La antesala del purgatorio

La antesala del purgatorio

 

 

 

 

 

 

 

 

Ricardo Gonzalez

Capital

No hay otra forma de describir mi experiencia. El Hospital San Miguel Arcángel de San Miguelito, para muchos panameños que como yo acuden en busca de atención médica, se ha convertido en la antesala del purgatorio, para no decir del mismo infierno.

Hace poco sufrí un accidente que me provocó una sería lesión en la columna y médula espinal, a tal punto que tuve que ser sacado de mi casa inmovilizado por los paramédicos del sistema de emergencia 911.

Por cuestiones del destino mi ficha de Seguro y mi carnet de seguro privado se habían quedado en la oficina, por lo que el 911 decidió llevarme a urgencias del San Miguel Arcángel, tomando en cuenta mi lesión y que era el nosocomio más cercano a mi casa.

Desgracia la mía. A pesar de llegar en ambulancia, inmovilizado y que los paramédicos informaron a los doctores de mi situación, me tiraron en una camilla en el pasillo de urgencias desde las 4:00 de la tarde hasta las 9:00 de la noche, sin que ningún médico se acercara a preguntarme  que me pasaba.

A pesar de que cuando veía pasar cerca a un doctor o una enfermera le decía que tenía mucho dolor y que me ayudaran, solo me decían: Aguante que ya vamos, o aguante que eso es un esquince lumbar, cuando en verdad una vértebra me estaba presionando la medula espinal.

Luego de aguantar un dolor insoportable por cerca de 6 horas sin que nadie me diera aunque sea una aspirina, me acordé que tenía mi celular en uno de los bolsillos y decidí llamar a la administración de Capital y contarles de mi situación e inmediatamente se hizo lo necesario para que me trasladaran de ese lugar infernal, donde pague gran parte de mis pecados, a una clínica privada, donde si se me trató como a un ser humano y no como a un animal.

Lo más gracioso de todo es que cuando me fue a buscar la ambulancia para trasladarme, los doctores de la forma más cínica posible me preguntaron para dónde yo iba. Cuando les dije que me iba a otro hospital porque allí me iban a dejar morir una enfermera o doctora, en verdad que no sé, tuvo el descaro de decirle al doctor que ellos no me atendían porque yo me la pasada hablando por celular.

En verdad que es lamentable que este hospital que inició como un gran esperanza para la población esté lleno de doctores groseros, sin corazón y sin vocación de atender a los que llegan buscando su ayuda. Un consejo, cuando tenga un accidente, jamás se le ocurra ir al San Miguel Arcángel, o como yo, podrá conocer la antesala del infierno en vida.

 

 

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