La guerra de Francia contra Panamá

La guerra de Francia contra Panamá

Lo ocurrido en la reunión anticorrupción celebrada en Londres no deja espacio a la duda o a la especulación

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Y es que no todos los días un ministro de Estado de un país europeo es tan directo. Panamá supone para nosotros, colectivamente, un enorme problema, esgrimió el ministro de Finanzas francés Michel Sapin echando por tierra las esperanzas de la administración Varela de encontrar una salida negociada a las diferencias surgidas con Francia a raíz de la publicación de los mal llamados Panama Papers-

De nada sirvió el viaje del ministro de Economía y Finanzas, Dulcidio De La Guardia, a París para reiterarle a Sapin la decisión de Panamá de hacer más transparente su plataforma de servicios internacionales mediante la firma de un acuerdo bilateral para el intercambio de información fiscal conforme a los términos exigidos por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde) en materia de lucha contra el lavado de activos.

Tampoco tuvo impacto alguno que el presidente Juan Carlos Varela haya acordado con los primeros ministros de Japón y Alemania, Shinzo Abe y Ángela Merkel, el inicio de negociaciones de este tipo de acuerdo, ni la firma del acuerdo con Estados Unidos (EE.UU.) para la implementación del Account Tax Act (Fatca).

En realidad la visión de Sapin sobre Panamá parece haberse endurecido pese a todos los esfuerzos del gobierno panameño por cumplir con las exigencias de Francia y el resto de los países de la Ocde: El resto del mundo está convergiendo en la aplicación de medidas de transparencia. Así que Panamá acabará por ser el único, el último, a favorecer a gran escala lo que condenamos, dijo.

Se trata de una realidad que nos impone la necesidad de prepararnos para la batalla porque es evidente que Sapin y el cártel que él representa están decididos a acabar con la plataforma de servicios panameña y sustituirla con la suya propia, mediante la creación de un nuevo sistema de sociedades supuestamente transparente. En otras palabras, Francia y la Ocde no quieren negociar con Panamá la regulación transparente de su plataforma de servicios, sino que nos quieren despojar del negocio a la fuerza.

Hablamos de un escenario en el que un posible conflicto con Francia es inminente y el país debe preparar un paquete de medidas de retorsión a aplicar tan pronto ese país europeo comience a ejecutar la política de despojo anunciada por Sapin. Esa lista puede incluir la prohibición del tránsito por el Canal de materiales radioactivos, el impedimento de participación de empresas francesas en las licitaciones públicas, la exclusión de las empresas francesas de los beneficios de la Ley de Sedes de Empresas Multinacionales (SEM) y la prohibición del uso de tecnologías francesas en las entidades públicas y cualquier tipo de servicios público.

Las declaraciones del ministro Sapin dejan en evidencia alguna animosidad latente hacia Panamá. Sabemos muy bien la humillación colectiva que sufrió el pueblo francés después de la catástrofe financiera y humana que representó la Compagnie Universelle du Canal Interoceanique Panama, culminando con el Escándalo de Panamá en 1888, donde quedó en evidencia que numerosos políticos y periodistas franceses fueron sobornados para apoyar el proyecto del Canal Francés mediante una emisión pública de valores, solo para ver a dicha empresa terminar en liquidación judicial, arruinando a un gran número de inversionistas.

Esperemos que la enemistad que nos profesa el ministro Sapin hoy no tenga sus raíces en eventos transcurridos hace 128 años, pues para los panameños definitivamente es materia superada. En aquella ocasión, el fracaso de Francia representó una oportunidad para EE.UU. En este caso, estamos seguros que habrá otros países interesados en las oportunidades de negocios que Francia parece estar dispuesta a perder con su enemiga Panamá.

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