La historia del panameño creador del sensor sísmico personal

La historia del panameño creador del sensor sísmico personal
Ángel Rodríguez participó con su creación en el Premio Nacional a la Innovación Empresarial.| ElCapitalFinanciero.com

Ángel Rodríguez tiene el chip de inventor incrustado en su cerebro. La carrera que estudió en sus años de universidad, biología, no tiene nada que ver con sus ganas de crear siempre algo nuevo, sino su curiosidad.

Y es su curiosidad lo que lo motiva a leer dos horas diarias libros sobre electrónica, software, o cualquier tema que le aclare su permanente deseo de saber y responder a sus interrogantes.

“No tengo un televisor. Las dos horas que una persona se entretiene viendo una novela, yo me las paso leyendo un libro”, comenta el inventor desde su centro de operaciones ubicado en “tierras altas” en Chiriquí.

Al final de sus diarias lecturas, Rodríguez dice con seguridad que es un experto en muchos temas. Allí, en su empresa, todavía hay un anaquel lleno de libros de electrónica, pero la tecnología llegó a sus manos y ahora los lee a través de Kindle, el lector de libros electrónicos portátil de Amazon.

Así aprendí sobre electrónica, software, Paypal, además que hablo francés e inglés, y cuando uno va sumando todas esas cositas llegas a un punto en que la disciplina que se necesita para crear un sismógrafo, por ejemplo, me hace experto y sin tener ninguna competencia en toda Latinoamérica porque no hay personas que abarquen todos los temas”, asegura.

Red sísmica

Debido a sus conocimientos le pidieron que dictara cursos a sismólogos, y en 2006 la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología (Senacyt) le pidió que instalara una red sísmica luego de haberse reportado un enjambre de sismos en el distrito de Boquete.

Abrió una empresa que bautizó con el nombre de OSOP, fabricó sismógrafos que fue perfeccionando paulatinamente y seguía dando clases sobre el tema.

El primer sismógrafo que fabricó le llamó Itamut, como el cerro que está ubicado al oeste de la provincia de Bocas del Toro y que es la tercera elevación más alta de Panamá.

“Los sensores tenían nombres de lugares en Panamá, como Sixaola, y todos se vendían a institutos o a gobiernos de diferentes países a precios de 5 mil ó 7 mil dólares”.

Ángel Rodríguez 

Nace Raspberry Shake

A medida que iban pasando los años iba actualizando los sensores, pero Rodríguez siempre tenía el sueño de hacer un sensor económico, más accesible, personal.

Prescindió de los instrumentos que hacían más costosos un sensor, y creó sensores personales basados en la computadora Raspberry Pi de la Fundación del mismo nombre, los comercializó y participó con esta creación en el Premio Nacional a la Innovación Empresarial realizado anualmente por Senacyt y la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá.

Después de participar en varias ocasiones en diferentes convocatorias, OSOP resultó ganadora del primer lugar de este premio con su sensor personal que bautizó como Raspberry Shake.

El Raspberry Shake es un detector personal de terremotos que consiste en una tarjeta electrónica que trabaja en conjunto con un geófono, que permite detectar las ondas sísmicas propagadas a través de la tierra.

La pequeña placa que tiene el sensor se adhiere a una computadora Raspberry Pi que procesa la información sísmica proveniente del Raspberry Shake para, posteriormente,  proyectarla en un visualizador de ondas sísmicas.

Es un sensor sísmico que cuesta 374 dólares. Los anteriores eran de 5 mil, 7 mil dólares cada uno y que solo adquirían países o institutos. Mientras que el actual lo puede adquirir cualquier persona”, detalla Rodríguez.

En Costa Rica ya ha colocado 100, en El Salvador, 30; en Panamá, hay algunos ubicados en Infoplazas. Autoridades de los centros hospitalarios y del Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc) están evaluando su adquisición.

En el futuro –dice Rodríguez- lo que va a suceder es que si una persona que posee un sensor, y que vive en Puerto Armuelles, por ejemplo, sintió un temblor, podrá enviar el mensaje a otros dueños de sensores en otro lugar y avisarle que en 30 segundos va a temblar. “A ese punto vamos a llegar”, afirma.

Puedes tener el sensor en tu casa o en tu oficina y, si tiembla, el sensor no solo te lo va a marcar sino que te va a permitir ver si llegó a un nivel de intensidad tal, que afecte la infraestructura donde vives o trabajas”, explica.

A Rodríguez le emociona hablar de sus descubrimientos y de las creaciones en las que está trabajando para el futuro; sin embargo,  reconoce que a Panamá le falta mucha educación en esta materia.

A OSOP les cuesta conseguir gente calificada. A diferencia de países como Costa Rica, donde hay un sensor sísmico ubicado en cada estación de bomberos, en Panamá hay muy pocos, sostiene.

“No tenemos la disciplina de poner acelerómetros sísmicos en cada edificio público, que detecten aceleraciones muy por debajo de las aceleraciones de los edificios y que permitan determinar que si hubo un temblor, la infraestructura no se va a ver afectada”, expresa.

Mientras Panamá se sube a la ola de países que adquieren sensores sísmicos personales, a la computadora de Rodríguez siguen llegando solicitudes de todas partes del mundo pidiendo un equipo completo o una parte de éste para armarlos ellos mismos en sus hogares.

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