La Alianza del Pacífico busca influencia uniéndose a grupos más grandes

Las cuatro naciones persiguen una línea de apertura económica.

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Los bloques rivales comerciales en América Latina Mercado Común del Sur (Mercosur), establecido hace dos décadas y encabezado por Brasil y la mucho más joven Alianza del Pacífico, establecida en 2011 y liderada por México ofrecen visiones contradictorias.

Armando Monteiro, ministro de comercio de Brasil, tenía un aspecto lamentable este año cuando insistió que a pesar de los problemas económicos de su país y la debilidad del gobierno todavía había vida en las hace tiempo estancadas negociaciones entre Mercosur y la Unión Europea (UE) que fueron relanzadas en 2010.

Venezuela, un miembro de Mercosur, ha recurrido a pedir ayuda a China para navegar a través de su crisis económica, ha cerrado sus fronteras con Colombia, y ha encarcelado a líderes de la oposición. Argentina también está atrapada en sus propios problemas económicos.

Mientras tanto, las cuatro naciones de la Alianza del Pacífico están siguiendo lo que parece un camino acelerado de integración regional y un modelo de apertura económica.

El año entrante deberán eliminarse tarifas en 92% de los productos que comercian y las demás tarifas se eliminarán paulatinamente en los siguientes siete años. Las regulaciones se están armonizando y los mercados financieros y laborales se están liberalizando.

Chile, Colombia, México y Perú están apostando por su alianza y esperan que un futuro juntos, como un mercado de 250 millones de personas que representan más de la tercera parte del producto económico latinoamericano, debe ser un futuro próspero.

Pero el mayor beneficio para la Alianza del Pacífico yace en el siguiente proyecto. Tres de los miembros de la Alianza Chile, México y Perú están involucrados en negociaciones con el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés) liderado por Estados Unidos (EE.UU.), que comprende una gran zona de comercio en la Cuenca del Pacífico y cubrirá 40% de la economía global y que después de cinco años de negociaciones está cercano a concluirse.

Más aun, Colombia tiene un lugar prominente en la lista de los países que tienen más probabilidades de unirse al TPP el día que éste se expanda.

El mundo del comercio estos días es regional. Economistas como Jagdish Bhagwati que alguna vez mencionó un plato de fideos enredados refiriéndose a los acuerdos comerciales entre países; ahora la metáfora más apta sería un platillo de albóndigas regionales.

Después de años de parálisis en las pláticas globales en la Organización Mundial del Comercio (OMC), EE.UU., la UE y otras economías han regresado a acuerdos regionales como una opción más factible. Más allá del TPP, EE.UU. y la UE están negociando una Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión mientras que los 10 miembros de la Asociación de Naciones de Sudeste Asiático están tratando de reunir a China e India en una sola Asociación Económica Integral Regional.

Cada acuerdo representa un agonizante proyecto de largo plazo. Aún mientras que los negociadores cierran el TPP, la realidad es que ningún acuerdo será ratificado por el congreso de EE.UU. y otras legislaturas nacionales antes de 2016 ni tomará fuerza antes de que el presidente Barack Obama termine su mandato en enero 2017. Pero cuando se vuelvan realidad, el siguiente paso será probablemente encontrar una manera de hilvanar aquellos acuerdos regionales que tengan éxito.

Una de las uniones más probables, dado el solapamiento de los miembros, es entre la Alianza del Pacífico y el TPP.

El interés internacional es claro. Treinta y dos países, incluyendo EE.UU., Alemania y Japón, son observadores de la Alianza del Pacífico. Los miembros tienen la mirada puesta en expandirse. No hay límite en el número de países que pueden incorporarse, Ildefonso Guajardo Villarreal ministro de economía de México dijo en una reunión reciente del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés). No somos un bloque cerrado.

En un mundo de cadenas de suministro globales, el futuro reside en formar parte de ellas. Para Perú, un resultado de la Alianza del Pacífico ha sido la discusión de cómo las compañías peruanas se pueden integrar con la industria automotriz en México, la cual también es el resultado de cadenas de suministro regionales creadas por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan) con EE.UU. y Canadá, establecido hace 21 años.

Magali Silva, ministra de comercio de Perú, dijo en la misma reunión del WEF: Integrarnos con México será la fuerza que nos llevará hacia la internacionalización de las compañías pequeñas y medianas de Perú.

La geografía y la proximidad todavía importan en el comercio, aún en una época de contenedores de cargo. Aun así, el TPP ayudará a compañías en Perú a tener acceso a mercados aún más grandes en EE.UU. y Japón. En el futuro, la señora. Silva podría decir lo mismo de la UE y un acuerdo trasatlántico hilvanado junto con el TPP y la Alianza del Pacífico.

No todos están contentos con la manera que se están desarrollando las cosas. Brasil, que cabildeó fuertemente para conseguir el puesto más importante en la OMC para el diplomático de carrera Roberto Azevedo, sigue apostando a que algún día el mundo estará listo de nuevo para un acuerdo global que incluya también países más pobres y economías grandes, como India, que ahora están al margen de las maniobras regionales.

Ese día parece todavía lejano. Para América Latina tanto como para la Alianza del Pacífico, el presente real es regional.

Shawn Donnan
Financial Times

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