La educación superior también requiere de una política

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Por primer vez Capital Financiero decidió dedicar uno de los foros que organizamos regularmente, con el fin de analizar la realidad que enfrentan los diversos sectores que conforman la economía del país, a debatir uno de los problemas más acuciantes que enfrenta la sociedad panameña y de cuya solución depende no solo la sostenibilidad del crecimiento que hoy experimenta nuestra economía, sino también la calidad de vida de todos y cada uno de los ciudadanos.

Las falencias del sistema educativo, los retos de la educación superior, la utilización de la tecnología para mejorar los procesos de enseñanza aprendizaje y facilitar el acceso a la universidad de quienes en la actualidad no pueden asistir a los claustros de educación superior por diversas razones y la relación entre demanda laboral, sistema educativo y las universidades particulares fueron los temas en que centró este foro, desarrollado bajo el lema: Rompiendo paradigmas: Educación para el siglo XXI.

En este evento quedó claro que la sostenibilidad del crecimiento económico que experimenta Panamá en este momento depende de la capacidad que tenga el país de generar un recurso humano que cuente con los conocimientos necesarios para ser realmente productivo al momento en que ingresan en el mercado laboral.

El problema es que en la actualidad sólo el 56,7% de la población culmina sus estudios secundarios, lo que limita las posibilidades de grandes sectores de la juventud panameña para incorporarse exitosamente al mercado laboral y se traduce en altos niveles de informalidad, al punto que en 2014 unas 583.600 personas ocupadas laboraban en el sector informal de la economía.

Como consecuencia de esta situación la brecha entre ricos y pobres en Panamá se ha acrecentado en los últimos años, al punto que el 51% de los hogares del país reciben ingresos de entre $400,00 y $599,00 mensuales, mientras que el 54,2% de los asalariados devengan salarios de entre $400 y 599,00 mensuales.

Por supuesto, el país adelanta esfuerzos para enfrentar estos problemas, aunque a decir del viceministro academico de Educación, Carlos Staff, el arrastre es tan grande que a veces se hace difícil determinar por dónde empezar, pues situaciones como la falta de infraestructura adecuada, limitan significativamente las posibilidades de implementar nuevos planes de estudio o adecuaciones curriculares orientadas a mejorar la calidad del sistema educativo en los niveles básico y medio, de forma que el material humano que aspira recibir educación superior cuente con los conocimientos y las habilidades que demanda el mundo globalizado de hoy.

Sin embargo, el país cuenta con una gran oportunidad para afrontar el reto de producir el recurso humano capacitado que requiere para darle sostenibilidad a su economía y es que además de las universidades públicas, cuyas posibilidades de satisfacer la demanda de educación superior se ven limitadas por la falta de recursos económicos, el país cuenta con una amplia red de universidades privadas que se consideran a sí mismas como un aliado estratégico del Estado.

Estas universidades han sido sometidas en los últimos años a un proceso de acreditación académica que les han permitido cumplir con estándares internacionales, tienen un cuerpo docente debidamente capacitado, en muchas ocasiones ofrecen carreras innovadoras, cuentan con tecnologías que facilitan la educación a distancia y han desarrollado alianzas que les permiten a sus estudiantes complementar sus estudios en el exterior, lo que miran a la formación del recurso humano del futuro.

Pero carecen de todo tipo de incentivos económicos estatales. Por ejemplo, carecen de un arancel preferencial para la importación de equipos y material didáctico, de incentivos fiscales a la inversión en nuevas tecnologías e incluso de mecanismos que les permitan recibir donaciones deducibles de impuestos de la empresa privada.

Esto pone en evidencia que el país requiere discutir no solo la política que desarrollará en la educación básica y media, sino también en la educación superior, para definir cuál debe ser el rumbo del país en esta materia y el papel que las universidades privadas deben jugar en la formación del recurso humano que demanda el país en este nuevo siglo. Y por qué no mencionarlo, tambien es necesario establecer una nueva institucionalidad, por ejemplo, creando un Ministerio de Educación Superior.

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