Estudiantil Revolucionario 29 de Noviembre (FER-29) se encuentra en una crisis permanente debido al acoso de que han sido víctimas sus dirigentes.

El problema es que al vaciar de contenido político e ideológico al Instituto Nacional, las últimas generaciones de institutores simplemente perdieron su conexión con las tradiciones de lucha del plantel, lo que dejó al colegio a merced de las pandillas juveniles, las cuales han pasado a ocupar el lugar que antes tenían las organizaciones estudiantiles.

Y la pregunta lógica es cómo ingresaron las pandillas al plantel. La respuesta es sencilla, gracias a otra de las medidas adoptadas para acabar con la tradición de lucha de los institutores: La zonificación de la matrícula.

Uno de las ventajas del movimiento estudiantil a lo largo de la historia del Instituto Nacional es que sus dirigentes siempre fueron lo mejor de la juventud panameña. Se trataba de jóvenes intelectuales con una  amplia formación filosófica y política, con un amplio conocimiento de la historia y un gran dominio de la oratoria y lengua escrita.  Eso se debía a la política de ingreso del plantel, la cual exigía una nota no menor a 4,5 (de un máximo de 5,0), convirtiéndolo de hecho en lo que hoy se denomina un colegio de excelencia. Así, no importaba de donde venía el estudiante, todos tenían una base sólida que les permitía desarrollarse académica y políticamente.

Hoy día, cualquier estudiante puede ingresar al Instituto Nacional con una nota mínima de 3,0, siempre que viva en los corregimientos colindantes al plantel, es decir, El Chorrillo, Santa Ana, San Felipe, Calidonia y Curundú, que son comunidades que antaño se caracterizaban por ser la zona de recepción de la migración interiorana, que trajo consigo sólidos valores morales y un profundo respeto por el estudio como vehículo legítimo para la movilidad social, pero que hoy en día se caracterizan por la desintegración familiar, la pérdida de valores morales y la fuerte presencia del narcotráfico y las pandillas juveniles, convirtiendo el plantel en un escenario más para las actividades de la delincuencia.

En conclusión, es la clase política la que en su afán de acabar con el movimiento estudiantil puso el Instituto Nacional en manos de las pandillas juveniles al permitir que el ingreso al plantel del lumpen proletariado, o lo que es lo mismo, la escoria social, no por vivir en un determinado sector, sino por considerar el delito como vehículo legítimo de movilidad social. Y la violencia irracional que hoy cosechan no es otra cosa que el fruto de lo que sembraron.

Al final, la situación actual solo se podrá superar si, además de detener y procesar a los pandilleros que se disfrazan de estudiantes, los institutores honestos y comprometidos políticamente con los más caros intereses del pueblo panameño pueden volver a organizarse libremente y convertirse, como siempre lo fueron, en un corta fuegos que mantenga a los pandilleros fuera del Nido de Águilas y en herederos y defensores legítimos de la gloria institutora.        

Hitler Cigarruista
hcigarruista@capital.com.pa
Capital Financiero

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