La Artritis Reumatoide no controlada adecuadamente puede conducir a la discapacidad laboral

La Artritis Reumatoide no controlada adecuadamente puede conducir a la discapacidad laboral

Esta patología se presenta entre los 35 y los 50 años de la vida, cuando las personas se encuentran en plena productividad

Articulaciones afectadas por la AR

La artritis reumatoide (AR) es una enfermedad crónica, progresiva y autoinmune. Se activa cuando el sistema inmunológico del paciente no funciona correctamente.

Este sistema se activa ante un estímulo desconocido (virus, bacteria etc.). En condiciones normales este estímulo es removido, pero en la enfermedad, el mecanismo controlador no funciona y el estímulo inflamatorio no puede ser removido. Nuestro mecanismo de defensa trata de deshacerse del estímulo patológico, produciendo para su eliminación una serie de sustancias inflamatorias, siendo la más importante el denominado Factor de Necrosis Tumoral (TNF por sus siglas en inglés). El exceso de este mediador inflamatorio es dañino para nuestro organismo conduciendo finalmente a la lesión de las estructuras articulares, hueso, ligamentos, cartílago. Este daño progresivo destruye la estructura de la articulación lo que finalmente se va a traducir en limitación funcional para el paciente, pero también puede afectar diferentes órganos y sistemas, como pulmón, ojos, corazón, entre otros.

La patología se presenta en todos los grupos étnicos afectando cerca de 70 millones de personas en el mundo.  Cabe mencionar que en las mujeres prevalece tres veces más frecuentemente que en los hombres y que el pico de incidencia de esta enfermedad se presenta entre los 35 y los 50 años de la vida (80% de los casos), siendo esta etapa la de mayor edad productiva para la población.   

Según cifras del Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (INEC) de la Contraloría General de la República, en su Encuesta de Mercado Laboral, agosto 2014, un aproximado de 1,781,266 panameños tenían trabajo, es decir que un 64% de la población es económicamente activa.

La artritis reumatoide es una de las causas más comunes de discapacidad. Después de 12 años de evolución, el 80% tiene discapacidad parcial y el 16% discapacidad total. Estudios sobre artritis reumatoide han determinado que la incapacidad para laborar aparece de 5 a 10 años después del inicio de la enfermedad y oscila entre el 43% y 50% en diferentes países.

La artritis reumatoide es causa de retiro anticipado.  Después de años de padecer la enfermedad, entre el 26% y 60% se ven forzados a dejar su ocupación laboral debido a complicaciones de la enfermedad.

La artritis reumatoide afecta generalmente las articulaciones de las manos y muñecas, codos, rodillas, tobillos, hombros y los dedos, en ambos lados del cuerpo en igual intensidad, comenzando lentamente con dolores y síntomas leves, sin embargo, al pasar el tiempo estos aumentan en su intensidad.

Síntomas

Dolor articular

Inflamación de las articulaciones

Limitación funcional con reducción en el rango de movimiento

  Rigidez matutina que dura más de 1 hora (manos)

  Cansancio y debilidad generalizada

Según el Dr. José Antonio Herrera, Gerente Médico de Inmunología de Janssen para Centroamérica y el Caribe, el pronóstico de la enfermedad varía entre los pacientes.  La agresividad de la enfermedad conduce a un rápido declive de la calidad de vida del paciente. Adicionalmente, las personas que la padecen,   tienen mayor riesgo de enfermedades asociadas y una expectativa de vida disminuida al compararlos con la población general. Los pacientes con artritis reumatoide ya establecida, no solo sufren consecuencias físicas, podrían también mostrar síntomas de depresión, reducción en  sus ingresos personales y familiares por su incapacidad laboral como en cualquier otra enfermedad crónica, un aumento en sus gastos en cuidados de la salud, hospitalizaciones y consultas médicas, entre otros.

Tratamientos de última generación 

Uno de los elementos implicados en el mantenimiento del proceso inflamatorio en pacientes con artritis reumatoide, es una sustancia producida por células inflamatorias llamada factor de necrosis tumoral (TNF). El tratamiento dirigido al bloqueo de esta sustancia (anti TNF) es muy útil para el control de la inflamación y del dolor en un porcentaje importante de los pacientes con artritis reumatoide y generalmente son bien tolerados.

En la actualidad el tratamiento con medicamentos  biológicos, particularmente los conocidos como con inhibidores del TNF alfa en artritis reumatoide, han demostrado clínicamente sus beneficios terapéuticos en  pacientes que no respondieron a las terapias convencionales.  Entre estos inhibidores del TNF el más recientemente aprobado y de última tecnología, cuyo principio activo se denomina Golimumab, ofrece alta eficacia y seguridad, es de aplicación mensual y de fácil administración, es subcutáneo y viene en un dispositivo especial de forma tal que el paciente puede aplicárselo él mismo.

Beneficios de los tratamientos biológicos en el tratamiento de la artritis reumatoide:

Detienen el daño articular impidiendo en un alto porcentaje de los pacientes la progresión de la enfermedad. Esto permite mantener la estructura articular y el control de los síntomas.

Al lograr el control de la actividad de la enfermedad, mejora la calidad de vida del paciente, preservando la función e impidiendo la discapacidad, permitiéndole su incorporación a las actividades de la vida diaria.

La eficacia del tratamiento, no solamente es más rápida, sino que esta eficacia se mantiene a lo largo del tiempo, a diferencia de los tratamientos convencionales que requieren de un mayor lapso de tiempo para alcanzar su efecto terapéutico.

Al actuar sobre el sistema inmunológico ayudan a aliviar el dolor, la rigidez y la hinchazón impactando positivamente en la calidad de vida.

Representan un importante progreso en el tratamiento de esta enfermedad, debido a que es un tratamiento dirigido al mediador más importante de la inflamación, el TNF. Al inhibir la actividad de esta sustancia, se logra alcanzar, en un buen número de pacientes, la remisión y el control de la enfermedad. En aquellos casos en que la remisión no es posible, se logra una baja actividad de la enfermedad, con una  menor progresión de la misma y una buena calidad de vida.

Es fundamental que ante la aparición de los síntomas antes mencionados se acuda al médico reumatólogo que pueda realizar un diagnóstico preciso y oportuno, para iniciar el tratamiento adecuado.

Redacción
Capital Financiero

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