La burbuja tecnológica existe, pero no es de temer

Está siendo inflada por montos de dinero relativamente reducidos

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¿Es presa el sector tecnológico de una burbuja?

Creo que sí. Las señales están a nuestro alrededor. Las buenas noticias son que no se parece en nada a la anterior.

Además, por motivos que van más allá de las limitaciones habituales propias de los pronósticos económicos, nadie puede decir con seguridad qué está sucediendo. Muchas personas parecen considerar que esto es tranquilizador, pero nos convendría prestar atención a la lección de que una falta de transparencia sobre los mecanismos de un mercado rara vez lleva a buen puerto.

En primer lugar, definamos en qué clase de burbuja tecnológica podríamos estar.

No es como la burbuja que tuvo lugar entre 1997 y 2000, ese monstruo legendario que salió de las profundidades para causar estragos en toda la economía de Estados Unidos (EE.UU). Esa fue una genuina burbuja del mercado bursátil a la antigua, y el dinero llegaba a raudales a empresas tecnológicas que cotizaban en bolsa y no podían justificar la inversión.

Si tengo razón, y lo que estamos experimentando ahora es una especie de burbuja menor, cualquier corrección será menos extendida.

En la secuela menos aterradora que ocurrió en 2015 al episodio de 1999, todos se llevan crédito por evitar los peores excesos del pasado, vehículos vacíos de exuberancia irracional como Pets.com.

Empresas como Postmates y Shyp difícilmente sean equivalentes al infame servicio de envíos Kozmo. Las ideas que no funcionaron la última vez han sido reinventadas como modelos de negocios más eficientes, donde nadie sabe nada ni tiene relación alguna con la mayor parte de la fuerza laboral más allá de los contratistas independientes.

Un software de mejor calidad, mercados más eficientes y la economía del trabajo temporal hacen posible que al menos existan muchas empresas nuevas, lo que no quiere decir que todas terminen teniendo éxito.

Esta burbuja, si lo es, está siendo inflada por lo que son relativamente pequeñas cantidades de dinero.

Eso podría parecer una forma extraña de describir los miles de millones de dólares en valoraciones de etapas avanzadas que salen en los diarios actualmente. Sin embargo, considere las fuentes de financiamiento: Fondos de inversión, fondos soberanos, fondos de cobertura y aglomeraciones un poco peligrosas de otros grandes inversionistas con un interés particular en una startup, como el grupo que vuelca dinero a la firma nueva de Internet One Web, que acaba de recibir $500 millones de, entre otros, Coca-Cola.

Las startups están tardando más que nunca en salir a la bolsa y la clave de este fenómeno es que estos grandes inversionistas están dispuestos a ofrecerles dinero a pesar de que aún no atravesaron el bautismo de fuego que es una oferta pública inicial, que incluye el escrutinio de las autoridades, los analistas y la prensa especializada.

Pero al final del día, para mejor o peor, un número creciente de inversionistas ordinarios está expuesto a empresas tecnológicas de capital cerrado en etapas avanzadas de financiamiento.

Uno de los mayores fondos del gigante de inversiones Fidelity, llamado Fidelity Contrafund, sólo tiene alrededor de 1% de sus activos en startups financiadas por capital de riesgo, dice Andrew Boyd, director de mercados globales de capital de Fidelity.

No obstante, Contrafund es un fondo de $110.000 millones, lo que significa que lo que representa un error de redondeo para un banco con billones en activos financia muchos especialistas en código y espacio de oficinas en una buena ubicación en San Francisco.

La tendencia es típica entre los distintos inversionistas, señala Mike Stiller, un analista de tecnología de los servicios de asesoría de Nasdaq. Todos los fondos que observa están volcando apenas 1% o 2% de sus activos a empresas que no cotizan en bolsa, como máximo.

Sin embargo, lo que sucede con las inversiones que son más bien marginales para un fondo es que pueden desaparecer tan rápido como aparecieron. Eso significa que los ciclos de auge y crisis que caracterizan al mundo tecnológico pueden ser inflados o desinflados prácticamente de la noche a la mañana.

A la hora de invertir en rondas de etapas avanzadas de financiación para empresas nuevas, no tenemos un mandato para hacerlo, resalta Boyd. Si hacemos cero de esto en un año, está bien, agrega.

Si concedemos que los eufemismos que usan los inversionistas para describir el clima actual en el sector tecnológico el más popular es espumoso hacen que sea al menos plausible que la tecnología esté en una burbuja, la siguiente pregunta es: ¿Y entonces qué?

Las burbujas revientan, o si prefiere, los mercados se corrigen. Cuando ello suceda, muchas empresas perderán mucho valor al menos en papel, lo que las llevará a eventualmente salir a bolsa por menos de lo que hasta hace poco valían para los inversionistas que las habían financiado.

Expertos afirman que este escenario implicaría que sólo 10% de las empresas actuales sobrevivirían. De ser así, globalmente eso significaría la demolición de alrededor de 90 empresas nuevas. Esto podría afectar las bonificaciones de algunos financistas, pero difícilmente afectaría la economía estadounidense en general.

Christopher Mims
Dow Jones

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