Inversionistas comienzan a preocuparse por la creciente deuda pública estadounidense

Inversionistas comienzan a preocuparse por la creciente deuda pública estadounidense
El gobierno estadounidense paga actualmente $1.43 mil millones por día para pagar su deuda pública. | Fotolia

El mes pasado, conforme se acercaban las elecciones de medio término en Estados Unidos (EE.UU.), los analistas del Deutsche Bank publicaron un cálculo que debió haber estremecido a los votantes estadounidenses. Muestra que el gobierno estadounidense paga actualmente $1.43 mil millones por día (sí, por día) para pagar su deuda pública, 10 veces más que cualquier otro país del G-7 (Italia ocupa el segundo lugar en esta liga funesta).

Esto es sorprendente, incluso teniendo en cuenta el tamaño de la economía estadounidense. Pero lo que sí es doblemente premonitorio es que esta factura de más de $1,000 millones de se ha materializado cuando las tasas de interés siguen estando bastante bajas según los estándares históricos. Y eso plantea una pregunta crucial para el congreso estadounidense: ¿Qué pasará con esa deuda y los costos de servicio, si (o cuándo) las tasas de interés suben a un nivel más normal?

Hasta hace poco, ni a los inversionistas ni a los votantes parecía importarles mucho. Después de todo, los administradores de activos se han dedicado a comprar bonos del tesoro de EE.UU. en los últimos años, incluso cuando la deuda estadounidense sobrepasaba los $15 billones.

Y esos ‘vigilantes de bonos’, alguna vez tan temidos, fueron inexistentes el año pasado cuando el gobierno del presidente Donald Trump anunció grandes recortes fiscales, aumentando aún más la deuda.

Pero los mercados se están poniendo nerviosos. Consideremos lo que sucedió durante las elecciones de mitad de período. A medida que se publicaban los resultados, los rendimientos de los bonos aumentaban cada vez que los candidatos republicanos obtenían una ventaja. Sin embargo, esos mismos rendimientos retrocedieron cuando el mapa electoral se volvió azul y los demócratas tomaron la Cámara de Representantes.

Un optimista podría simplemente culpar a estas oscilaciones “sólo” a la percepción que los republicanos son más amigables con el crecimiento. De hecho, Larry Kudlow, asesor económico de la Casa Blanca, recientemente le dijo al Financial Times que la principal razón por la cual los rendimientos a largo plazo de EE.UU. habían aumentado este año —aparte del endurecimiento por parte de la Reserva Federal— es que los inversionistas aman la expansión económica desatada por los recortes fiscales de los republicanos. Y descartó la idea que éstos están creando una amenaza fiscal, argumentando que EE.UU. debería ser capaz de crecer más allá de su deuda a largo plazo.

Pero otra forma de interpretar las oscilaciones de es que algunos inversionistas finalmente se sienten tan incómodos con la postura fiscal que esperan que una Cámara de Representantes controlada por los demócratas le corte las alas al señor Trump. Y es fácil ver por qué esos inversionistas podrían estar empezando a preocuparse.

Considere nuevamente esa cifra diaria de servicio de la deuda. Según la Oficina del Presupuesto del Congreso (CBO, por sus siglas en inglés), el costo total anual de los pagos de intereses netos sobre la deuda estadounidense en 2018 será de alrededor de $318,000 millones.

En este momento, esa suma parece manejable, en relación con el presupuesto general estadounidense.

Pero la CBO calcula que los costos de servicio se triplicarán hasta casi $1 billón para 2028, si se siguen las trayectorias políticas actuales y suponiendo que las tasas de interés aumenten hacia su promedio a largo plazo de 3.7% para bonos a 10 años y 2.8% para Letras del Tesoro a tres meses (o ligeramente sobre los niveles actuales del 3.2% y del 2.34%, respectivamente).

Si es así, los pagos de intereses pronto se convertirán en el tercer elemento más grande del presupuesto, eclipsando incluso los gastos militares. Sin embargo, si las tasas de interés aumentan más rápidamente de lo que la CBO espera, la situación sería peor.

Entonces, ¿hay alguna posibilidad de que la Casa Blanca cambie de rumbo y comience a enfrentar estos riesgos? No apostemos por ello. Aunque la Cámara controlada por los demócratas probablemente pueda evitar más recortes fiscales, es poco probable que se produzca un desmantelamiento de la política a gran escala.

Si el señor Trump realmente quiere “colaborar” con los demócratas —como afirmó recientemente—, un buen lugar para comenzar sería buscar algunas estrategias bilaterales para reducir la deuda. Esperemos que alguien le muestre al presidente esa sorprendente factura de deuda diaria de $1.43 mil millones, y luego lo conmine a actuar.

Gillian Tett
Financial Times

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