La educación virtual democratiza la formación

La educación virtual democratiza la formación
Cada estudiante de la universidad pública, por año, significa para el Estado panameño un costo de $5,000| Violeta Villar

El último informe del Instituto de Investigación de la Asociación de Universidades Privadas de Panamá (Idia), demuestra el aporte a la enseñanza superior de Panamá de sus más de 18 universidades particulares y cuatro en Ciudad del Saber (CDS).

Con cerca de 67,037 alumnos matriculados (datos colectados hasta el 15 de agosto de 2018) y 7,152 docentes, ofrecen 629 carreras, de las cuales hay 279 licenciaturas, 194 maestrías y cinco doctorados. El estudio destaca además, el valor social de la educación privada, más allá de la formación académica y que se traduce, “en este momento de desaceleración económica”, en aspectos positivos como “el aumento de familias dependientes de la gestión universitaria”.

De igual modo, el informe recoge una inversión aproximada en infraestructura, mobiliario y equipos en 2017, cercano a los $299.7 millones, un incremento de 7.51% si se compara con 2016.

Adriana Angarita Cala, rectora de la Universidad del Istmo y presidenta de la Asociación de Universidades Privadas de Panamá (Auppa), pone en valor el aporte de la academia privada y defiende la modalidad virtual desde su propia experiencia: “En su momento, con dos bebés, un esposo y trabajo a tiempo completo, me permitió crecer profesionalmente y me enseñó cómo hacer educación virtual de calidad enfocada en el impacto. Soy su defensora profunda porque me considero su producto y sé que es exitosa”.

-¿Cuál es la radiografía actual de la educación superior privada en Panamá?
-Además de la población de más de 67,000 estudiantes, contamos con una oferta de carreras en formación que cubre todos los ciclos, desde técnico hasta doctorado, de corta y larga duración, muy enfocadas en temas de competitividad del país.  También contamos con diferentes disciplinas, desde las tradicionales hasta la inclusión de nuevas áreas de saber como Big Data, ciberseguridad, gestión de riesgos…temas que no son tradicionales en Panamá y significan un desafío para las universidades, en el sentido de lograr la conexión del mercado con esta nueva oferta.

-¿Está preparado el mercado laboral?
-Nos preocupa la empleabilidad de los estudiantes al salir de carreras no tradicionales porque se necesita contar con la confianza del sector productivo. Podemos decir que se requiere mucha ciberseguridad, pero el joven quiere conocer cuáles son las posibilidades reales de conseguir trabajo en esta área.

Por otra parte, el sector productivo tiene la tendencia de valorar más la experiencia que la formación. Este aspecto debemos reorientarlo porque de lo contrario el joven no ve en la formación un valor agregado inmediato.

“Como sociedad debemos hacer ese vuelco hacia un círculo virtuoso donde valga la pena estudiar, se reciba una buena educación, el empleador contrate por la formación y vayamos avanzando hacia la competitividad para evitar en el país una brecha de talento humano importante”.

-¿Cómo hacen muchos jóvenes, que más allá de buscar experiencia, necesitan trabajar para poder estudiar?
-Como país debemos decidir qué carreras vamos a priorizar y sobre esa decisión hacer inversión en becas.

De igual modo, se debe fortalecer y aceptar la modalidad virtual como una herramienta de formación. No es más fácil: Exige dedicación y compromiso, pero permite un uso más eficiente del tiempo.

“Si como sociedad le apostamos a la educación virtual como un espacio para el crecimiento profesional de la población panameña, significa que vamos a facilitar la incorporación de programas virtuales, no vamos a tener segregaciones de los gremios al conceder la idoneidad y a efectos de los empleadores, motivarán a sus trabajadores a continuar con su crecimiento porque entienden la modalidad y el impacto”.

-¿Cómo se encuentra en este momento la modalidad virtual en la educación superior panameña?
-En educación privada, a efectos de presentación de programas, tiene un costo mucho mayor que otra modalidad. De manera adicional, tenemos algunos gremios profesionales que no creen en la educación virtual, no la aceptan. De manera tajante dicen: No voy a entregar idoneidad a quien venga formado desde la virtualidad.

-¿Qué alegan para oponerse a la educación virtual?
-Consideran que no es tan efectiva como la presencial. Esto es debatible y sería importante derribar estar barreras a partir del conocimiento, de la discusión y la sensibilización.

-¿Cuánto más puede costar una carrera virtual en relación con la modalidad tradicional?
-Los programas se presentan ante la Comisión Técnica de Desarrollo Académico (Ctda), organismo integrado por expertos de las cinco universidades públicas de Panamá, y que tienen la potestad de decidir si los planes se aprueban o no, además de fiscalizar la implementación. Si un programa de licenciatura de modalidad presencial, por ejemplo, cuesta $3,600, en el caso de la virtual se le debe pagar al Estado panameño cerca de $7,000.

-¿Qué otros costos están asociados a la modalidad virtual?
La plataforma, los contenidos virtuales, tutores capacitados y herramientas tecnológicas específicas del área virtual.

-¿A pesar de los costos las universidades privadas han incorporado este sistema?
-Muy pocas porque es un ámbito nuevo y de mucho riesgo en el mercado. Si el gremio dice que no la aprueba y el empleador no conoce el alcance, resulta más complejo.

