La conspiración para matar al billete de $100

La conspiración para matar al billete de $100

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El billete de $100 es el más popular de Estados Unidos (EE.UU). También podría ser el que esté en mayor peligro de extinción.

El Banco Central Europeo considera eliminar el billete de 500 euros ($558), su moneda en papel de mayor denominación. Lawrence H. Summers, ex secretario del Tesoro de EE.UU., sugiere ahora a las autoridades monetarias de su país dejar de emitir billetes superiores a $50 o $100.

Los billetes con la efigie de Benjamin Franklin no desaparecerían inmediatamente, pero según la propuesta de Summers dejarían de imprimirse.

Yo diría que la idea de eliminar los billetes existentes es un paso demasiado lejos. Pero una moratoria sobre la impresión de nuevos billetes de alta denominación haría del mundo un lugar mejor, escribió Summers en Wonkblog, una sección de The Washington Post.

Summers se decidió a escribir sobre el tema luego de leer un trabajo reciente de un grupo de académicos encabezado por su colega de la Universidad de Harvard Peter Sands, Making it Harder for the Bad Guys: The Case for Eliminating High Denomination Notes (algo así como Haciéndolo más difícil para los malos: El caso a favor de la eliminación de billetes de alta denominación).

El artículo sostiene que la eliminación los billetes de alto valor, tales como el de 1.000 francos suizos ($1.013), el de 500 euros y el de $100 reduciría la corrupción y complicaría la actividad de evasores de impuestos, terroristas, narcotraficantes, delincuentes financieros y traficantes de seres humanos.

El sitio Web del Departamento del Tesoro dice que el Gobierno no tiene planes para cambiar las denominaciones en uso hoy en día. Un portavoz del Tesoro confirmó que esta información sigue siendo fidedigna. La Reserva Federal (Fed, por siglas en inglés) se negó a comentar.

La idea, sin embargo, no es nueva. En 1986, cuando el Departamento del Tesoro estaba cambiando el papel moneda para hacerlo más difícil de falsificar, el alcalde de Nueva York, Edward Koch, instó al presidente Ronald Reagan a eliminar el billete de $100 para dar un golpe a los narcotraficantes.

La medida tendría relevancia adicional en una época de tasas de interés negativas. Muchos economistas creen que la capacidad de los bancos centrales para implementar políticas de tasas de interés bajo cero está obstaculizada por la facilidad de almacenar efectivo. Incluso en lugares como Suiza, donde ya hay tasas negativas sobre la deuda soberana, los bancos no aplican la misma medida a los depósitos minoristas por temor de que los ahorristas retiren su dinero. Eso limita la eficacia de la reducción de las tasas a territorio negativo.

Sin embargo, las tasas podrían avanzar en ese territorio sólo si guardar y proteger grandes cantidades de dinero se volviera más costoso. Mientras más caro sea tener efectivo, más negativas pueden volverse las tasas y más fáciles serían de trasladar a las empresas y los consumidores.

La última vez que EE.UU. eliminó billetes de alta denominación fue en 1969, cuando la Fed y el Tesoro descontinuaron la emisión de los de $500, $1.000, $5.000 y $10.000. Aunque esos billetes no se imprimieron más, los que ya estaban en circulación mantuvieron su curso legal. En 2015, el valor nominal de todos esos billetes ascendía a unos $300 millones, aunque ya han pasado a ser objetos de colección que a menudo se cotizan por encima de su valor nominal.

Eliminar los billetes de $100 sería un reto mucho más difícil. A finales de 2015, había $1,38 billones en circulación a nivel mundial. De esa suma, los billetes de $100 sumaban $1,08 billones, lo que significa que hay 10.800 millones de billetes de esa denominación.

La prevalencia de billetes de $100 se expandió significativamente en las últimas décadas; en 1994, sólo había $229.000 millones en billetes de a 100.

A pesar del aumento del número de tarjetas de crédito y débito y del crecimiento de la banca en línea, la demanda de billetes de banco ha crecido mucho más rápidamente que la economía de EE.UU. La Reserva Federal estima que al menos la mitad de la moneda estadounidense circula o está depositada en otros países.

Parte de este dinero se usa claramente con fines delictivos, pero el dólar es también empleado por otros países en el comercio internacional o cuando éstos enfrentan crisis monetarias, y como reserva de valor para particulares. Ruth Judson, economista de la Fed, ha demostrado que la demanda global de la moneda estadounidense se disparó tras el colapso de la Unión Soviética y durante las crisis financieras del sudeste asiático y Argentina.

John Carney y 
Joshua Zumbrun 
Dow Jones

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