-¿Cuál es la realidad de la modalidad virtual en universidades de Estados Unidos y Europa?
-Muy avanzada. De hecho, los famosos cursos gratuitos que dictan universidades como Stanford o Berkeley, validan que la educación virtual es exitosa. Es una manera de democratizar la educación, de llegar a espacios donde la educación presencial no llega porque son regiones apartadas.

“En el caso de Panamá, las Infoplazas podrían tener impacto a través de la educación virtual. También flexibilizar la educación para aquellas madres de familia que se quieren formar o en el caso de quienes no tienen una estabilidad horaria”.

-¿En América Latina qué  países lideran la educación virtual?
Argentina y Colombia. En el segundo caso, hace más de ocho años implementó el Registro Calificado de Educación Virtual que avala desde el Ministerio de Educación, y con unas condiciones específicas, este tipo de carreras.

-¿Es pertinente establecer una diferencia entre la educación pública y la privada?
-Hoy día debemos estar hablando del impacto de la educación y olvidar si es pública o privada. Al observar el diagnóstico que cada año realiza el Instituto de Investigación de la Asociación de Universidades Privadas de Panamá (Idia), observamos la cantidad de becas que se le conceden a los estudiantes; la inversión en infraestructura, la gestión en educación y el costo por alumno.

“Cada estudiante de la universidad pública, por año, significa para el Estado panameño un costo de $5,000. Si hablamos de una matrícula de 67,000, atendida por las universidades privadas, equivale a un promedio de $300 millones que no se podrían financiar con recursos públicos. Las instituciones particulares tienen un lugar en la sociedad, además generan plazas de trabajo, ingresos y transfieren conocimiento que es el valor más importante para un país”.

-¿Qué espacios de colaboración se pueden generar entre el modelo público y el privado?
-Tanto la universidad pública como la privada tienen debilidades. Cuando logramos unir las capacidades de las dos logramos dejar atrás las limitantes y lo hemos visto en los grandes proyectos que hemos desarrollado a nivel país con financiamiento de la Comisión Europea (CE).

“El Consejo de Rectores también es un espacio que recoge espacios de representación en momentos de decisión. Le apostaría a esa aceptación de la universidad como un espacio fundamental para el desarrollo de Panamá e incluirla como un actor relevante. En China, cuando se suscribe un acuerdo bilateral, siempre están las universidades de la mano con el Estado”.

-¿Es posible avanzar en los esfuerzos de crear una agencia de calificación independiente para evitar que la universidad panameña,?
-Somos muy creyentes de una evaluación cercana a nuestra realidad. Los rankings constituyen una discusión filosófica importante porque en muchos casos permiten a las universidades generar ingresos en matrícula, más no necesariamente están alineados con conceptos de calidad. En Panamá tenemos el Consejo Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria de Panamá (Coneaupa) que está tratando de acreditarse internacionalmente. Debería ser el interlocutor ideal para estos espacios de validación y criterios de ranking.

-¿Cómo atender las deficiencias del alumno que ingresa al sistema superior para evitar la deserción y el fracaso?
-Cada universidad tiene su abordaje del alumno ingresante. En general se gestionan proyectos junto con las escuelas y los colegios, y entidades del Estado, para poder ayudar a esos jóvenes. En el caso de la Universidad del Istmo, estamos organizando las Primeras Olimpiadas Nacionales de Informática que buscan, desde el colegio, atender las demandas del sector productivo.

“Estamos trabajando aliados con la Cámara Panameña de Tecnologías de Información, Innovación y Telecomunicaciones (Capatec), Admios, Smartmatic, MasKodigo y la idea, además de ejecutar la Olimpiada (abierta a todos los colegios en la página oni.com), es generar un componente de diagnóstico”.

-¿Qué debemos fomentar en los jóvenes, el ser empleados o emprendedores?
Son dos conceptos distintos. No todos tenemos la posibilidad de ser empleados o emprendedores. En el caso del emprendedor, se debe trabajar la resiliencia y las habilidades blandas porque no es fácil y muchas veces lo hacen porque no quieren tener jefe. En la Universidad del Istmo creemos que hay espacio para el emprendimiento y la transformación digital y lo que viene en el futuro abrirá las posibilidades de nuevos trabajos.

“Contamos con una opción de grado que nos permite ayudar al estudiante a modelar su idea de negocios a lo largo de su formación.

También, junto con la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP), financiado por la CE, llevamos tres años aprendiendo de las buenas prácticas de las universidades europeas”.

-¿Hacia dónde se deben dirigir los esfuerzos del Gobierno en materia de políticas públicas educativas?
-El nuevo gobierno debe tener un genuino interés por trabajar la educación y acompañar el proceso de desarrollo del país de la mano con las instituciones superiores.

“De manera adicional, tener espacios de inversión y de transparencia de la gestión de la educación superior. No contamos con una entidad que regule la educación superior ni una Ley de Educación Superior, esto significa que el Ministerio de Educación (Meduca) es tan grande como tan complejo. Hay que contar con un interlocutor para políticas públicas que puede ser el Coneaupa”.

-¿Se podría plantear un Ministerio de Educación Superior?
-Se puede llamar Ministerio o Viceministerio, pero lo importante es un responsable de la educación superior en el país que sea un actor externo, independiente y sin conflicto de intereses.

Violeta Villar Liste
violeta.villar@capital.com.pa
Capital Financiero

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